lunes, 21 de noviembre de 2011

La armonía entre creyentes


 La armonía entre creyentes
Fondo Bíblico: Juan 13:34,35; Romanos 12:9-13; Efesios 4:26-31; 1 Pedro 4:8-10; 1 Juan 3:11,14
Verdad Central: El Cuerpo de Cristo es fortalecido cuando los cristianos viven en armonía.
Texto Áureo: Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. Efesios 4:32
Objetivo
Aprender la importancia de amar y servir a otros, y dedicarnos a cumplir con tal tarea.
Bosquejo
   I. Ámense los unos a los otros.
      A. Un nuevo énfasis en el amor divino
      B. Clave para una vida abundante
   II Ministrando unos a otros
      A. El amor: ¿falso o verdadero?
      B. El ministerio del amor
   III. Vivan en paz
      A. Aborrezcan lo malo
      B. Sigan lo bueno
Introducción
Un obrero cristiano comenzó a trabajar con otros cristianos pensando que no tendría los mismos conflictos que había tenido con gente inconversa. Sin embargo, pronto se desilusionó. Muchas de las características que había observado en los inconversos eran manifiestas en sus compañeros cristianos.
Aun para los cristianos, la armonía interpersonal no viene fácilmente. Cada miembro del Cuerpo de Cristo debe luchar constantemente contra los deseos egoístas que son productos de la naturaleza humana. Los creyentes deben reconocer que son incapaces de vivir en armonía unos con otros. Sin embargo, cuando Cristo es el Señor de estas situaciones, la armonía no sólo es posible, sino llega a ser la norma por la cual los creyentes se conocen.
Comentario Bíblico
   I. Amanse los unos a los otros Juan 13:34,35; 1 Juan 3:11,14
      A. Un nuevo énfasis en el amor divino
El mandamiento de amar no fue totalmente nuevo. La ley estableció que un judío debía amar a su prójimo como a sí mismo (Levítico 19:18). El creyente debe amar a su prójimo (toda persona), pero también debe tenor en mayor interés y amor sincero por otros creyentes. Jesús hizo más que cumplir la ley del Antiguo Testamento. El no sólo amó a su prójimo como a sí mismo, sino que lo amó aun más que a su propia vida. Dio sor vida por cada pecador. En Juan 13:34, el mandamiento que "os améis unos a otros" fue nuevo en que la nueva norma era más alta. Ahora dice, "como yo os he amado", no como "te amas a ti mismo".
El amor que se demuestra según esta norma más alta, prueba al mundo que el creyente es un verdadero discípulo de Jesucristo. El mundo conoce el amor de una madre por su hijo, el amor de un esposo por su esposa, el amor de un patriota a su patria, pero cada uno de estos, por admirable que sea, puede ser egoísta. Pero las demostraciones de amor que le cuestan algo al que las da sin esperar nada a cambio (un verdadero sacrificio), sobresalen porque vienen de un amor especial y divino.
Jesús dio el nuevo mandamiento con el propósito de que el amor abnegado y sacrificado sea lo que distingue a todos sus verdaderos seguidores (Juan 13:35). Así como ellos se aman unos a otros, hasta dar sus propias vidas, se reconocen como discípulos de Aquel que dio su vida en rescate por todos.
      B. Clave para una vida abundante
"Amémonos unos a otros" es el mensaje que los cristianos han escuchado desde el primer día que entraron en el Reino de Dios ("desde el principio", 1 Juan 3:11). "Sed benignos» y "Amémonos unos a otros" (Efesios 4:32; 1 Juan 3:11) son versículos que los niños aprenden desde pequeños. Y aunque los cristianos definen el amor de una manera diferente a como el mundo lo hace, puede ser fácil decir tales palabras sin que realmente signifiquen una diferencia en las relaciones que tenemos con otros cristianos. Podemos hablar del amor, y todavía enojarnos con otros creyentes que no ven las cosas como nosotros.
   Pregunta: ¿Qué quiso decir Juan cuando dijo que el creyente que no ama a su hermano como Cristo amó a la iglesia "permanece en muerte" (1 Juan 3:14)?
Los creyentes no deben buscar sólo "sentirse" salvos, sino que deben procurar que sus vidas muestren la clase de amor que, según las Escrituras, es la evidencia de una genuina salvación. Juan afirma que hemos pasado de muerte a vida si amamos a los hermanos.
Si no amamos a otros creyentes, permanecemos esclavos o muertos espiritualmente. Sin amor, que es el fruto de la salvación, no hemos entrado en la vida que llena y satisface. Eso parece un mensaje duro, pero es lo que dice la Palabra de Dios. El amor no sólo es un buen sentimiento que tenemos por otros creyentes. A veces significa sacrificar derechos y privilegios personales por el beneficio de otros. El amor es la llave que abre la puerta a una nueva vida.
   II. Ministrando unos a otros Romanos 12:9, 10,13; 1 Pedro 4:8-10
      A. El amor: ¿falso o verdadero?
   Pregunta: ¿Cómo puede uno saber si el amor de una persona es sincero o no?
"El amor sea sin fingimiento" (v. 9), les dijo Pablo a los romanos. En los versículos siguientes se nos explica cómo demostrar ese amor.
Por supuesto que no podemos tomar una cinta de medir para ver si estamos demostrando el amor de Cristo a los demás. Si vemos la lista de características que Pablo compartió con los romanos, no debiéramos estar satisfechos a menos que cada día procuremos cumplir con cada una bajo la dirección y con la ayuda del Espíritu Santo. Sólo el amor verdadero que viene de Cristo y es inspirado por El puede revelar que el amor del mundo es falso y no puede satisfacer.
      B. El ministerio del amor
En 1 Pedro 4:8-10, Pedro animó a los creyentes a demostrar amor hacia otros activamente. El amor no es verdadero hasta que ministre a otros. Debemos amar como Cristo nos amó a nosotros y murió por nuestros pecados. Su gran obra por la humanidad fue una gran labor de amor y ministerio. "Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos" (Marcos 10:45). Ese es el ejemplo para nuestro amor.
