DOCE
MODOS PARA LEER LA BIBLIA EN GRUPOS[1]
1.-
MEDITACIÓN BÍBLICA EN GRUPO
Este itinerario ha sido
propuesto por el Centro Bíblico «Juan Pablo I», de Vigan, Luzón, al norte de
Filipinas. Adapta los pasos de la Lectio divina al ritmo de un pequeño
grupo, y ofrece un camino sencillo para aplicar la Palabra de Dios a la propia
vida y esta vaya siendo transformada por aquella.
El método nació de la
experiencia de los fundadores de este centro, que se reunían periódicamente y
meditaban juntos la Sagrada Escritura para descubrir en ella la voluntad de
Dios sobre el ministerio bíblico-pastoral que estaban desarrollando.
La experiencia fue tan
fructífera que decidieron ofrecérsela a todos aquellos que posteriormente
participaban en el Seminario Básico de Biblia que impartían en el Centro.
ITINERARIO
El itinerario que sigue
este método de meditación bíblica en grupo es básicamente el de la Lectio
divina en sus tres pasos: lectura, meditación y oración.
Es conveniente que el grupo no
sea muy amplio (de 8 a 10 personas) que todos tengan confianza y respeto mutuo,
y que los haya reunido el interés por escuchar y responder a la Palabra de
Dios. Es cierto que el compartir presupone confianza, pero esta se verá
fortalecida a través del mismo compartir. Esto crea y construye comunidad con
profundidad creciente.
Un miembro del grupo hace de
animador o guía de la reunión. Su tarea no es transmitir conocimientos, sino
guiar al grupo, anunciando los diversos pasos del itinerario e
invitando a leer o compartir, cuando llegue el momento adecuado. No tiene por
qué ser experto en Biblia, pero, si el primer paso quiere hacerse con rigor, es
conveniente que el animador haya preparado previamente el texto que se va a
leer consultando algún comentario al mismo.
Los pasos son los siguientes:
Ambientación
Es muy importante que el
ambiente donde se tiene la reunión sea adecuado. Debe ser un lugar apacible y
acogedor. Que la postura de los participantes sea cómoda y en círculo abierto,
es decir, sin mesa, para que puedan oírse y verse sin dificultad. En medio del
círculo puede colocarse un cirio encendido que recuerde a Cristo, Luz del
mundo, o bien otro símbolo adecuado.
Reunidos los miembros del grupo,
se ponen en la presencia de Dios guardando un momento de silencio, recitando una
frase bíblica («Habla, Señor, que tu siervo escucha»), una invocación al
Espíritu Santo («Ven, Espíritu Santo...»), o cantando una canción. Conseguido
este ambiente de recogimiento, se comienza con el primer paso.
Primer paso: lectura atenta del
texto
Lectura: El animador invita a que cada
uno busque en su Biblia el pasaje que se va a proclamar. Un miembro del grupo
lee en voz alta el fragmento elegido, los demás participan escuchando o
leyendo en silencio. Se dará así el primer encuentro con la «letra muerta».
Silencio: Después de la lectura viene un
momento de silencio (unos cinco minutos). En ese silencio cada uno vuelve sobre
el texto, lo vuelve a leer y lo completa con las notas de su Biblia o lugares
paralelos. Cada uno elige la palabra, la frase o el versículo que más le ha
impresionado del pasaje.
Compartir. Cuando todos han hecho un
estudio personal del pasaje que van a meditar, el animador les invita a
compartir esas palabras, esas frases y esos versículos que a cada cual le han
impresionado. No tienen que dar ninguna explicación, solo mencionar el
versículo con la palabra o la frase. Por ejemplo, si se ha leído el pasaje de
los discípulos de Emaús, uno puede decir: «A mí me han impresionado las
palabras: 'profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y ante el pueblo'
del versículo 19». Otro puede decir: «A mí lo que más me ha llamado la atención
ha sido el versículo 32: '¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el
camino y nos explicaba las Escrituras?'». Este primer compartir tiene la
función de ir preparando el terreno antes de sembrar. También ayuda a fijarnos
bien en el texto, pues a veces, sobre todo cuando se trata de pasajes muy
conocidos, pasan desapercibidos muchos detalles importantes. Al comunicarlo en
voz alta, le estoy ayudando a los otros a caer en la cuenta de la riqueza de
todo el pasaje.
Segundo paso: me dejo interpelar
por el texto
Lectura: Después de que todos hayan
compartido la palabra o la frase elegida, el animador invita a otro miembro del
grupo a leer de nuevo en voz alta el mismo pasaje. Los demás vuelven a
participar en silencio.
Silencio: En este segundo momento se
tienen de nuevo unos minutos de silencio. La «letra muerta» de la Escritura se
convierte ahora en Palabra viva para cada uno. Cada miembro escucha el
mensaje personal de Dios para él. Movido por esta nueva proclamación y por lo
que han aportado los demás miembros del grupo, irá apareciendo en estos
momentos de silencio lo que Dios le quiere transmitir. Una pregunta sencilla
que cada uno puede hacerse es: ¿Qué quieres decirme personalmente tú, Señor,
para mi vida concreta?
Compartir. Después de esos minutos de
silencio, el animador invita a compartir, como antes, lo que cada uno ha
escuchado en el fondo de su corazón. También aquí se trata de compartir la
riqueza sacada de la Palabra de Dios, no de discutir o predicar. Siguiendo con
el ejemplo anterior, uno puede decir: «Jesús sigue siendo para mí un profeta
poderoso...» Otro puede decir: «Desde que participo en estas lecturas de la
Biblia en el grupo mi corazón arde con más fuego y mi fe es más viva...»
Es muy útil, a la hora de
compartir en este segundo paso, emplear solo la primera persona del singular
«yo», «me», «para mí», evitando el impersonal «se» y no esconderse detrás de un
generalizador «nosotros». Cada uno aporta así la parte de riqueza que descubre
en la Palabra de Dios, y entre todos se completa esa riqueza. Como se trata de
exponer los sentimientos personales, no se puede forzar a nadie a que
hable. Comunicar los propios sentimientos ciertamente presupone confianza, y va
creciendo y fortaleciéndose al comunicarse en profundidad con los demás, como
ya hemos dicho.
Tercer paso: la Palabra me exige
una respuesta
Lectura: Después que todos han compartido
lo que la Palabra de Dios le dice a cada uno, el animador invita a otro miembro
del grupo a leer en voz alta el pasaje por tercera vez. Como las veces
anteriores, el resto escucha o lee silenciosamente.
Silencio: De nuevo el grupo hace un
profundo silencio para dar una respuesta a la Palabra. Durante el silencio cada
uno trata de responder a la palabra o frase que le llamó la atención al
principio, o a la invitación que ha percibido escuchando a los demás. Debe
haber verdadera correspondencia entre la Palabra y la respuesta, porque de otra
forma no sería una respuesta. Se responderá expresando confianza, si la Palabra
era una promesa; obediencia, si era un mandato; arrepentimiento, si hasta ahora
no he seguido esa Palabra; o petición de ayuda para seguir la invitación que me
ha hecho Dios...
Compartir. Cuando el animador crea
oportuno, puede invitar, o comenzar él mismo, a expresar en forma de oración o
de un compromiso personal, la respuesta a la Palabra meditada. Siguiendo con el
ejemplo inicial, una respuesta coherente sería: «Me comprometo a seguir
conociendo la Palabra de Dios y a ser constante en estas reuniones».
A lo que se expresa en voz alta, los demás
pueden responder con un «amén», o cualquier otra expresión de apoyo.
Oración o canción final
La reunión puede concluirse muy
bien con una plegaria, un canto en que participen todos, o un salmo que tenga
relación con el texto meditado.
ESQUEMA DEL ITINERARIO
Ambientación
Antes de acercamos al texto
prepararnos nuestro interior para acogerlo como Palabra de Dios. Recitarnos una
oración o cantamos una canción.
Primer paso: Lectura de un
pasaje bíblico (Lectio)
- Lectura. Uno lee en voz
alta. Los demás escuchan.
- Silencio de unos cinco
minutos para releer personalmente, ver las notas de la Biblia y retener el
sentido original del texto.
- Compartir lo que cada
uno ha descubierto y entendido de la lectura.
Segundo paso: Nos dejamos
interpelar por la Palabra (Meditatio)
- Lectura. Por segunda
vez lee uno en voz alta el texto.
- Silencio de nuevo
durante unos cinco minutos para que cada uno se pregunte qué es lo que el Señor
quiere decirle a través de esa lectura.
- Compartir lo que cada
cual ha descubierto en el silencio anterior.
Tercer paso: La Palabra nos
exige una respuesta (Oratio - Actio)
- Lectura. Por tercera
vez se lee en voz alta el mismo pasaje.
- Silencio de otros cinco
minutos, en los que cada uno ora personalmente expresando aquello que la
Escritura le sugiere para decirle a Dios.
- Compartir. Cada uno
puede hacer en voz alta una oración que sea reflejo de la que ha hecho en
silencio. También se comparte en este momento el compromiso que se ha adquirido
durante la reflexión.
Oración o canto final
El encuentro termina con una
oración conocida por todos, un salmo o un canto apropiado.
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
La clave más privilegiada
en este itinerario es la lectura atenta del texto. Cada uno de los tres
pasos comienza con esa lectura, que, poco a poco, va revelando a los
participantes toda la riqueza del pasaje que se va a meditar. En este itinerario
se valora enormemente la lectura del texto en voz alta para dejarlo
resonar en los oídos. De esta manera cala mejor, y además las personas que no
puedan leer, o tengan dificultades con la lectura, pueden participar
plenamente. De esta forma queda resaltado también el aspecto comunitario de la
lectura de la Biblia.