El amor cubre una multitud de pecados (1 Pedro 4:8). No ignora el pecado; más bien ve las faltas de otros. Pero este mismo amor no mantiene una actitud de crítica. No condena a otros cuando cometen un error. A veces, a un hermano débil en la fe se le acusa de tener malos motivos. "Él quiere tomar el poder en sus manos" o "él me molesta intencionalmente". El amor dice: "Él está tratando de hacer lo mejor posible, pero realmente no sabe lo que es mejor." El amor también puede decir: "Él no quiso ser abusivo, sólo estaba tratando de usar un poco de humor pero le salió mal." El amor busca lo mejor en todos, aun cuando la razón humana sugiere los peores motivos. En verdad cubre una multitud de pecados.
El amor es acogedor, y lo hace voluntaria y generosamente. El ser acogedor es más que invitar a los vecinos o amigos a una cena. Ser verdaderamente acogedor es extender una invitación al forastero y al pobre que no pueden devolver el favor. El amor da abnegadamente, así como Cristo cuando dio su vida por nosotros sin esperar que le devolviéramos el favor. Si el amor se da de mala gana, entonces no es sincero. Ese amor es hipócrita, si es que puede llamarse amor.
El amor que demostramos a otros es un reflejo de lo que Cristo nos ha dado a nosotros (versículo 10). El ministerio es servir y ayudar a otros. Cada creyente puede haber recibido uno o muchos dones que pueden usarse para edificar y bendecir a otros. "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros" (versículo 10). Cualesquiera que sean los dones que la gracia de Dios le ha dado, el creyente debe depender de los recursos y la provisión de Dios para ministrar a otros. Los dones no son para ganancia o gloria personal, sino para edificar el Cuerpo de Cristo en un espíritu de amor.
El amor ministra a otros de acuerdo con "la multiforme gracia" (versículo 10). ¿Qué es "multiforme gracia"? Algunos piensan que "multiforme" significa muchos o multiplicado. Pero como se usa aquí, no se refiere a cantidad o calidad. Más bien es "diversidad". La gracia de Dios, cuando es ministrada a otros por medio de los dones de Dios, es diversa y multifacética. El Espíritu dice por medio de Pedro: "Sean buenos administradores de la gracia y los dones que Dios les ha dado. Permitan que Dios use sus vidas para ministrar a otros por medio de sus dones, y así muestren a otros los muchos aspectos de la maravillosa gracia de Dios. Cuando el amor sincero motiva estos ministerios, no hay límite de lo que Dios puede hacer por medio de nosotros.
   III. Vivan en paz Efesios 4:26-31
      A: Aborrezcan lo malo
Efesios 4:26-31 describe una serie de actitudes y acciones que no deben caracterizar a un creyente. El versículo 26 recalca una emoción que, aunque no es pecado en sí, puede llevar al creyente a pecar. El creyente debe tener mucho cuidado con cómo usa el enojo.
   Pregunta: Si tenemos que esperar hasta que se ponga el sol sobre nuestro enojo, ¿cuánto tiempo tendrán que esperar para deshacerse de su enojo las personas que viven donde el sol no se pone por meses enteros?
Aunque esta pregunta suena un poco rara, debemos buscar la enseñanza fundamental tras las palabras literales del versículo 26. En vez de pensar sobre cuánto tiempo podemos permanecer enojados sin desobedecer las Escrituras, debemos hacer todo lo posible por deshacernos del enojo. Debemos cumplir con esto por nuestro propio bien más que por el beneficio de la persona o cosa con que nos enojamos. El enojo, cuando no tiene ningún control, puede contaminar todo el sistema de uno.
La primera parte del versículo dice que el enojo en sí no es malo. Hay ciertas cosas con las cuales podemos permanecer airados después de que se pone el sol. Son las mismas cosas con las que podemos estar airados sin pecar: la hipocresía, deshonestidad, inmoralidad, las malas acciones, el pecado, etc. Podemos enojarnos contra el pecado, pero no debemos dejar que nuestro celo se degenere y nos haga odiar al pecador. Jesús estaba enojado contra la hipocresía de los fariseos; sin embargo, Él los amó tanto que dio su vida para que ellos pudieran ser salvos si clamaban a Él.
A veces es difícil saber la diferencia entre el enojo que es apropiado y el que es pecado. Si hay rastro de malicia o amargura en el enojo, se vuelve pecado. Debe ser tratado inmediatamente, sin esperar que el sol se ponga.
El versículo 27 identifica al enojo con el desarrollo del pecado. El enojo es muy peligroso, porque muchas veces le da "lugar al diablo" en nuestra vida. El fundamento para la paz en todas nuestras relaciones se pone cuando nosotros prevenimos que Satanás no tome la oportunidad de obrar sus artimañas en nuestra vida.
Los versículos 28-31 amplían más la escena para advertirnos contra toda conducta que Satanás promoverá en la vida de un individuo. El cristiano no debe hurtar (v.28) ni decir palabras corrompidas (v.29). El creyente no debe hacer nada para contristar al Espíritu de Dios (v.30), y esta declaración va seguida de una lista entera de pecados específicos (v.31).
      B. Sigan lo bueno
   Pregunta: ¿Qué es lo que sobresale en Efesios 4:32?
Mientras que los versículos anteriores incluían una acción distinta que se debe seguir, el mayor énfasis de los versículos 26-31 parece ser evitar el pecado. El versículo 32, sin embargo, cambia completamente a lo positivo. Pablo no quería presentar una lista de pecados que hay que evitar. Probablemente nadie vendría a Cristo si un creyente se concretara a anunciar todas las clases de pecado que evita. En cambio, las personas son atraídas a Cristo cuando los cristianos ponen el amor de Dios en acción.
Hacer algo amable no es lo mismo que ser amable. Darle dinero a un mendigo es un acto de bondad, pero puede ser motivado por un sentido de culpabilidad, para aparentar, el orgullo, o para ocultar su propio sentido de opulencia. Preguntarle al mendigo de qué tiene necesidad y darle a sí mismo a través del regalo material es el acto de bondad que importa más.