Aunque el texto siga siendo el
mismo, la comprensión de él es más profunda en cada paso. Con cada nueva
lectura del texto, todo lo que se ha compartido se vuelve a escuchar. A través
de la triple lectura se expresa la convicción
de que la fe viene a través de la escucha, y el texto inspirado es más
importante y más significativo que cualquier otra cosa que podarnos decir al
compartir.
Otra ventaja importante, desde
el punto de vista metodológico, es la combinación de momentos de silencio con
otros, en los que se comparte lo descubierto en ellos. Esto ayuda a hablar
únicamente después de haber reflexionado personalmente. Los minutos pasados en
silencio no son un tiempo pasivo, esperando a que se empiece a compartir, sino
momentos de la más profunda actividad personal. Por supuesto que este tiempo
sugerido para el silencio, no tiene que ser medido con el reloj. Los grupos
que se han acostumbrado a este método posiblemente tendrán el primer momento
de silencio mucho más largo que los dos siguientes.
Las cuatro claves que
hemos descubierto en la experiencia de la lectura de la Biblia de los primeros
cristianos están muy presentes en este método. Se parte del texto para llegar a
la vida, la lectura se hace en un clima de fe y en el seno de un grupo, como
representación de la gran comunidad cristiana.
Es un itinerario sencillo
que no requiere una especial preparación ni por parte del animador ni de los
participantes.
Como sugerencia, proponemos que,
en el primer paso, después de la lectura, se formulen unas preguntas que
ayuden a estudiar bien el texto.
En el relato de Emaús, por
ejemplo, podían ser estas:
¿Por qué escribió Lucas este
relato?
¿Qué personajes aparecen? ¿De
qué hablan?
¿Cómo van descubriendo los
dos a Jesús?
Valiéndose de un sencillo
comentario, o de las mismas notas de la Biblia, el animador del grupo puede
llevar preparadas las preguntas para este momento de la reunión.
FICHA
DE LECTURA
MOISÉS,
LIBERTADOR DEL PUEBLO (EX 3,1-12)
Ambientación
Canto: «Oye, Padre,...»
Después del canto hacemos unos
momentos de silencio para acoger la Palabra de Dios.
Primer paso
Lectura. El animador invita a buscar en
la Biblia el texto que se va a proclamar (Libro de Éxodo, capítulo 3, versículos
1 al 12). Cuando todos lo han buscado, uno lo lee despacio y con claridad.
Silencio. Cada uno vuelve a leerlo
despacio en privado y consulta las notas de su Biblia buscando descubrir la
experiencia de fe que ha quedado reflejada en él. Puede servirse de estas preguntas:
- ¿Con qué verbos se describe
lo que nace Moisés?
- ¿Qué le lleva a descubrir la
presencia de Dios?
- ¿Por qué se le manifiesta
Dios?
- ¿Cómo reacciona Moisés ante lo
que le pide el Señor?
Compartir. El animador invita a que todos
comuniquen esa palabra o esa frase que les ha llamado la atención. No hay
comentarios.
Segundo paso
Lectura. De nuevo uno lee despacio Ex
3,1-12.
Silencio. En este silencio me pregunto qué
me quiere decir Dios a mí con este relato. A Moisés lo llamó en el campo, en
medio de sus tareas de pastor, a través de un acontecimiento nada común. Me
pregunto: ¿Cómo me llamó Dios a mí? ¿Qué acontecimiento de mi vida tiene
algo que ver con mi fe y mi compromiso de hoy? ¿Cuál ha sido mi respuesta?
Compartir. Se pone en común la reflexión
personal.
Tercer paso
Lectura. Por tercera vez se lee en voz
alta Ex 3,1-12.
Silencio. Es el momento de responder a la
presencia de Dios en mi vida con una oración, con un compromiso, con un reconocimiento
sincero. Dios sigue estando presente en la historia de mi vida, y en la vida de
los que me rodean. ¿Qué le digo?
Compartir. Lo que le he dicho a Dios en lo
íntimo de mi corazón, se lo comunico ahora a los demás del grupo.
Conclusión
Una vez que han hablado todos,
reconocemos que Dios sigue liberándonos también hoy. Por eso rezamos juntos el
salmo 81 que recuerda y celebra la liberación del pueblo de Egipto.
La Lecture famliére ha sido propuesta
por el Servicio Bíblico Evanglie et Vie de París, con la intención de
ofrecer un sencillo itinerario para realizar de manera concreta la Lectio
divina. El apelativo de familiar debe entenderse precisamente en el
sentido de cercana, accesible, desprovista de las complicaciones propias de una
aproximación erudita a la Palabra de Dios. Una lectura que nos jámiLiarice poco
a poco con la Biblia, más por su sencillez que por la profundidad del estudio.
2.-
LECTURE FAMILIÈRE
Aunque la Lecture famlière se
presenta como un método para leer la Escritura regularmente (a ser posible cada
día), y en consecuencia parece sugerir una lectura en privado; no por eso sus
indicaciones dejan de ser válidas para ser utilizadas en grupos de lectura
bíblica. La aplicación ideal del método prevé, en realidad, la combinación de
la lectura personal con ciertos encuentros periódicos para confrontar con
otros los propios resultados.
ITINERARIO
El itinerario propuesto sigue
los tres primeros pasos de la Lectio divina en su formulación clásica (lectio
- meditatio - oratio) y ofrece pistas sencillas, pero sugerentes, para
orientar la lectura del texto y la meditación.
Primer paso: La lectura
Preparación: Se comienza siempre con una
breve oración de petición o de alabanza para disponernos a realizar una lectura
creyente de la Escritura. Si se prefiere, se puede también empezar leyendo un
salmo, o simplemente haciendo un momento de silencio, que nos ayude a tomar
conciencia de lo que vamos a hacer.
Lo importante es practicar esa
«ruptura» imprescindible con el ritmo de la vida ordinaria que permita a los
participantes ponerse desde el principio a la escucha del mensaje o testimonio
de fe que se va a recibir del texto, ya que es eso lo que en realidad se
busca. Por ejemplo, si vamos a leer el pasaje de Gn 1,1-31 podemos comenzar
leyendo el salmo 8, o con una oración espontánea para pedir al Señor que nos
ayude a descubrir, a través de su Palabra, su presencia en medio de las cosas
creadas por Él.
Primera lectura: Después de esta preparación
leemos el texto elegido, lentamente y, a ser posible, en voz alta (incluso en
el caso de la lectura privada), puesto que ello confiere a la lectura una
dimensión particular que ayuda además a centrar la atención y a facilitar la
comprensión. En este momento hay que dejarse llevar por lo que se lee, sin
detenerse a resolver las dificultades que puedan surgir. Hay que leer hasta el
final sin hacerse preguntas. Por ahora nos centramos solo en el texto bíblico,
haciendo caso omiso de títulos, subtítulos y notas.
Segunda lectura. Después cada uno vuelve a leer
personalmente el texto y luego consulta las notas de la Biblia que se refieren
a él. Aunque este método no pretende en ningún modo equipararse a un estudio de
la Escritura, no está de más que, en este momento, puedan usarse
progresivamente algunos subsidios sencillos que nos ayuden a comprender el
sentido del pasaje leído: mapas, introducciones accesibles, diccionarios
bíblicos básicos... siempre que no empleemos en ello un tiempo desproporcionado,
ni convirtamos la Lecture familière en lo que no quiere ni puede ser:
un estudio erudito. En realidad bastaría disponer de una buena edición de la
Biblia, dotada de introducciones y notas adecuadas que nos ayuden a realizar
este sencillo, pero fundamental, trabajo de «estudio». Puede también dedicarse
un breve espacio de tiempo a memorizar algunas expresiones, palabras, nombres
de personajes o de lugares, pues resultará de gran utilidad y nos servirá para
irnos familiarizando poco a poco con el mundo de la Biblia.
Segundo paso: La meditación
La meditación, que busca sobre
todo comprender el mensaje de fe del texto y aplicarlo a la propia vida, se
realiza en dos pasos sucesivos:
a) Búsqueda del testimonio de
fe
Se trata de buscar el testimonio
o experiencia de fe que se refleja en el pasaje que estamos leyendo, intentando
formular de manera sencilla aquellas convicciones básicas que aparecen en él.
Para ello nos podemos ayudar de las siguientes preguntas:
- ¿Qué me ha impresionado
especialmente de este pasaje?, ¿que palabras?, ¿qué expresiones?
- ¿Cuáles son, en mi opinión, la
experiencia o las convicciones de fe que se expresan en él?
- ¿Qué relación tiene este texto
con algunos de los grandes temas teológicos de la Biblia?, ¿me recuerda en algo
a algún otro texto de la Escritura?
- Si se trata de un texto del
AT, ¿cómo habría Jesús orado con él? ¿qué relación tiene con su predicación?
- Si se trata de un texto del
NT: ¿cómo se expresa en él la fe en Jesucristo, el Señor?
Si, por ejemplo, estamos leyendo
Gn 1,1-31, puede ser que nos sorprenda su solemnidad, la grandiosa sencillez
con la que van apareciendo, a partir del caos originario, todas las cosas ordenada
y armoniosamente, según Dios las va llamando a la existencia con su Palabra.
Seguramente observaremos cómo, después de cada día de la Creación, se repite
como un estribillo la frase: «Y vio Dios que era bueno». Si se insiste tanto en
ello es porque seguramente se quiere recordar algo muy importante: que todo lo
que Dios ha creado es por naturaleza bueno y que, si el mal existe en la
tierra, no es por obra suya. Evidentemente, llamarán nuestra atención los
versículos dedicados a la creación del hombre, porque de él -del varón y de la
mujer- se dicen cosas que no se afirman de ninguna otra criatura. Su dignidad
exclusiva depende de haber sido hecho «a imagen y semejanza de Dios».