La bondad que Dios desea viene de un corazón misericordioso y perdonador. Esto es algo que se ve muy poco hoy día. Ya que el hogar, la escuela, el lugar de trabajo y aun la Iglesia se están convergiendo en lugares de conflicto, hace falta gente misericordiosa y amable. Conforme los cristianos cultivan en sí mismos corazones benignos, misericordiosos y perdonadores, pueden deshacerse del conflicto e introducir la paz de Cristo en donde viven y trabajan.
   Aplicación
 Podemos acusar a una iglesia de ser carnal; podemos dar ejemplos de conducta que carece de amor entre creyentes. Pero al final de cuentas, nuestra atención debe enfocarse en nosotros mismos. Al no demostrar el amor de Cristo hacia otros, nos volvemos tan culpables como los demás a quienes estamos culpando. Cuando nosotros como individuos empezamos a cambiar, la Iglesia puede ser todo lo que Dios quiere que sea.
Nosotros no somos capaces de amar así como Cristo nos amó primero. Para poder amar con ese amor abnegado y sacrificado que Cristo tuvo por nosotros cuando fue a la cruz, necesitamos la ayuda del Espíritu Santo. El primer fruto del Espíritu que se menciona en Gálatas 5:22 es el amor. Algunos comentaristas creen que las últimas ocho partes del fruto del Espíritu son simplemente términos que ayudan a definir lo que es el amor genuino. En otras palabras, el fruto del Espíritu es amor. Punto y se acabó. Y si quiere saber si tiene amor, fíjese si tiene lo siguiente: gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.
Finalmente, ¿tiene un corazón que desea ministrar a otros? ¿Sinceramente quiere servir a otros más que a sí mismo? Esa es la obra del Espíritu Santo. Puede vivir en armonía con todos los hijos de Dios.



ES EL COLMO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!


¡Es el Colmo! Dios se ha Ensañado Conmigo

"¡Miren estos malvados! Con toda tranquilidad aumentan sus riquezas. ¡De nada me sirve tener limpio el corazón y limpiarme las manos de toda maldad!" (Salmos 73:12-13).
Ninguno de nosotros desea el sufrimiento. Lo que queremos es escaparnos de él, pero cuando nos toca, podemos decidir entre permitir que nos lleve a un plano más elevado, o volvernos cínicos, amargados y desilusionados.
La noche del martes 10 de Agosto de 1999, unos tres meses después que Darío Arismendi convocara al país para mantener en alto la moral de los secuestrados; en cualquier lugar de las montañas de Colombia, una de las retenidas del fokker 50 de Avianca, una joven de 18 años, salió de su cambuche a mirar las estrellas, su alma atravesaba una sazón especial de dolor, así que terminó gritándole a Dios que no pensaba dirigirle la palabra mientras ella no saliera de esa montaña. Que estaba muy disgustada con él porque no le había puesto cuidado pues le había suplicado y prometido muchas cosas, como rezar durante siete días y hasta le había regalado un día de ñapa, le había dado un plazo bastante largo y todo para nada.
Lezli, así se llama esta joven, terminó diciéndole a Dios que si él estaba muy ocupado en otras cosas más importantes que ella, pues entonces ella también. "¡Es el colmo, Dios se ha ensañado conmigo!", concluyó.
Este simpático reclamo de Lezli es muy humano: Cuando pasamos por una aflicción, es normal preguntarnos: ¿Por qué no despliega el Señor su poder para liberarme? ¡Habría podido impedir este secuestro, esta enfermedad, este duelo, quitar esta dificultad, descargarme de este peso, apartar ésta catástrofe de mi camino o evitar este fracaso!
El grito de Jesús desde la cruz: "Dios mío, ¿Por qué me has desamparado?", personifica esta inquietud de los angustiados: Todos nos hemos preguntado alguna vez: ¿Por qué tenemos que sufrir?
Este es el grito de los pobres abandonados por los ricos; de los inocentes encarcelados; de los ancianos y los bebes abandonados en las aceras; de los niños que deambulan por las calles marginados por sus padres y abandonados por una sociedad indiferente, del cristiano débil abandonado, y hasta despreciado, por sus hermanos mayores.
Cuánta gente reclama con horror, "¿Por qué me has abandonado?": Padres abandonados por sus hijos, mujeres abandonadas por sus maridos y aún Cristo es abandonado por sus discípulos.
A través de las páginas de las Sagradas Escrituras repercute éste "Por qué" de los justos. Job gime porque, según él, claman las almas de los heridos y Dios no pone estorbo. El ve cómo los malvados "Cambian los linderos de los campos... despojan de sus animales a los huérfanos y a las viudas". Job ve cómo estos perversos desplazan a los pobres quienes, "pasan la noche sin nada con que cubrirse, sin nada que los proteja del frío". Ve cómo "El asesino madruga para matar al pobre, y al anochecer se convierte en ladrón". ¿Por qué todo esto?, se pregunta Job.
Al parecer todo el libro de Job es un "Por qué" largo y profundo. ¿Por qué sufre el justo?, ¿Por qué prosperan los malos?, ¿Por qué Dios no interviene?, ¿Por qué esto tiene qué suceder así? Pero Job, "el varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal", no pierde su integridad. No puede comprender, pero tiene la certeza de que al final todo terminará bien. Lo que sus ojos no ven ahora lo verán después. Y así fue, su fe se fortaleció y aquel Dios que él solo "conocía de oídas", se le convirtió en el Dios de su experiencia.
Llegará un día cuando se descubra el misterioso velo del sufrimiento humano y entonces, no seguiremos preguntando "Por qué"; pues ya todo se nos revelará con claridad meridiana.
Pero mientras tanto, ¡Si pudiéramos, como Job, mantenernos íntegros y esperar tan sólo un poco! Entonces, todas las cosas saldrán a la luz. Descubriremos que el dolor cumple lo que promete. El dolor es como una semilla que se siembra en nuestra vida, y como sucede con toda buena semilla, los sabrosos frutos no se hacen esperar. John Maxwel expresó bien esta situación en aquel pensamiento que dice: "un ganador, es tan grande que admite sus errores, tan inteligente que les saca provecho y tan firme que los corrige".
Para reflexionar en familia
1. ¿Se ha trasnochado alguna vez pensando, que personas que han sido deshonestas, tienen mejor posición que usted que procura andar limpiamente?
2. ¿Usted cree que todos los sufrimientos son programados por Dios, o son accidentales, o producto de nuestra siembra o del pecado de otros?
3. ¿Se ha preguntado usted cuál es el origen y objetivo de sus sufrimientos?
"Quien se sienta en el fondo de un pozo a contemplar el cielo,
 lo encontrará pequeño
"

jueves, 3 de noviembre de 2011



COMO CRECER EN LA GRACIA.
Verdad central: Todo cristiano debe crecer en la gracia de Cristo.
Texto áureo: Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (2 Pedro 3:18).
Trasfondo bíblico: 2 Pedro 3:18
Bosquejo:
I. Comprenda lo que es la gracia
A. La gracia definida.
B. La gracia capacita.
II. Acepte la gracia de Dios
A. Gracia revelada
B. Gracia aceptada
III. Use la gracia con prudencia
A. No en vano
B. En el servicio fiel
Objetivo
Saber lo que es la gracia de Dios y resolverse a crecer en la gracia.
Introducción
La concepción de un ser humano es un acontecimiento maravilloso y misterioso. Aunque la raza humana no entiende por completo la maravilla de la concepción, los científicos han descubierto muchos hechos asombrosos respecto a ese don de Dios. El ambiente y la formación influyen en cada persona, pero muchas de las características físicas y algunas de las psicológicas de una persona están determinadas por los códigos genéticos transferidos a un nuevo ser humano en la concepción. El programa genético de los padres se transfiere al niño que no ha nacido aún. Los genes de los padres determinan el color de los ojos, el género y una predisposición de la personalidad, y muchas otras características del nuevo niño.
En el momento de la salvación, Dios convierte a las personas en nuevas criaturas (2 Corintios 5:17). Los cristianos reciben un "programa espiritual" para su vida. Dios conoce la potencialidad en cada cristiano y quiere que cada creyente crezca, siendo más semejante a Cristo cada día. --- '
Esta lección nos ayudará a entender la naturaleza de la gracia de Dios y cómo podemos recibir esa gracia y crecer en ella. Mientras estudiamos la gracia de Dios, pida que el Espíritu Santo le ayude a crecer en esa gracia.
Comentario Bíblico
I. Comprenda lo que es la gracia (Efesios2:8-10)
A. La gracia definida
La gracia de Dios no es algo sin lo cual podamos vivir. No es un lujo, sino una necesidad ineludible si hemos de tener una relación con Dios. En Efesios 2, Pablo nos enseñó con toda claridad el lugar de la gracia en nuestra vida.
En los versículos 1-3, Pablo describió la condición perversa de los que viven sin Cristo. El versículo 4 es el punto decisivo en la descripción que hace Pablo de los seres humanos antes de Cristo y lo que ocurre en la salvación. Gracias al "gran amor" de Dios y a su riqueza en misericordia, Él nos dio vida en Cristo. Esa acción de Dios que nos dio salvación ha llegado a nosotros por la gracia de Dios (v. 5).
Pregunta ¿En qué sentido es la salvación una señal de la gracia de Dios (Efesios 2:8)?
La gracia es un don admirable de Dios; es su misericordia inmerecida. No hay nada que podamos hacer para ganar la gracia de Dios o justificarnos delante de Él. El pecado deformó y debilitó la imagen de Dios en nosotros, y nos volvimos esclavos del pecado (Romanos 6). Como no podíamos llegar hasta Dios, Él, por su gracia, llegó hasta nosotros.
Pregunta ¿Por qué Pablo afirmó que somos salvos mediante la fe?
Se acepta la gracia de Dios mediante la fe. Es un factor fundamental en la salvación. Para ser salvos, debemos creer que Jesucristo murió por nuestros pecados. También debemos llevar una vida de fe cada día para agradar a Dios. Toda la vida de un cristiano se basa en la fe en Dios.
No se puede ganar la gracia de Dios (w. 8,9). La frase "don de Dios" se refiere a la salvación que se nos da gracias a la bondad de Dios. No de puede ganar un regalo. Si se ganara, no sería un regalo, sino una obligación con quien trabajó. Por eso Pablo pone en claro que la salvación no es de "vosotros" y "no por obras, para que nadie se gloríe".
Pregunta ¿De qué manera son los creyentes "hechura" de Dios
La gracia de Dios es evidente en nuestra vida mediante la salvación que ofrece | por medio de Cristo. Cuando quienes nos rodean vean el poder transformador; de Dios en nuestra vida, comprenderán que no hemos hecho esos cambios nosotros mismos. Y mientras seguimos sirviendo a Dios, nuestras obras de bondad para los demás darán una prueba más de la obra transformadora de Dios en nuestra vida.
Las buenas obras deben mostrarse con naturalidad en la vida de su pueblo. Esas obras no nos conceden la misericordia de Dios, pero muestran que hemos aceptado la gracia de Dios mientras nos esforzamos en el nombre de Cristo. ¡Al pueblo de Dios se le llama a una vida de buenas obras (v. 10)!
B. La gracia capacita
El don de salvación de Dios se le presentó a la raza humana por medio de Jesucristo (Tito 2:11). La gracia de Dios está al alcance de todos los que la acepten. Él desea que todos sean salvos. La gracia de Dios por medio de Jesucristo es la única solución al dilema del pecado y de la separación de Dios.
Pero la gracia no es sólo la inmerecida misericordia que da salvación, sino que es lo que permite que llevemos nuestra vida de una forma que sea agradable a Dios.
Pregunta ¿A qué nos enseña la gracia a decirle que no?
La gracia nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos. Nos instruye y capacita para decirle que no al pecado.