No nos será difícil reconocer en
este relato la fe en un Dios Creador de todas las cosas, que ha hecho todo
bueno y ha querido colocar en medio de su obra a un ser con una dignidad y una
responsabilidad muy especiales: el ser humano.
Quizá seamos capaces de recordar
otros pasajes bíblicos que hablan del mismo tema. Si disponemos de una buena
Biblia, esto no será muy difícil pues estos pasajes (que reciben el nombre de
textos paralelos) suelen estar indicados junto al pasaje que se lee. En nuestro
caso, por ejemplo, podemos recordar los salmos 8 ó 114.
En este caso, nos resultará algo
difícil poner en relación el tema de la Creación con la predicación y la vida
de Jesús, puesto que no es algo que aparezca explícitamente en sus palabras.
Alguien, en cambio, podría recordar algunas de sus parábolas, puesto que
presuponen una capacidad asombrosa de contemplación de la obra creadora de
Dios. Por ejemplo Mt 13,31-32, o las palabras de Jesús sobre Dios que gobierna
el curso del sol y de las lluvias (Mt 5,43-48).
b) Apropiación del testimonio
de fe
En este momento es necesario
hacer nuestro, personal o grupalmente, el mensaje del texto, tratando de ver lo
que puede aportar a la propia experiencia de fe para enriquecerla. Podemos
servirnos de algunas preguntas orientadoras:
- ¿Hay en el texto palabras,
imágenes, personajes que puedan ayudarme a expresar mis propias convicciones
de fe, aquello que para mí es una Buena Noticia?
- ¿De qué modo este texto me
invita a vivir hoy la fe con más dinamismo?
En un mundo donde el equilibrio
ecológico está constantemente amenazado, y donde en muchos va creciendo la
sensibilidad por conservar el patrimonio natural, la lectura de este pasaje
debería despertar en los creyentes sentimientos de admiración y responsabilidad
por algo tan valioso en sí mismo como es la obra de la Creación. Al recordar
que Dios lo ha hecho todo bueno y lo ha puesto al servicio del hombre, no para
que lo destruya, sino para que lo administre responsablemente, somos invitados
a comprometernos desde nuestra fe en la defensa del medio ambiente. Que el ser
humano deba «dominar» la Creación, según se lee en Gn 1,28 no puede entenderse
nunca como un derecho a aniquilarla pues eso supondría anular la obra de Dios
sino como el deber de usar de eÚa con moderación y responsabilidad.
Desde otro punto de vista es una
«Buena Noticia» reconocer, como se afirma en Gn 1,27, que al crear Dios al ser
humano «a su imagen y semejanza» lo creo como «varón y mujer», lo que nos
recuerda la radical igualdad de los dos sexos ante los ojos del Creador. No
podemos por tanto defender desde la fe posiciones sexistas o machistas de
ningún tipo.
Tercer paso: La oración
Se termina con una oración,
retomando las palabras, las imágenes o las expresiones que hayan atraído más
la atención de cada uno. Siguiendo con nuestro ejemplo, podríamos acabar dando
gracias al Dios Creador por su obra, o alabándolo al reconocer su presencia en
medio de las cosas, haciendo un esfuerzo por inspirar nuestra oración en el
mismo texto de la Biblia:
Gracias, Señor, porque todo lo
que Tú has creado es bueno. Despierta en nosotros la capacidad de admiramos
ante tanta belleza. Ayúdanos a utilizar lo que Tú nos has entregado para
beneficiarnos de ello, sin amenazar ni destruir tu obra.
Si la oración se realiza en
grupo puede acabarse recitando todos juntos una oración común o un salmo
apropiado.
ESQUEMA DEL ITINERARIO
Primer paso: La lectura
- Breve oración para ambientar
la lectura.
- Lectura por primera vez:
seguida, sin detenerse en preguntas.
- Lectura por segunda vez:
consultar las notas de la Biblia. Sencillo estudio del texto.
Segundo paso: La meditación
- Buscar el testimonio de fe del texto: ¿Qué
convicciones de fe se expresan en él?
- Apropiarse del testimonio de
fe en la propia vida: ¿Cómo puede ayudarme este pasaje a vivir y expresar mi
propia fe?
Tercer paso: La oración
- Expresar, a partir del mismo pasaje leído y
meditado, la propia oración.
- Recitar todos juntos una
oración o un salmo apropiado.
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
La Lecture familière proporciona
un itinerario muy básico para acercarse a la Biblia desde una perspectiva
creyente. Dentro de su sencillez, resulta ciertamente equilibrado, pues tiene
en cuenta los diferentes aspectos de lo que debe ser una lectura de este tipo.
Pretende sobre todo explicitar la experiencia de fe que está detrás de los
textos, para aplicarla después a la propia vida.
De hecho, el proceso de lectura
debe comenzar y acabar siempre con la oración. Se facilitan para ello una serie
de sugerencias y orientaciones accesibles a una variedad de personas muy
amplia, puesto que no se requiere un gran bagaje cultural ni conocimientos
bíblicos especializados.
Si bien la dimensión comunitaria no está
suficientemente explicitada, el itinerario es perfectamente adaptable a grupos
de lectura de la Biblia. Basta con formular las preguntas del segundo paso en
primera persona del plural.
Se recomienda en todo caso que
el método se utilice con flexibilidad y libertad. No hay por qué someterse
siempre a una misma manera de hacerlo. La experiencia misma nos sugerirá
cambiar algunas cosas, usar otros recursos, formular otras preguntas para cada
uno de los pasos... y así se irá mejorando con el mismo uso.
En ningún caso este tipo de
lectura debe convertirse en una carga, sino más bien en un gozo. Los comienzos
pueden resultar difíciles, especialmente para personas poco acostumbradas a
manejar la Biblia. El apoyo de un grupo será siempre de gran ayuda para que el
esfuerzo necesario de la voluntad se haga más llevadero.
Para evitar lecturas demasiado
ingenuas, no estaría de más proporcionar a las personas que practican este
método de lectura una introducción básica al mundo de la Biblia que les ayude
a caer en la cuenta de algunos peligros, y fortalezca en ellas ciertas
convicciones fundamentales, que deben acompañar a todo proceso de lectura
creyente de la Escritura.
Por eso mismo, aquellos que
quieran profundizar más en el estudio de la Biblia, o se acerquen a ella con
una «curiosidad intelectual», encontrarán demasiado elementales las sugerencias
de este itinerario que, aunque se apoya en un trabajo de profundización
básico, no desea ni debe transformarse en un estudio erudito de la Escritura.
FICHA
DE LECTURA
«¿CÓMO
VOY A ENTENDERLO SI NADIE ME LO EXPLICA?» (Hch 8,26-39)
Primer paso: La lectura
Comenzamos con una breve oración
en la que pedimos al Señor que nos permita hacer una lectura creyente de su
Palabra; que nos abra el corazón para acoger la experiencia de fe con la que
nos vamos a encontrar en este pasaje del libro de Hechos de los Apóstoles.
Después de un momento de
silencio, un miembro del grupo lee despacio Hch 8,26-39. En esta primera
lectura nos dejamos llevar por lo leemos, sin hacernos preguntas ni detenernos
en las dificultades.
Luego, cada uno vuelve a leer
personalmente el pasaje consultando las notas de su Biblia.
Segundo paso: La meditación
a) Búsqueda del testimonio de
fe
Para buscar el mensaje de fe que
contiene el pasaje podemos preguntarnos:
- ¿Qué te llama la atención
en este episodio? Piensa en los personajes, en lo que hacen y dicen, en
las expresiones y palabras que se usan...
- ¿Cómo llega el etíope a la
fe? ¿cómo le ayuda Felipe? ¿qué papel ocupa la Escritura en todo este proceso?
- ¿Te recuerda este pasaje a
algún otro texto bíblico? (lee, por ejemplo Lc 24,13-35)
- ¿Qué aspecto fundamental de la
fe en Jesús queda reflejado en este texto?
b) Apropiación del testimonio
de fe
Buscamos el mensaje que este
texto tiene para nosotros hoy:
- ¿Qué encuentro en este
pasaje (palabras, imágenes, personajes...) que me ayude a expresar mi propia
experiencia de fe?
- ¿Cuál es mi experiencia de
lectura de la Biblia? ¿He encontrado alguien que me ayude a comprenderla?
- ¿Hay algo en este episodio que
me anime a vivir mi propia fe con más ilusión y dinamismo?
Tercer paso: La oración
Terminamos con una oración en la
que podemos retomar las mismas palabras, expresiones o imágenes del texto para
presentar nuestra plegaria ante el Señor.
3.-
LECTURA COMUNITARIA
El presente itinerario ha
sido propuesto por el Equipo Ecuménico de Animación Bíblica de la Suiza
Francófona. Se ideó para la celebración de un domingo bíblico (dentro o fuera
de la Eucaristía), con el objeto de despertar en la comunidad parroquial un
interés por la Biblia. No obstante puede practicarse también en otros
contextos.
En su origen tuvo una clara
dimensión ecuménica, pues al mismo tiempo que el equipo presentaba esta forma
de acercarse a la Palabra de Dios en las parroquias católicas, lo llevaba a
cabo en las comunidades evangélicas.
Este itinerario puede
realizarse de dos maneras:
a) Si se quiere dedicar todo el
tiempo disponible al pasaje elegido, puede servir para un grupo que se reúna
periódicamente en torno a la Palabra de Dios.
b) Pero puede ocurrir también
que no todo el tiempo esté disponible para la lectura bíblica (como en una
celebración litúrgica o sacramental). En este caso, el pasaje elegido puede
ser más breve y los grupos, dentro de la asamblea, más reducidos.
Nos encontramos, pues, con un itinerario
flexible: sobre un fondo común, se puede aplicar a distintas situaciones,
según el objetivo y las necesidades de cada movimiento bíblico.