La impiedad se refiere a la irreverencia por las cosas de Dios, una elección consciente de no hacer caso de las exigencias de Dios. Los deseos mundanos se refiere a los deseos que caracterizan a quienes no conocen a Dios o no viven para Él.
Pregunta ¿A qué nos enseña la gracia decirle que sí?
La gracia nos hace percatarnos de lo que Dios quiere y nos aconseja que hagamos. No sólo nos enseña las prohibiciones de la vida cristiana, sino que también nos guía a las acciones del vivir para Dios. El vivir con sobriedad alude al dominio de sí mismo. Ese dominio propio es una disciplina interior del pensamiento y de las emociones de modo que nuestra vida muestre la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:2). El vivir rectamente alude a una conducta que sea justa y recta con los demás. El vivir en santidad se refiere a consagrarse a Dios y a glorificarlo en todo lo que hacemos (Colosenses 3:17).
La gracia también nos capacita para que sirvamos a Dios. Pablo el apóstol fue un gran ejemplo de esa gracia capacitadora (1 Corintios 15:9,10). Estaba plenamente consciente de que no era digno de que se le considerara apóstol porque había sido perseguidor de la Iglesia. Pero lo que había procurado destruir ahora la gracia de Dios lo estaba capacitando para edificar.
Pregunta ¿Qué podemos aprender la declaración de Pablo: "Por la gracia de Dios soy lo que soy"?
Es importante permitir que la gracia de Dios obre plenamente en nosotros. Dios nos ha transformado. El ha perdonado y olvidado nuestro pasador Debemos aceptar la obra de gracia en la salvación en la capacitación para que podamos servir No permita que la gracia de Dios que se le concedió sea en vano o sin efecto. Aunque las palabras de Pablo se escribieron para alentar a sus lectores corintios, también él nos aconseja a cada uno de nosotros: "Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano" (1 Corintios 15:58).
II. Acepte la gracia de Dios (Juan 1:16,17)
A. Gracia revelada
Se nos revela la gracia de Dios mediante las bendiciones que recibimos de Él. Eso es cierto no sólo para quienes han recibido su gracia por fe, sino para todas las personas (Juan 1:16). Jesús enseñó acerca de esa gracia, la compasión de Dios, en el Sermón del monte. Él es el "que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos" (Mateo 5:45) No debemos olvidar que toda buena dádiva y todo don perfecto viene de Dios (Santiago 1:17).
Pablo, habiéndoles a los griegos, explicó que Dios ha derramado sus bendiciones sobre todas las personas, "haciendo bien, dándonos lluvias del cielo y tiempos fructíferos, llenando de sustento y de alegría nuestros corazones" (Hechos 14:17). Dios ha revelado su gracia mediante su creación y su cuidado constante de todo lo que ha hecho.
La ley se le dio a Moisés cuando Dios le dio instrucciones respecto a cómo quería que viviera su pueblo del pacto (Juan 1:17). ¡Cuan misericordioso fue ese acto de revelación! Dios, el Creador, en su gran amor a quienes hizo, se da a conocer a sus criaturas.
La ley era buena, pero había un problema: la pecaminosa naturaleza humana. Dios, reconociendo esa debilidad, envió a Jesucristo a condenar el pecado en el hombre pecador y a revelar la gracia y la verdad de Dios (v. 17; véase Romanos 8:1-4). Habiendo aceptado la gracia de Dios, ahora las personas pueden cumplir los justos requisitos de la ley gracias al poder del Espíritu Santo. El Pentecostés es una de las mayores pruebas de la gracia de Dios. El bautismo en el Espíritu Santo nos da poder, poder para ser sus testigos y poder para llevar una vida recta.
B. Gracia aceptada
Imagínese cómo se sentiría si usted descubriera la cura para la más terrible enfermedad que se conozca hoy. Usted brinda gratuitamente esa medicina. Hasta se la lleva a quienes la necesitan. Pero en vez de aceptar con alegría esa cura salvadora, los enfermos la rechazan y mueren.
Dios nos ha provisto de un remedio para el pecado: gracia mediante la sangre preciosa de Cristo. No debemos rechazar su gracia. El rechazarla resultará en la eterna separación de Dios.
Dios ha provisto no solamente la gracia que necesitamos, sino también los medios para alcanzarla. Entre esos medios están las personas capacitadas, la oración y la debilidad.
Efesios 4:7 habla de la gracia que se nos ha dado "conforme a la medida del don de Cristo". Cristo pone siervos llamados y ungidos en la Iglesia para que sirvan al pueblo de Dios. Por medio de estas personas —apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros— Dios puso su gracia a disposición del cuerpo de creyentes. En realidad, Dios usa a todos los cristianos para que sean instrumentos de su gracia para que se edifiquen unos a los otros y edifiquen todo el cuerpo en amor (Efesios 4:11-16).
La oración es otro medio de aceptar la gracia de Dios. Santiago les dice a sus lectores que no habían recibido de Dios porque no le habían pedido (Santiago 4:2). Hebreos nos alienta a que nos acerquemos "confiadamente al trono de la gracia" (Hebreos 4:16). El mismo Jesucristo que obtuvo nuestra salvación mediante su muerte, fue resucitado de los muertos y ha ido al cielo a servir como nuestro sumo sacerdote. Él se compadece de nuestras debilidades y tentaciones. Podemos acudir a Él para alcanzar misericordia, compasión y gracia para nuestras necesidades.
El apóstol Pablo aprendió que la gracia de Dios puede recibirse en la debilidad y en tiempos de necesidad. Para Pablo, era un aguijón en la carne. Aunque no se sabe con certeza cuál era ese problema, hizo que se sintiera débil. Pudiera incluso haber sentido como si eso estorbara su servicio a Dios. Cuando le pidió al Señor que quitara la causa de la debilidad. El Señor le recordó a Pablo que su gracia era suficiente. La gracia capacitadora de Dios que Pablo recibió le ayudó a vencer su debilidad. Pablo llegó a regocijarse en su debilidad en vez de quejarse de su aflicción. Pablo aprendió, como debemos aprender nosotros, que la verdadera fortaleza es Dios obrando en nosotros por su gracia, no por nuestros talentos y aptitudes naturales.