Se dirige a toda persona adulta
que acepte entrar en diálogo con la Palabra de Dios, esté dispuesta a dejarse
interpelar por ella y a trabajar en grupo los pasajes bíblicos.
Los objetivos de este itinerario,
brevemente expuestos, son dos:
- Establecer un diálogo entre
Palabra de Dios y vida.
- Redescubrir la dimensión
comunitaria y universal de la Palabra.
El Equipo Ecuménico de Animación
Bíblica propone, para llevarlo adelante, la formación de un equipo de animación
que tenga como objetivo responsabilizarse de la preparación, ejecución y
evaluación del proyecto.
Si se realiza con una asamblea
numerosa, incluyendo una celebración litúrgica, sería conveniente que la
persona que presidirá la celebración esté presente en la preparación.
ITINERARIO
Este itinerario consta de
cuatro etapas: proyección, análisis, apropiación y celebración. Parte
de la vida para volver a ella tras una reflexión sobre el texto bíblico. Al
final, la reflexión se convierte en oración. Estos cuatro pasos aparecen
claramente señalados en un folleto-guía que se reparte a los participantes al
comienzo de la sesión.
Para iniciarla, el animador
señala a grandes rasgos las cuatro etapas de que consta el itinerario y
lo que se pretende en cada una de ellas, de modo que los participantes tengan
una visión global de lo que van a hacer.
Primera etapa: Proyección
Se parte del presupuesto de que
nadie se acerca a la Biblia con las manos vacías. Vamos hacia ella con nuestra
historia personal, las experiencias de la vida, las preocupaciones del momento.
Por tanto, se trata aquí de tomar conciencia de nuestra situación vital para
luego acoger lo que el pasaje dice.
En esta primera etapa se puede
partir:
- De una imagen (una
diapositiva, una estampa...), que tenga relación con el pasaje bíblico.
A partir de ella se formulan una
o dos preguntas, que ayuden a situar nuestra vida frente al texto elegido. Por
ejemplo, ante una imagen que represente el saludo de María a Isabel: ¿Cuál
es el saludo más habitual hacia nuestros parientes y vecinos? El impacto
de la imagen permite romper fácilmente el hielo y poner en juego dimensiones
de la persona normalmente poco utilizadas:
emociones, sentimientos,
sensibilidad...
- También puede partirse de una
pregunta. Por ejemplo, ante el pasaje de la Samaritana (Jn 4,1-42): ¿De qué
tiene sed la gente con la que te relacionas diariamente? Y tú, ¿de qué tienes
sed?
La dinámica a seguir en esta primera fase es
sencilla:
- Presentación por parte del
animador.
- Momentos de reflexión
personal.
- Intercambio en pequeños
grupos.
- Proclamación del pasaje
bíblico.
Una vez que el animador ha
planteado la pregunta inicial, partiendo o no de la imagen, se dejan unos
momentos de reflexión personal. El objetivo es que cada uno piense qué
experiencia va a compartir con el grupo como respuesta a la pregunta
formulada. Seguidamente se pasa a los pequeños grupos (cuatro o cinco personas
próximas) para compartir la experiencia evocada por la imagen y/o la pregunta.
Después del intercambio en
pequeños grupos, se pasa a la proclamación del pasaje escogido (si es asamblea
litúrgica, sería conveniente que la proclamación se hiciera en común, para
todos los grupos a la vez).
Es muy conveniente que cada
pequeño grupo (tanto si el itinerario se realiza en una celebración litúrgica
como si no), cuente con un animador. Su función es la de coordinar, motivar a
la participación, evitar que algunos integrantes de los grupos hablen demasiado
y que otros no puedan intervenir, orientar el diálogo evitando la dispersión,
etc.
Sería deseable también contar
con alguien que anote las ideas que surjan, para el momento de la puesta en
común en el gran grupo. Esta etapa tendrá una duración aproximada de 10
minutos.
Segunda etapa: Análisis
En esta etapa el grupo entra en
el mundo del relato bíblico, un mundo distante por el tiempo y la cultura.
Acercándose a él busca descubrir qué sentido tenía ese pasaje para sus primeros
destinatarios.
Las preguntas que se formulan
están en el folleto-guía que se ha distribuido a los participantes al comienzo
de la reunión y pretenden alcanzar dos objetivos respecto al texto:
- Observación: Se trata
de «mirar» el texto para descubrir lo que dice. Puede ayudar el subrayar
ciertas palabras o expresiones, fijarse en los personajes...
- Comprensión: Se
pretende descubrir qué quería decir el pasaje a los primeros destinatarios. Es
conveniente que el monitor lea las preguntas de esta y de todas las etapas en
voz alta para los participantes del grupo.
Las preguntas han de estar muy
bien formuladas, de modo que ayuden a penetrar en lo más significativo del
pasaje, dejando de lado lo secundario. Incluso si hay en el pasaje varios puntos
de interés, y estamos en una celebración litúrgica, se puede dividir la
asamblea en dos o tres grandes grupos, de modo que cada uno estudie un aspecto.
Lo importante no es abarcar y correr el riesgo de dispersarse, sino centrarse y
sacar, con claridad, una idea que luego llevaremos a nuestra vida.
Por ejemplo, si hemos elegido el
pasaje de la Samaritana (Jn 4,4-42), podrían proponerse algunas de estas
preguntas:
¿Qué personajes intervienen
en el diálogo?
¿Dónde ocurre este diálogo?
¿De qué hablan Jesús y la
Samaritana?
¿Entiende la mujer a Jesús?
¿Cómo reacciona Jesús?
¿Quién tiene sed
verdaderamente, Jesús o la Samaritana?
En este momento el animador es
clave, porque ha de ser él quien ayude a que el sentido del texto vaya brotando
del grupo. Ha de procurar que todos participen; y evitar que el grupo se desvie
por caminos secundarios. Para ello debe reorientar si es necesario con sus
sugerencias, y plantear las preguntas adecuadas...
Hay tres momentos en el
desarrollo de esta etapa de análisis:
- El animador presenta esta
etapa a los participantes, precisando que lo importante es saber qué dice el
texto, y que para descubrirlo pueden servirse de las preguntas del
folleto-guía, leyéndolas a continuación pausadamente.
- Momentos de silencio para el
trabajo personal de los participantes: releer el texto, observarlo,
comprenderlo a partir de las preguntas formuladas sobre él.
- En el grupo se comparte lo
reflexionado.
Esto se realiza en pequeños
grupos, pero si el itinerario se realiza durante una celebración litúrgica,
esta etapa puede sustituirse por una homilía en la que se explique el texto,
siguiendo estos mismo pasos. El tiempo estimado de duración sería de unos 20
minutos.
Tercera etapa: Interpretación-Apropiación
En esta tercera etapa se lee el
texto como Palabra de Dios que interpela nuestra existencia individual y
comunitaria hoy.
El animador del grupo (o el
presidente de la asamblea) explica brevemente qué se pretende con este tercer
paso: descubrir qué me dice a mi personalmente, y que nos dice el texto aquí y
ahora.
Las preguntas del folleto-guía orientarán el
diálogo en torno a estas dos claves:
- Confrontación: Trata de
descubrir el mensaje de la Palabra de Dios para nosotros hoy. Por ejemplo, si
hemos elegido la opción de la imagen, se puede volver a ella para completarla
con lo descubierto en el estudio del pasaje: El cuadro está inacabado.
Tienes que actualizarlo. A partir de la reflexión del texto, ¿qué añadirías? Si
en lugar de imagen hemos iniciado el itinerario con una pregunta, ahora
haríamos otra, que, desde el texto, vaya orientada a la vida. Siguiendo con el
pasaje de la Samaritana, que proponíamos al comienzo: ¿Experimentas a Jesús
como el agua viva que calma tu sed?
- Compromiso: No solo hay que reflexionar,
sino también dejar actuar al corazón, llevando lo descubierto hasta la acción,
adquiriendo algún compromiso concreto: El pasaje reflexionado, ¿nos exige
algún propósito, algún compromiso concreto para la vida?
Después de las etapas de Proyección,
Análisis e Interpretación-Apropiación puede haber o no una vuelta
al gran grupo, que consistiría simplemente en comunicar las principales
conclusiones a que se ha llegado. Si se trata de una asamblea litúrgica, se
puede pedir que algunos secretarios de los pequeños grupos salgan a ofrecer los
resultados de su reflexión. Esta etapa puede durar unos 20 minutos.
Cuarto paso: Celebración-oración
El gran grupo se dirige al Señor
de modo espontáneo, o con alguna oración del folleto repartido al comienzo y
recitada por todos.
Si este itinerario ha sido
desarrollado en el transcurso de una liturgia, pueden hacerse preces
espontáneas. La duración estimada es de unos 10 minutos.
ESQUEMA DEL ITINERARIO
Proyección
- Presentación del animador
- Momentos de reflexión personal
- Intercambio en pequeños grupos
- Proclamación del texto bíblico
Análisis
- Presentación del animador
- Momentos de reflexión personal
- Puesta en común en pequeños
grupos
Interpretación-Apropiación
- Presentación del animador
- Momentos de reflexión personal
- Puesta en común en el pequeño
grupo
- Puesta en común al gran grupo
Celebración-Oración
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Este tipo de lectura permite
hacer la experiencia del encuentro con la Palabra de Dios, y no simplemente
escuchar en una exposición la lectura y la experiencia que otro tiene del
pasaje bíblico. Está destinada a toda clase de público, pero si es un grupo ya
iniciado, pueden plantearse preguntas más comprometedoras, tanto a nivel del
texto como de la vida. Si se utiliza en una Eucaristía dominical, dependerá de
las características y grado de formación del grupo humano al que vaya dedicado.
Aunque están presentes todas las
claves de la lectura cristiana de la Biblia, este itinerario valora
especialmente la referencia a la vida y la dimensión comunitaria de esta
lectura.