III. Use la gracia con prudencia (2 Corintios 5:20-6:1)
A. No en vano
La gracia de Dios es una bendición prodigiosa. En muchos aspectos eso no tiene sentido. ¿Por qué alguien que amara tanto lo sacrificaría todo por el bien de otro?
Pablo contesta esa pregunta en 2 Corintios 5:20,21. Dios quiere ser nuestro amigo. Quiere librarnos de la esclavitud del pecado y darnos la gloriosa libertad de ser hijos de Dios (Romanos 8:21).
Fue con ese fin que Pablo sirvió como embajador de Cristo. Él era representante de Dios y hacía este llamamiento:
"Reconciliaos con Dios" (v. 20). Los que en Corinto oyeron ese llamado y respondieron a él habían aceptado la misericordia y la gracia de Dios.
Pablo declaró que seguía colaborando con Dios en la exhortación a esos creyentes de que no recibieran "en vano la gracia de Dios" (6:1). La Biblia tiene muchos ejemplos de personas' que han presenciado una obra poderosa de Dios que se han apartado de Dios y han desperdiciado la gracia de Dios.
Pregunta: ¿Cuáles son algunos ejemplos bíblicos de los que han desperdiciado la gracia de Dios?
El primer ejemplo fue Caín. Rechazó la reprensión de Dios después que había ofrecido un sacrificio inaceptable. Judas, a quien se había escogido como apóstol, traicionó a Jesús. Demas, un compañero de Pablo, abandonó el ministerio "amando este mundo" (2 Timoteo 4:10).
Debemos también tener cuidado de confiar en que la gracia de Dios nos mantenga cerca de Dios. El amor a este mundo, el orgullo y la autosuficiencia pueden hacer que desperdiciemos la gracia de Dios. El gran himno de la iglesia, "Sublime gracia", dice: "Su gracia siempre me libró y me guiará feliz."
B. En el servicio fiel
Dios nos da un don (o dones) a cada uno para que nos sirvamos los unos a los otros. Este concepto no sólo se encuentra en la carta de Pedro, sino que es importantísimo para la interpretación paulina de la Iglesia.
No para minimizar la importancia del pastor-maestro o evangelista, pero con demasiada frecuencia tenemos el concepto de que sólo quienes le dedican al ministerio todo el tiempo tienen el don del ministerio. Las listas de los dones en Romanos 12:3-8 y 1 Corintios 12:27-31 desaprueban con toda claridad semejante idea. Cada uno de nosotros ha recibido un don que nos permite ministrar la gracia de Dios mediante el poder de Dios. Pedro nos ordenó que lo usemos para ministrar a "otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios" (1 Pedro 4:10).
La meta de ese ministerio tiene dos aspectos: ayudar a los demás a crecer en la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y darle alabanza y gloria a Dios.
Se cuenta la historia respecto a un trabajo que debía realizarse en la iglesia. Todos pensaban que alguien lo haría, pero nadie lo hizo. Resolvamos usar sabiamente la gracia de Dios sirviéndole fielmente.
Aplicación:
Es impresionante pensar en la grandeza de la gracia de Dios para nosotros. El Creador del universo desea ser nuestro amigo. No es porque haya algo digno en nosotros, sino porque Dios nos creó y nos ama.
No permita que el sentido de culpa impida que usted busque la gracia de Dios. Tal vez sienta que los fracasos pasados lo hacen indigno de recibir su gracia. Pero debe recordar que donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia (Romanos 5:20).
La verdad es que todos éramos indignos de recibir nada de Dios salvo su ira y su enojo. Pero cuando éramos enemigos de Dios, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8). Por eso lo que recibimos de Dios lo recibimos por gracia. ¿Necesita hoy la gracia y la misericordia de Dios? Vaya al trono de la gracia y recuerde que la gracia es las riquezas de Dios a expensas de Cristo.

martes, 11 de octubre de 2011

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CRISTO NO TIENE FRONTERAS CONTRA EL ADVERSARIO.

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La vida según la ley


Fondo bíblico: Deuteronomio 5:16-21; Mateo I 5:21-28; Lucas 12:13-21; Efesios 4:25-29; 6:1-4; 1 Juan 3:10-15
Verdad central: La Ley de Dios nos enseña cómo vivir en relación con otras personas.
Texto áureo: Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré. Hebreos 8:10
Objetivo
Entender las relaciones humanas según los mandamientos de Dios y resolvemos a vivir por ellos.
Bosquejo general
I. Honre a sus padres
   A. El fundamento de la vida
   B. La recompensa de la obediencia
II. La vida es sagrada
   A. Lo sagrado de la vida
   B. La actitud homicida
III. La vida pura
   A. Un pacto sagrado
   B. El espíritu del mandamiento
IV. Practicando la honradez
   A. Una señal de incredulidad
   B. El motivo de la compasión
V. Digan la verdad
   A. El asunto de la integridad
   B. El asunto de la unidad
VI. Evitando la codicia
   A. Un asunto del corazón
   B. Un nivel nuevo de vida
Introducción
En los últimos años se ha visto una preocupación por la degeneración de la moralidad y ética personal en el mundo. Cada área de la sociedad se ha visto afectada por los escándalos de individuos que en su egoísmo no han respetado las leyes civiles o morales. Pregunte a los alumnos si les parece un caso de ingenuidad que los cristianos crean que hay leyes éticas y morales que son eternas y que se aplican a cualquier cultura en el mundo en cualquier momento.
En realidad, tal creencia no refleja ninguna especie de ingenuidad. Las leyes de Dios son constantes. El cristiano que obedece a Dios permanecerá firme a pesar de los cambios de verdades en nuestra sociedad que en un tiempo se consideraban ser constantes. Anime a los alumnos a permanecer fieles a las verdades estudiadas esta semana.