Comienza haciendo presente la
situación vital de cada uno de los participantes y, tras la lectura del texto,
vuelve a la vida para que pueda ser interpretada por él. Desde esta referencia
inicial a la vida, el método es capaz de hacer participar a la gente. No
comienza con conocimientos de tipo intelectual (que no todos poseen), sino por
la experiencia de vida, algo que todos llevamos dentro y de lo que todos
podemos hablar. En este sentido, da unidad al grupo desde la base.
Por otro lado, conjuga la
reflexión personal y la participación de la propia reflexión con la comunidad.
Es muy enriquecedora la integración del trabajo de los grupos pequeños en el
gran grupo.
Aun destacando los dos aspectos arriba
señalados, este método de lectura no olvida el estudio del texto y la
dimensión de fe.
Esta forma de leer la Biblia
pretende no manipular el texto bíblico. Da importancia al aspecto teológico,
buscando descubrir el mensaje para el Pueblo de Dios en su situación histórica
concreta, prestando atención a cómo se revela Dios y cómo el pueblo asume sus
compromisos... No es propio de este método un estudio frío y aséptico, y sí, en
cambio, un estudio que hace referencia explícita a la experiencia de fe que
transmite, sin ser por eso menos objetivo.
La dimensión creyente está en el
horizonte de todo el itinerario, aunque se hace más explícita en el
momento final, en la celebración-oración.
La duración estimada que hemos
señalado en cada una de las etapas es solamente orientativa. Si este itinerario
de lectura se ha llevado a cabo en una celebración eucarística, no pueden
dedicarse 60 minutos a la reflexión de la Palabra. En ese caso los grupos
deberán ser más pequeños y la duración menor.
Es conveniente la constitución
de un equipo de animación que no tiene por qué estar formado únicamente por
especialistas. Sí es importante la presencia en él de una persona preparada
en Biblia. Su función se entiende como servicio a la Palabra de Dios: recoge
las informaciones y datos que permitan al grupo comprender el texto bíblico. Es
tarea de este equipo la preparación de materiales y la evaluación final del
método.
La tarea del animador es
fundamental. No basta que sepa mucho. Es necesario saber cómo hacer que brote
lo esencial, cómo conducir a la asamblea hacia lo que es fundamental. Por
tanto, se le piden conocimientos bíblicos y cierta pedagogía para llevar el
diálogo y animar la asamblea.
FICHA
DE LECTURA
«¿QUÉ
QUIERES QUE HAGA POR TI?» (Lc 18,35-43)
Proyección
En este primer momento se trata
de ser conscientes de situaciones que experimentamos en la vida, para luego
relacionar la propia vida con lo que el pasaje dice.
A veces el mejor modo de
expresar lo que llevamos dentro es un abrazo, una lágrima, una carcajada, un
grito.
¿Recuerdas alguna ocasión en
la que manifestaste lo que llevabas dentro por medio de un grito?
Comunica tu experiencia al
grupo.
Una vez Jesús, camino de Jericó,
se encontró con un ciego. Su forma de hacerse presente a Jesús fue gritando:
«Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí». Vamos a escuchar el relato.
- Proclamación de Lc 18,35-43.
Análisis
Buscamos descubrir en esta etapa
lo que el texto dice.
Cada uno vuelve a leer el pasaje
despacio, leyendo las notas de su Biblia. Después, entre todos, tratamos de
responder a estas preguntas:
- ¿Cuál es la situación del
ciego antes de hablar con Jesús?
- ¿Y después? ¿Qué ha cambiado
en él? ¿Por qué?
- ¿Cómo responde la gente al
grito del ciego? ¿Y Jesús?
Interpretación-Apropiación
La Palabra de Dios interpela hoy
nuestra existencia individual y comunitaria. Por eso en este momento se trata
de ver qué nos dice el pasaje del ciego.
- ¿Qué respondemos nosotros a
la pregunta de Jesús: «Qué quieres que haga por ti»?
- ¿Qué grita la gente de hoy?
Compartirnos con el grupo
nuestras reflexiones.
Oración: Sal 30(29),2-4.11-13
Yo te alabo, Señor, porque me
has librado,
no has dejado que mis enemigos
se rían de mí.
Señor, Dios mío, a ti grité y me
sanaste;
Tú, Señor, me libraste del
abismo,
me reanimaste cuando estaba a
punto de morir.
Tú cambiaste mi luto en danzas,
me quitaste el sayal y me
vestiste de fiesta;
por eso te canto sin descanso:
Señor, Dios mío, te daré gracias
por siempre.
4.-
MÉTODO DE KIGALI
Este método encontró su forma
definitiva en 1987, durante un encuentro nacional de catequistas celebrado en
Kigali (Rwanda), ciudad de donde toma su nombre.
Fue creado para favorecer la
lectura de la Biblia en grupos de catequistas. Se experimentó y elaboró
progresivamente a lo largo de varios de sus encuentros. Está pensado principalmente
para la lectura y reflexión de los textos narrativos del Nuevo Testamento (Evangelios
y Hechos de los Apóstoles). En un principio se utilizó para captar y
actualizar la experiencia de fe de la primera comunidad cristiana, recogida en
esos libros. No obstante, también puede utilizarse para otros libros del Nuevo
o del Antiguo Testamento.
Como veremos al explicar los
pasos de que consta, presta mucha atención al texto. No basta con una lectura
superficial. Hay que adentrarse en el pasaje bíblico elegido, buscar y observar
con atención todos los detalles. Él nos irá guiando hacia la experiencia de fe
que está presente en el relato.
Entramos en contacto con el
pasaje cuando lo leemos o escuchamos. Pero después hay que recorrerlo
detenidamente de principio a fin. Al conocerlo mejor, dejará su huella. También
se puede recurrir a las informaciones de los expertos, que enriquecerán las
primeras impresiones. Después de todo ese recorrido será más sencillo encontrar
el sentido que el pasaje tiene para nosotros hoy.
ITINERARIO
Este método propone un
itinerario en cinco pasos, que se abren con una ambientación y se cierran con
una conclusión.
Ambientación
Para poder escuchar la Palabra
de Dios adecuadamente, se comienza con un momento de silencio, una oración o un
canto que invite a la escucha atenta de la Palabra.
Primer paso: Primer contacto con
el pasaje
Una vez que se ha creado el
clima propicio para la escucha, un miembro del grupo lee en voz alta y clara el
pasaje elegido para la reunión.
Después de unos segundos de
silencio, se lee por segunda vez el mismo pasaje. Aunque cada uno tenga su
Biblia, es muy necesaria esta repetición, ya que así queda más patente el
sentido comunitario de la lectura y el relieve que se da a la escucha
respetuosa de la Palabra.
A continuación cada uno
manifiesta sus impresiones: lo que le gusta o le gusta menos, lo que le
sorprende, lo que le disgusta, lo que llama su atención...
Si tomamos, por ejemplo, la
resurrección del hijo de la viuda de Naín (Lc 7,11-17), a uno le puede llamar
la atención el hecho de que Jesús, al ver a la viuda llorando, se compadezca de
ella; a otro le gusta que Jesús, sin que se lo pida nadie, resucite a ese
joven; o le sorprende que Jesús no tenga reparo en tocar el féretro...
Segundo paso: Observar el pasaje
Es necesario tener una actitud
receptiva ante el pasaje que leemos y aceptarlo como es. No es un espejo que me
devuelve mi imagen, o lo que me gustaría ver en él. Hay que fijarse bien en la
letra. El texto es el centro de mi observación y de mi aprendizaje. Que no haya
que decir a media reunión: «¡Ah, yo creí que decía...!». Por eso, antes de
sacar conclusiones precipitadas y puramente subjetivas, lo observamos con
detalle.
He aquí algunos recursos para
facilitar esta observación:
- Localizar los lugares que son
nombrados: ¿dónde se desarrolla la acción (en casa, en el templo, en el
campo, etc.)?
- Descubrir los personajes y sus relaciones: ¿quién
parece ser el personaje principal?, ¿qué dice?, ¿qué hace?, ¿quién está con
él?, ¿quién está contra él?
- Agrupar las palabras del pasaje que son de la
misma familia y que se refieren al mismo tema. Si nos fijamos, por ejemplo, en
la resurrección del hijo de la viuda de Naín encontramos estos verbos de
movimiento: «se marchó», «se encontraron», «llevaban», «acercándose», «se
pararon», «levántate».
- Mirar con mucha atención el
principio y el final del pasaje: qué ocurre, qué transformación se da entre el
principio y el fin. En ese mismo ejemplo la transformación es bien notoria:
muerte-vida, silencio-alabanza...
Tercer paso: Aprovechar las
informaciones sobre el pasaje
Las informaciones dadas por los
expertos pueden aclarar el pasaje, evitando caer en fáciles subjetivismos o
errores de apreciación. Leyendo las notas de la Biblia y otros pasajes
paralelos, hay que tratar de descubrir el género literario, la referencia a
otros textos y la significación de las palabras cuando fueron escritas. También
es útil servirse de un comentario o de un diccionario bíblicos.
Este tercer paso pretende
servimos de apoyo en nuestro conocimiento del pasaje para su mejor comprensión.
Siguiendo con el ejemplo del milagro que narra Lc 7,11-17, en las notas de la
Biblia se puede encontrar la referencia a otros dos milagros parecidos del
Antiguo Testamento: el de Elías y el hijo de la viuda de Sarepta (1 Re
17,17-24), y el de Elíseo (2 Re 4,1-5,19).
Cuarto paso: Preguntar al texto
Los Evangelios han sido escritos
después de Pascua por creyentes y para creyentes. De una manera u otra,
presentan cuatro puntos fundamentales: la vida de Jesús de Nazaret, la
Resurrección, la vida de la Iglesia y las Escrituras.
Para captar ese mensaje original
hemos de preguntarnos sobre:
1) El acontecimiento de la vida
de Jesús (o de sus discípulos) del que habla el pasaje.
2) La fe en Cristo resucitado
que se expresa, explícita o implícitamente, en este pasaje concreto que se ha
leído, y la esperanza que despierta.
3) La vida de la Iglesia que
está oculta: ¿a qué necesidades de los cristianos trata de responder el
texto?, ¿en qué momento se encontraba la comunidad cuando esto se escribió?,
¿por qué se habrá conservado este texto?
4) Las alusiones directas o
indirectas a otros pasajes del Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento se fue
leyendo y comprendiendo a la luz de la Pascua, ayudando así a comprender los
hechos acaecidos en el Nuevo.
Variante del cuarto paso
Si el pasaje escogido para la
reunión no ha sido del Nuevo, sino del Antiguo Testamento, entonces varía algo
el enfoque.
En este caso debemos buscar
informaciones más precisas sobre la historia de Israel, o el acontecimiento que
narre el pasaje elegido.
Habrá que reflexionar para
localizar cuál es la fe en el Dios Liberador que, claramente o de forma velada,
se expresa en este pasaje.
Habrá que descubrir la vivencia
que hay detrás del pasaje, preguntándonos: ¿para qué necesidades de los
creyentes se ha escrito y conservado este fragmento?
No será difícil ver en el pasaje
alusiones, directas o indirectas, a otros pasajes del Antiguo Testamento.
Quinto paso: Actualizar el
pasaje
Después de haber observado los
cuatro primeros pasos, en este momento, se trata de descubrir el testimonio de
fe que se desprende del texto, la Buena Noticia que en él se encuentra. Para
ello podemos servirnos de preguntas como estas:
- ¿Cómo ese testimonio de fe
(esa Buena Noticia) puede iluminar nuestra fe y ayudamos en nuestra situación,
en este momento concreto?
- ¿Cómo traducir en otras
palabras el mensaje de este pasaje antiguo para que sea comprendido por las
personas que nos rodean?
Después de haber hecho este
recorrido conviene volver sobre las impresiones anotadas en el primer paso para
ver si tengo que completarlas, corregirlas o abandonarlas.
Conclusión
Hecho todo este recorrido, me
pregunto: ¿qué oración me inspira ahora este pasaje? Por eso el encuentro
concluirá con una oración a partir del mensaje descubierto.
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
Oración o canto inicial
Se comienza con una oración o
canto.
Primer paso: contacto con el
pasaje
Uno lee en voz alta el pasaje
elegido.
Un minuto de silencio.
Se lee en voz alta el mismo
pasaje por segunda vez.
Meditación personal para
resaltar lo que más le impresiona a cada uno.
Comunicación de esas
impresiones.
Segundo paso: observar el pasaje
Comprender el pasaje: lugares,
personajes, palabras, reacciones, transformaciones, contrastes... Compartir lo
estudiado.
Tercer paso: aprovechar las
informaciones fuera del pasaje
Se leen las notas de la Biblia y
se buscan textos paralelos. Comunicar al grupo los nuevos descubrimientos.
Cuarto paso: preguntar al pasaje
¿Cuál es el mensaje original?
¿Qué fe manifiesta en la resurrección de Cristo? ¿Qué intenta decir a los
primeros cristianos? ¿Qué referencias hay al A.T.?
Quinto paso: buscamos el sentido
para nosotros hoy
¿Cómo ilumina mi fe?
¿Cómo transmitir hoy ese mensaje?
Conclusión
Oración.
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Este itinerario privilegia
la lectura respetuosa del texto y su estudio. Ya al principio se lee dos veces
en voz alta y se desmenuza después para entenderlo. En grupos donde no tenga
cada uno su Biblia, o en los que alguna persona tenga dificultad para leer, es
muy necesaria esta repetición.
La clave comunitaria
queda también resaltada en este método. La comunicación en grupo ayudará a no
caer fácilmente en errores de interpretación, y las aportaciones de unos y
otros enriquecerán a todos.
Ya se dijo que este método, en
un principio, fue utilizado por catequistas para captar y actualizar la
experiencia de fe de la primera comunidad cristiana. Quedaba acentuada así la
fe en Jesús Resucitado. Por eso solo se leía el NT. Sin embargo es válido
también para la reflexión de pasajes del AT. De ahí que se haya agregado esa
variante para el cuarto paso.
El animador del grupo tiene la
tarea de ir señalando los pasos y hacer que todos los miembros del grupo hagan
su aportación en cada momento.
Para el segundo paso será muy
útil tener algún mapa a la vista, pues no todos los lectores habrán recorrido
la geografía que menciona la Biblia. Ciertamente, no será indispensable esa
localización geográfica, pero sí será muy interesante, en más de una narración,
conocer el lugar donde se desarrolla la acción.
Será también muy conveniente
disponer de un vocabulario de la Biblia y de un comentario más o menos
manejable que ayude a descubrir y comprender el sentido literario del pasaje
leído.
FICHA
DE LECTURA
JESÚS
RESUCITA AL HIJO DE LA VIUDA DE NAÍN (Lc 7,11- 17)
Ambientación
Cuando todos los miembros del
grupo están ya presentes se puede entonar un canto, o recitar una oración para
comenzar la reunión, pidiendo luz para descubrir el mensaje de la Palabra de
Dios.
Primer paso: Lectura
Uno proclama Lucas 7,11-17.
Después de unos momentos de
silencio otra persona lee de nuevo el pasaje en voz alta. Ahora miramos el
pasaje: ¿Qué te llama la atención?, ¿qué te ha sorprendido?
Comunicamos nuestras
impresiones.
Segundo paso: Observación
Observamos atentamente el pasaje
narrado:
- ¿Dónde ocurre este signo?
- ¿Qué personajes intervienen?
- ¿Qué verbos de movimiento
aparecen en este pasaje?
- ¿Encuentras alguna
transformación entre el principio y el final de la escena?, ¿quién/es cambian?
Compartimos lo que hemos
observado.
Tercer paso: Aprovechar
informaciones fuera del texto
Leemos las notas de la Biblia y
los textos paralelos. Comunicamos a los demás lo que hemos descubierto
Cuarto paso: Preguntar al texto
- ¿Qué dice de Jesús este
pasaje?
- ¿Qué testimonio de fe está
transmitiendo este signo?
- ¿Dice algo sobre la
Resurrección?
- ¿Qué relación tiene con el
Antiguo Testamento?
Quinto paso: Actualizar el texto
Después de reflexionar cómo
transmite Lucas a su comunidad la fe en Jesús Resucitado, me pregunto:
- ¿Camino con el Señor de la
vida, o más bien voy con el grupo de los muertos?
- ¿Me compromete este relato a
dar más testimonio de mije, acercándome a los que sufren y preocupándome por
sus angustias y necesidades?
Oración o canto final
5.-
LA ESCUELA DE LA PALABRA
A finales de 1980, a los pocos
meses de llegar a la diócesis de Milán, algunos jóvenes pidieron a su nuevo
obispo, Carlo María Martini, que les enseñara a rezar partiendo de la Biblia,
de la que él era buen conocedor. La experiencia comenzó en el Seminario con un
pequeño grupo, pero el propio Cardenal les propuso la Escuela de la Palabra en
la Catedral, cada primer jueves de mes. En ella se fueron abordando los más
variados temas: la oración en el Evangelio de Lucas, el problema de Dios y del
hombre en los Salmos, la vida como vocación, etc. A los cinco años, la Escuela
de la Palabra de la Catedral de Milán se extiende a setenta centros más.
En la Escuela de la Palabra se
aprende a leer, rezar y meditar la Palabra en grupo grande. Es una forma de
enseñar a escuchar y encontrarse personalmente con la Palabra para dejarse
transformar por ella.
ITINERARIO
La estructura de la Escuela
de la Palabra se inspira fundamentalmente en el esquema de la Lectio
divina. He aquí la descripción de como se desarrolla un encuentro.
En un lugar bien visible se ha
colocado previamente una frase, un dibujo o un símbolo que haga referencia al
tema de la lectura bíblica que se va a hacer.
Se comienza con un canto, una
oración o un salmo que invite al recogimiento. Se hace un momento de silencio
absoluto para crear un clima de oración. Este comienzo tiene que ser como una
«puesta a cero»: «poner a cero» nuestra fantasía, nuestro mismo ser, como se
pone a cero un cuentakilómetros.
Esta actitud de apertura a Dios
puede también exteriorizarse haciendo la entronización de la Biblia en
procesión, o poniéndose de rodillas en adoración, etc. Algo que exprese un
momento de reverencia, de respeto exterior, que señale nuestra entrada en
situación, conscientes de que no tenemos nada que dar y sí mucho que recibir.
En este primer momento de
ambientación es conveniente indicar el método y el camino que se va a seguir en
ese encuentro con la Palabra de Dios, o sea, explicar los pasos que se van a
dar en la reunión. Hecho todo esto y creado el ambiente propicio, se comienza
con el primer paso.
Primer Paso: Lectura atenta del
texto (Lectio)
Desde un lugar apropiado se
proclama el pasaje de la Biblia previamente elegido. La lectura debe ser clara
y muy inteligible, de tal manera que se puedan identificar los personajes y los
escenarios donde se desarrolla la acción del texto proclamado.
Después de la lectura, viene la
explicación (20 minutos), que debe hacerse en clave de meditación. Sitúa el
texto en su contexto. Expone los elementos históricos, los recursos literarios
que hay en ese pasaje, las ideas de Dios que se reflejan, la experiencia de fe
que transmite... Todo esto se debe hacer con palabras y expresiones del mismo
pasaje. Es la Palabra de Dios la que tiene que hablar en este primer paso. No
tiene que ser una homilía o una catequesis, sino una aclaración. Es ofrecer los
instrumentos adecuados para que los participantes se encuentren frente a frente
con el texto, y puedan enterarse de lo que decía esa Palabra a los
destinatarios para los que se escribió.