Comentario Bíblico
I. Honre a sus padres (Deuteronomio 5:16; Efesios 6:2,3 71).
   A. El fundamento de la vida
Como estudiamos la semana pasada, los Diez Mandamientos pueden dividirse entre los que tratan de nuestra relación con Dios, y los que tratan de nuestra relación con otras personas. Es importante notar que el mandamiento de honrar a nuestros padres viene en esta segunda parte. Cuando un niño aprende a honrar a sus padres se está preparando para tratar con otras relaciones y formas de autoridad en la vida.
Cada uno de nosotros debe evaluar qué tan bien hemos honrado a nuestros padres. El concepto de "honrar" es permanente, dura toda la vida. No sólo honramos a los padres al ser niños obedientes, sino también como adultos, respetamos y seguimos aplicando su sabiduría donde sea posible.
Pregunta: ¿Qué conexión podrá existir entre las acciones criminales y la tensión en el hogar? Explique esta conexión en vista de este mandamiento.
El mandamiento de honrar a los padres tiene implicaciones para los mismos padres también. Los padres deben vivir piadosamente para que sus hijos puedan beneficiarse de honrarlos como Dios ha ordenado. El padre que cría a su hijo descuidadamente cosechará una vida de angustia. Los hijos que crecen sin dirección adecuada llegarán a ser adultos que son una amenaza a la sociedad.
   B. La recompensa de la obediencia
Cuando los hijos honran a sus padres. Dios les promete darles una recompensa. Mientras que algunos tratan de conectar la obediencia de un hijo a la larga vida, no se especifica qué tan larga será esa vida. Sin embargo, podemos pensar cómo la desobediencia de un hijo o una hija podrá acortar su vida o darle hábitos malos que lo pondrán en peligro cuando sea adulto. Así que, es de gran ayuda a los hijos cuando honran a sus padres y aprenden las reglas de la vida que les darán la seguridad de una vida larga y próspera.
Pablo recalcó bien este mandato. Mientras que asoció una larga vida a esta promesa, es importante notar la frase "para que te vaya bien", Una vez más, la idea básica es el bienestar completo de todo individuo al honrar a sus padres.
II. La vida es sagrada (Deuteronomio 5:17; 1 Juan 3:15)
   A. Lo sagrado de la vida
El mandamiento de no matar especifica sólo el homicidio. No incluye todas las maneras que se puede tomar una vida. Por tal razón este mandamiento no se aplica a los asuntos de justicia (Deuteronomio 17:2-7; 19:11) o guerras (Deuteronomio, capítulos 20 y 21). La palabra matar en este mandamiento se refiere en el Antiguo Testamento al matar en forma premeditada o accidentalmente.
Este mandamiento denuncia que un miembro de la comunidad de los fieles mate por razones personales o inaceptables. En otras palabras,
"No matarás" significa "No cometerás homicidio." Israel debía ser una comunidad en que todos — jóvenes, ancianos, fuertes, débiles, ricos, pobres — podrían vivir en paz sin temerse unos a otros.
   B. La actitud de homicida
Pregunta: ¿De qué maneras violan los cristianos este mandamiento hoy en día?
Las palabras del apóstol reflejan las enseñanzas de Cristo en el Sermón del monte cuando Él habló acerca de la Ley (Mateo 5:21-26). Como vemos en la vida de Caín, el odio que no se controla viene a ser la raíz del homicidio. Jesús no se contentó con discutir lo que constituía el homicidio físico y lo que no constituía el homicidio físico. El se dirigió al fondo del problema para confrontar la actitud.
1 Juan 3:15 clarifica el concepto aun más. Los miembros de la comunidad de los fieles que acepten esta advertencia siempre mostrarán su alta estima por la vida. Asegurarán que las contenciones y las diferencias que conducen al odio (y por último al homicidio) tengan una solución antes que se salgan de control. Los que cometen homicidios muestran gráficamente que la vida de Cristo no mora en ellos. De la misma manera, los que odian, la raíz del homicidio, manifiestan la misma falta de espiritualidad. Los cristianos deben guardarse contra estas actitudes al mantener en todo momento una relación correcta con los demás. Efesios 4:32 lo dice bien: "Perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo."
III. La vida pura (Deuteronomio 5:18; Mateo 5:27,28).
   A. Un pacto sagrado
Tal como se muestra en el quinto mandamiento, la unidad familiar era y es aún uno de los fundamentos principales para la vida de fe. El adulterio es señalado de entre todas las otras formas de inmoralidad sexual porque es una violación de un pacto sagrado. El pacto hecho en el matrimonio es tan sagrado que vino a realizarse como el modelo escogido por Dios de una relación entre El e Israel. Consecuentemente, la infidelidad al cónyuge representaba infidelidad hacia Dios.
   B. El espíritu del mandamiento
Así como en el mandamiento que prohíbe el homicidio. Jesús se dirigió a las actitudes que preceden al hecho de adulterio. Mirar a la mujer como sólo un objeto de gratificación sexual viola no sólo el espíritu del pacto matrimonial, sino el pacto espiritual también. En la comunidad de los fieles, hay que tratar a todos con respeto y pureza.
Es evidente que el mandamiento de Jesús carga con más restricciones que el mandamiento original. Sería inútil tratar de obedecer sus mandamientos por nuestro propio poder humano. Romanos 8:1-10 delínea la transformación que Cristo trae a nuestra vida. La ayuda constante del Espíritu Santo es lo que nos ayuda a vivir para Dios. La pureza sexual de nuestra mente y nuestras acciones será una característica nuestra mientras permitamos que el Espíritu de Dios nos transforme.
IV. Practicando la honradez (Deuteronomio 5:19; Efesios 4:28).
   A. Una señal de incredulidad
El asunto en cuestión no trata simplemente de tomar la propiedad de otra persona ilegalmente. El mandamiento protege a las personas indefensas de la sociedad. Es una acción opresora cuando a una persona se le niegan los derechos y beneficios de la comunidad de la cual es miembro, ya sea por robo o por leyes o estructuras sociales injustas.
Además, el robo viola otros dos aspectos esenciales del pacto. Por razón de la unidad de todos los miembros de la comunidad con Dios a través del pacto, tratar de robar al prójimo es como robar a Dios. Robar al prójimo también demuestra que uno no confía que Dios puede suplir sus necesidades.