El animador deberá utilizar
solamente la Biblia para esta explicación. No debería utilizar otros libros, o
folios con apuntes. La exposición debe ser sencilla y memorizable. Si el que
expone no ha sido capaz de memorizar los puntos fundamentales del texto,
mucho menos los memorizarán los que se encuentran con esas palabras por primera
vez.
Con un lenguaje sobrio y
ordenado, el animador debe ir sugiriendo, invitando a que cada uno haga
preguntas al texto: ¿Qué dice? ¿Cuáles son los elementos relevantes? ¿Cuál
es el corazón del pasaje?
Segundo Paso:
Nos dejamos interpelar por el
texto (Meditatio)
En este segundo momento la
atención se centra en descubrir cuál es el mensaje del pasaje para nosotros, en
nuestra situación personal, comunitaria, social, etc.
La meditación consiste en rumiar
el texto hasta descubrir el mensaje que encierra para nosotros hoy. Una vez
desmenuzado el pasaje y captado lo que dice, la reflexión se centra ahora en
los valores contenidos en él. Se abre un diálogo entre lo que Dios me dice con
su Palabra y mi vida. Se pasa a relacionarlo con uno mismo. ¿Qué me dice? ¿Qué
me sugiere en mi situación concreta, aquí y ahora? De este modo el mensaje del
texto cobra actualidad y se convierte en un mensaje para mí.
Este momento de la meditación se
hace personalmente. Aunque estén todos juntos, no se comunica a los demás lo
que uno ha descubierto, sino que se pasa directamente al diálogo con Dios en la
oración. Para ayudar a la meditación, pueden formularse algunas preguntas.
Estas deben ser directas e incisivas, y siempre fáciles de retener.
Tercer Paso:
La Palabra nos exige una
respuesta (Oratio-Actio)
Silencio absoluto. El silencio
es un elemento fundamental en la estructura de esta forma de lectura cristiana
de la Biblia. En la Escuela de la Palabra se le da mucha importancia a
este momento de silencio. Se considera el signo eficaz de que no se está en la Escuela
solo para escuchar, sino para buscar un contacto personal con la Palabra.
Debe haber al menos 15 minutos de silencio absoluto, sin cantos y sin música de
fondo.
En ese silencio, por el impulso
del Espíritu Santo, se adora a Dios, se dialoga con Él, se replantea la propia
vida a la luz de la Palabra escuchada y meditada. De ese momento de silencio
vivo, y sugerido por lo que se ha meditado, saldrá la acción, el compromiso, el
gesto concreto.
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
Ambientación
Entronización de la Biblia.
Oración o canto inicial.
Silencio de recogimiento y
preparación.
Presentación del esquema que se
seguirá en la reunión.
Primer Paso: Lectura
Proclamación de la Palabra de
Dios. Explicación del pasaje.
Segundo Paso: Meditación
Descubrir el mensaje que ese
texto tiene hoy para nosotros.
Tercer Paso: Oración-Acción
En un silencio externo total, se
dialoga con Dios respondiendo a su Palabra.
Oración conclusiva
Se concluye con una oración o
canto en común.
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Puesto que la Escuela de la
Palabra no es más que una forma de Lectio divina adaptada a un grupo
numeroso, todos los valores y la riqueza que se encuentran en la Lectio están
también en la Escuela. Por la experiencia vivida durante más de una
década en la Diócesis de Milán, la Escuela de la Palabra ha sido un
medio privilegiado para conectar con los jóvenes, leyendo con ellos la Palabra
de Dios.
Es un medio muy apropiado para
la escucha personal y eclesial de la Palabra. El aspecto que predomina en ella
es el clima de oración en el que se hace la lectura. También se da importancia
a la lectura respetuosa del texto bíblico, a través de la preparación previa y
de la explicación. Las otras dos claves de la lectura cristiana de la
Biblia: la dimensión comunitaria y la referencia a la vida también están
presentes, aunque no de forma tan explícita como las dos anteriores.
Es muy apto para grupos
reducidos, para reflexiones bíblicas a modo de ejercicios espirituales, etc.,
aunque, en un principio, fue pensado para hacerse en gran grupo. Ayuda a rezar
a partir de la Palabra de Dios, como respuesta al Dios que nos habla.
La ventaja que ha tenido este
método ha sido el carisma de quien lo promovió: el Cardenal Martini. No basta
copiarlo. Es necesario que el animador posea conocimientos, pero, sobre todo las
dotes y el carisma de conectar con el gran grupo. Si el que dirige la reflexión
no tiene buenas cualidades para ello, los resultados pueden ser muy pobres.
Es importante también el
ambiente en que se desarrolla. Hay que crear el clima de escucha y de adoración
reverente. Hay que estar convencido de la fuerza que tiene la Palabra de Dios,
cuando se acoge en silencio. Ponerse ante la Palabra con la certeza de que
ella, escuchada y asimilada en el silencio, es vida, es energía, es presencia
de Cristo, es entrega al hermano.
FICHA
DE LECTURA
«id y
haced discípulos» (Mt
28,16-20)
Canto inicial
Antes de acercarnos ala pasaje
que vamos a leer, preparamos nuestro interior para acogerlo como Palabra de
Dios. Hacemos un breve silencia y luego repetimos el estribillo:
Habla, Señor, que tu siervo
escucha.
Habla, Señor, te quiero
escuchar.
Habla, Señor, danos tu mensaje.
Habla, Señor, danos tu verdad.
Primer Paso: Lectura del texto (Lectío)
En este primer momento la
atención se fija en el texto, para descubrir cuál es el mensaje que el autor
quiso transmitir a sus destinatarios.
- Proclamación: Desde el ambón
(u otro lugar sobresaliente) uno proclama Mt 28,16-20.
- Silencio: Todos permanecen en
silencio unos momentos, durante los cuales repasan y memorizan el pasaje
escuchado.
- Explicación del pasaje: De una
forma sosegada y muy clara, el animador de la asamblea explica la lectura. En
este pasaje hay cuatro puntos fundamentales que debe resaltar: a) el lugar
donde Jesús convoca a sus discípulos; b) la actitud de estos al ver a Jesús; c)
la misión que les da y d) la imagen de Jesús que aparece en estos versículos.
Puede desarrollarlos con estas o semejantes palabras:
a) ¿Dónde reúne Jesús a sus
discípulos?
En Galilea, es decir, allí donde
Él comenzó su misión anunciando el Reino de Dios con signos y palabras (Mt
4,12-17). Es una invitación a volver al principio del evangelio para escuchar
de nuevo sus enseñanzas y contemplar sus signos, como enseñanzas y signos del
Resucitado.
El encuentro tiene lugar en un monte.
En todas las religiones se considera la montaña como el lugar en el que la
tierra y el cielo se tocan. En el AT una montaña, el Sinaí, tenía una
relevancia especial, pues era el lugar de revelación por excelencia. Para
Mateo, el monte es el lugar privilegiado de las manifestaciones del
Salvador. Enmarca su evangelio entre dos montes: en un monte Satanás
ofrece a Jesús poder sobre todo el mundo (Mt 4,8); en un monte Jesús confiere a
sus discípulos el poder que Él ha recibido del Padre (Mt 28,16).
b) ¿Cuál es la actitud de los
discípulos al ver a Jesús?
Lo reconocen como único Señor y
lo adoran, «ellos que habían dudado». A lo largo de todo el evangelio han
aparecido como hombres de fe vacilante (Mt 6,30; 8,26; 14,31; 16,8). Su actitud
está bien resumida en la de Pedro, que vacila ante las dificultades y se hunde
en el lago (Mt 14,28-31; 16,21-28). Sin embargo en este último encuentro,
pasado ya el trance de la Pasión, los discípulos lo reconocen como su único
Señor y lo adoran. Jesús también los acoge y perdona.
c) ¿Qué misión les encarga Jesús
a sus discípulos?
Jesús, a lo largo de todo el
evangelio, aparece enseñando y curando (Mt 4,23-25; 9,35; 11,1). En Mt 10, y a
lo largo de todo el evangelio, encarga a sus discípulos anunciar y curar. Y es
que, durante su ministerio, Él es el único Maestro. Una vez resucitado, encarga
a sus discípulos enseñar y bautizar. Son las dos etapas de la iniciación
cristiana, tal como se realizaban en la iglesia de Mateo. La primera era la
enseñanza. Su contenido eran las palabras de Jesús, que el evangelista había
recogido en cinco discursos. El auténtico discípulo debe aprender a ponerlas en
práctica (Mt 7,21-27). La segunda etapa era el Bautismo, que sellaba la íntima
vinculación del discípulo con el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo. Es
decir, solo ahora que los discípulos han conocido plenamente a Jesús, puede Él
encargarles la tarea de enseñar que, hasta este momento, había reservado para
sí.
d) ¿Qué imagen de Jesús aparece
en estos versículos?
Jesús acoge a los discípulos
que habían dudado.
Jesús Resucitado se
revela a través de sus palabras: «Dios me hadado autoridad plena...» (Mt
28,18b).
Jesús envía con una
misión universal.
Jesús acompaña a la
Iglesia en su camino.
Segundo Paso: Meditación (Meditatio)
Una vez que el animador ha
desmenuzado el pasaje para que el grupo pueda entenderlo mejor, invita, a todos
y a cada uno a que interioricen el mensaje, a que lo relacionen con su vida, a
que tengan un diálogo con Dios. Que cada uno se sienta implicado. Que se pregunte
cada uno:
¿Qué me sugiere en mi
situación concreta, aquí y ahora?