   B. El motivo de la compasión
Para el miembro de la comunidad de los fieles, el deseo de robar debe reemplazarse con el deseo de dar. El bienestar de la comunidad cristiana depende de su dedicación a demostrar la compasión de Cristo en formas tangibles.
Pablo exhortó a los efesios a desafiar a los que antes eran ladrones a que hicieran esto mismo. Esto no es idealismo, es sentido común. El que desea dejar su pasado en el olvido, debe ocuparse de buscar alternativas positivas y constructivas. Al trabajar no sólo para proveer sus propias necesidades, sino para proveer por otros también, todas las necesidades del cuerpo de Cristo serán suplidas.
V. Digan la verdad (Deuteronomio 5:20; Efesios 4:25).
   A. El asunto de la integridad
Originalmente este mandamiento tenía que ver específicamente con el asunto de un testigo legal. Según la ley civil judía, un caso podría ser traído contra alguien si había dos o tres testigos (Deuteronomio 19:15). Porque el futuro del acusado dependía del testimonio de los testigos, era imperativo que el testimonio fuera cierto.
Una vez más, el principio tras este mandamiento era uno de los fundamentos del pacto: la fidelidad. El interés egoísta está en el fondo de las acusaciones falsas. Aun si el testimonio falso no tenía éxito en traer el castigo contra tal persona, dichas acusaciones producirían sospechas y dudas sobre el carácter de un hermano de la comunidad de los fíeles. Si el pueblo de Dios va a vivir unido, debe existir la integridad y la honradez en todas las relaciones personales.
   B. El asunto de la unidad
Uno de los mensajes principales de Efesios 4 es que los creyentes deben despojarse de la vida antigua. En cristo nuestra manera de vivir debe cambiar. Esta nueva vida viene como resultado de la obra sobrenatural de Dios en nosotros. Se puede definir en términos de salvación y santificación. Una vez más somos creados a la imagen de Dios, esta vez en justicia y santidad. Y somos renovados constantemente a la imagen de Aquel que nos salvó.
Un resultado práctico de esta creación nueva es que nuestra conversación ahora edifica el Cuerpo de Cristo como parte de nuestro estilo de vida (v. 25). La amargura, las mentiras y los chismes dañan el Cuerpo de Cristo por la razón de que el cuerpo está completamente unido. Un miembro no puede obrar sin afectar a otro. Así que, cada miembro desecha todas estas cosas para traer armonía y amor a los demás (v. 32).
VI. Evitando la codicia Deuteronomio 5:21; Lucas 12:15
   A. Un asunto del corazón
El último mandamiento es diferente de los primeros en que no trata de ninguna acción directa contra el prójimo para causarle daño. Algunos le han dado la interpretación de que esto es un deseo que resulta en cierta acción. Pero esto no debe limitar nuestra vista de las implicaciones que trae este mandamiento a largo plazo. Sin embargo, el contexto inmediato del versículo y el tono general de Deuteronomio sugieren que esto es un resumen adecuado para los mandamientos.
Pregunta: ¿Cómo resume este último mandamiento los seis mandamientos estudiados en esta lección?
El énfasis de este mandato está en una actitud correcta hacia los demás. La raíz de todo mal — el amor al dinero o a la codicia — es una acción contra el prójimo y se caracteriza por el interés egoísta. La naturaleza del pacto era que el individuo debía concentrarse en dos direcciones: verticalmente hacia Dios y horizontalmente hacia la comunidad. Los seis mandamientos en esta lección consideran la forma en que tratamos a los demás. Este mandamiento considera la actitud que debemos tener hacia los demás: honra y respeto.
   B. Un nivel nuevo de vida
Este aspecto del motivo constituyó el énfasis de la enseñanza de Jesús sobre la ley y la ética personal. Jesús dijo en Lucas 12:15 que el mandamiento contra codiciar las posesiones de otro individuo se basa en una pregunta fundamental de la vida:
"¿Cuál es el propósito y la esencia de mi vida?"
El asunto aquí no son las riquezas, sino el propósito y motivo tras lo que buscamos y hacemos. Los ricos como los pobres pueden caer víctimas de la búsqueda de acumular ganancias personales. Sólo en Cristo encontraremos la satisfacción que siempre huye de nosotros cuando tratamos de buscarla en el materialismo.
Nuestras prioridades deben siempre enfocarse en Dios. Al reconocer nuestra completa dependencia de El y nuestra meta principal de disfrutar de una comunión eterna con Él, las metas de esta vida ya no requerirán toda nuestra atención. Más bien, la amonestación de Cristo de ser un siervo a los demás será el énfasis de nuestra vida.
Aplicación
El distintivo de la moralidad bíblica está en fijar el origen del bien y el mal en el corazón humano. No es simplemente cuestión de un sistema legalista de justicia. Al mismo tiempo, la naturaleza única de los Diez Mandamientos indica cómo incorporaron el concepto especial que Dios tiene de la comunidad de los fíeles a través del pueblo de Israel y la Iglesia.
Así como con el pueblo de Israel, debemos permitir que nuestro "éxodo" — nuestra salvación — nos recuerde constantemente nuestra situación común. Todos necesitamos un Salvador compasivo. El resultado práctico de la obra redentora de Dios no es crear un sistema legalista. Dios nos dio estos mandamientos con la intención de proteger a la comunidad de los fieles que fueron librados de la esclavitud del pecado, y para crear un lugar dentro del cual todos pueden vivir en paz y justicia.
Nuestra obediencia a los mandamientos de Dios que nos dicen cómo debemos tratar a las demás personas, refleja directamente nuestra relación con Dios. En las palabras del apóstol Juan: "El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está todavía en tinieblas" (1 Juan 2:9). Un escritor lo resumió así: "Como miembros del Cuerpo de Cristo hemos sido librados del mundo y llamados a separamos de sus lazos. Debemos entregarle al mundo una prueba visible de nuestro llamado, no sólo en nuestra participación en la adoración en la iglesia y en su disciplina, sino también a través de una comunión nueva de vida fraternal."