¿Tengo yo encuentros con
Jesús? ¿Dónde?
¿Cuáles son mis dudas para
con Él?...
Los discípulos lo reconocen como
único Señor y lo adoran.
¿Qué actitud tengo yo con
Jesús?
¿De qué me sirve la fe
recibida en el Bautismo?
¿Qué tiene que ver conmigo el
mandato de Jesús: «Id y haced discípulos»?...
Tercer Paso: Oración-Compromiso (Oratio-Actio)
Llega el momento del silencio en
el que cada uno tiene que dejarse guiar por la fuerza del Espíritu Santo y
entablar un diálogo sincero y personal con Él.
Oración o canto final
6.-
LOS SIETE PASOS
En 1977 la Conferencia Episcopal
de Sudáfrica encargó al «Instituto Católico de Pastoral Misionera Lumko», en la
ciudad de Desmonville, asumir la tarea de la catequesis bíblica. Corno
consecuencia de aquel encargo, se creó en 1978 este método (también llamado Método
Lumko), pensando en grupos de meditación vecinales, compuestos por personas
que no podían disponer de animadores con una formación bíblico-teológica, pero
necesitados de un acceso a la Biblia, a la vez sencillo y eficaz, donde se
conjuguen la fe y la vida.
El método busca, ante todo,
robustecer la confianza mutua de los integrantes del grupo a través de la
expresión de fe que hace cada uno. Al final de la reunión se programa una
acción a realizar. No intenta, por tanto, ser un mero grupo de oración, sino ir
formando una pequeña comunidad cristiana, que va planificando acciones y
llevándolas a cabo según el Espíritu va sugiriendo.
Pretende ser la expresión viva
de las palabras del Señor: «Donde dos o tres se reúnen en mi nombre allí estoy
yo en medio de ellos» (Mt 18,20). En consecuencia, insiste mucho en el
encuentro cordial, vivencial con Cristo Resucitado, evitando cualquier enfoque intelectualista,
y para ello propone la máxima apertura al Espíritu, de modo que obre en
todos y en cada uno de los participantes.
ITINERARIO
El itinerario consta de siete
pasos, como indica su propio nombre. En todas las reuniones es
imprescindible el servicio de un animador o una animadora, que va marcando los
ritmos e introduciendo los distintos pasos. En ninguno de estos pasos el
animador tiene protagonismo: es solamente un servidor de la Palabra -única y
verdadera protagonista-, que anima, invita y orienta suavemente al grupo. Al
principio o al final, según se determine entre todos, se pueden ir aclarando y
profundizando las particularidades de los pasos que a continuación se explican:
Primer paso: Invitación
Como ambientación previa se
puede hacer un rato de silencio o una oración -cantada o recitada- que todos
sepan.
A continuación el animador /a
invita -nunca determina- a que un miembro cualquiera del grupo improvise una
oración, en la que se exprese la fe común de que el Señor está presente en
medio.
Este primer paso marca ya la
orientación espiritual, que va a tener toda la reunión, evitando todo lo que no
sea un auténtico encuentro personal desde lo profundo del corazón, dejando para
otros momentos cualquier preocupación de carácter científico o puramente intelectual.
Lo que se pretende ahora es cada uno se deje «tocar» por la Palabra de Dios,
sin oponer resistencia de ningún tipo a su acción en nosotros.
Segundo paso: Lectura
El animador/a anuncia al grupo
únicamente el libro y el capítulo de los que se va a tomar la lectura. Por
ejemplo: «Busquemos en nuestra Biblia el capítulo 24 del Evangelio de San
Lucas». Cuando ya todos lo han encontrado el animador/a dice también los
versículos: «Ahora tomaremos para nuestra lectura los versículos 13 al 35».
Esto se hace así para buscar serenamente, sin la preocupación de que se escapen
datos y tener que preguntar a los de al lado, rompiendo el clima de oración.
Igual que en el poso anterior el
animador/a invita a que algún voluntario lea, con recogimiento y dándole sentido,
el pasaje propuesto.
Ocasionalmente se puede repetir
la lectura tomando otra traducción, para descubrir nuevos matices del pasaje.
Tercer paso: Detenerse en el
pasaje
El grupo se detiene a
considerar, a contemplar el pasaje leído. Los participantes dicen en voz alta,
una o varias veces, palabras sueltas o frases cortas, que les han llegado al
corazón, dejando pausas suficientemente largas como para que las palabras
actúen en ellos. Viene a ser lo que comúnmente se llama «hacer ecos».
Los participantes no se centran
en una determinada palabra, por muy importante que les pueda parecer, sino que
dejan resonar en ellos al pasaje completo, con toda su riqueza. Esto se hace
así para evitar toda manipulación del texto. Este paso, si se hace bien,
posibilita la más profunda forma de oración: la contemplación. Mediante la
lenta repetición de palabras y la consideración del pasaje se entra en el hecho
narrado, permaneciendo así junto a Jesús.
Lo importante aquí no es
reflexionar y ejercitar la cabeza, sino dejar hablar al corazón, acercarse a
Jesús (Mc 1,40; 10,50), «dejarse tocar por Él» (Mc 1,41; 7,33). Y así puede
suceder que una palabra ya conocida nos descubra nuevas perspectivas y
horizontes.
Cuando todo el pasaje ha sido
contemplado, el animador/a invita a que alguien vuelva a leerlo. Entonces se
encontrará con más facilidad su pleno sentido. Solo ahora, cuando el texto se
vuelve a leer entero para todos, cada cual decide en su interior cuál ha sido
la palabra más importante para él.
Cuarto paso: Silencio
El animador/a invita con
sencillas palabras al silencio, indicando el tiempo exacto que durará (p. e.:
10 minutos). La razón de determinar el tiempo previamente es que eso
parece relajar al grupo, no teniendo que estar pendiente de cuándo terminará el
silencio, si queda poco o queda mucho. El animador/a se ocupa del control del
reloj. La medición del tiempo permite al grupo determinar si, en lo sucesivo,
debe acortarse o alargarse.
Este paso en silencio nunca debe
ser «silencio de cementerio». Es un silencio para situarnos en la presencia de
Dios, profundizando el relato escuchado y dejando que Dios nos hable.
Quinto paso: Compartir
Las persona encargada de animar
invita a los participantes a expresar con toda libertad y confianza su
experiencia espiritual tras los últimos pasos.
Esto es para muchos lo más
desacostumbrado y difícil. Si a alguno le resulta muy duro, en un primer
momento, o en un día concreto por alguna circunstancia especial, que permanezca
tranquilamente en silencio y participe en los otros pasos.
Una vez más, en este paso hay
que evitar a toda costa cualquier «intelectualización» de la comunicación, y
más aún enzarzarse en discusiones o predicaciones moralizantes. Es
importantísimo escuchar al otro y hablar desde el corazón, aunque sin llegar a
convertirlo en una «confesión pública». Es, ante todo y sobre todo, un
reconocimiento agradecido de lo que Dios ha obrado en nosotros. Aquí no hay un
tiempo prefijado.
Cuando se da por concluido este
paso, el animador/a, antes de pasar al siguiente, propone elegir una «palabra
de vida», que sea como un lema que ilumine la vida cotidiana de los
participantes, durante los días que transcurran hasta el siguiente encuentro.
Esta «palabra» debe ser del pasaje leído y tiene una especial significación para
el grupo. Será un acompañante muy especial en el camino (Le 24,15).
Sexto paso: Actuar
El grupo, a lo largo de los
pasos anteriormente recorridos, ha ido descubriendo la conexión entre el pasaje
bíblico y su vida. Esto repercute necesariamente en su obrar. Por ello,
serenamente, sin angustias, el grupo ha de buscar, entre las necesidades y
dificultades diarias de los ambientes en los que se desenvuelve, cuál sería la
que más importaría resolver en ese momento, aunque nada tenga que ver con el
pasaje que se ha leído.
Es ahora cuando el animador/a
propone al grupo buscar una tarea, asumida por todos como propia, que deberán
realizar en los días que transcurran hasta la próxima reunión. Pero antes de
elegir la acción, el animador/a pregunta al grupo si se realizó la tarea de la
reunión anterior y cómo salió, de modo que se haga una breve evaluación
comunitaria.
La tarea se concreta con estas
tres preguntas: ¿quién o quiénes la ejecutarán?, ¿en qué consistirá?,
¿cuándo y dónde se hará?
Estas pequeñas acciones
sencillas y muy concretas, que se van realizando con espíritu evangélico, es lo
que va transformando al grupo en una pequeña comunidad cristiana.
Cuando se ha determinado la
tarea a realizar, el animador/a pregunta cómo va la experiencia con la «palabra
de vida» de la que hablábamos en el paso anterior.
Séptimo paso: Orar
El animador/a invita a orar
espontáneamente. En este paso se puede emplear todo el tiempo necesario para
dar a todos los participantes oportunidad de hacer una oración personal: sobre un
mensaje del pasaje; sobre las tareas, (pasadas o futuras); sobre dificultades,
(pasadas o presentes); sobre peticiones, (personales o comunitarias); sobre
alabanza, o sobre agradecimiento, etc.
Para terminar, lo mismo que al
principio, todos juntos hacen alguna oración -recitada o cantada- que se sepan
de memoria.
Para preparar el siguiente
encuentro
Esta preparación debe tener en
cuenta esto cuatro aspectos:
- Quién asume en la próxima
reunión el servicio de animador/a, que nunca debe ser fijo, siempre rotativo.
- Qué pasaje se leerá (el
Evangelio del siguiente domingo; un fragmento cualquiera; un pasaje sobre un
tema concreto, elegido entre todos; etc.)
- Qué método se va a seguir
(viene bien ejercitar otros métodos de cuando en cuando).
- Lugar, día y hora del próximo
encuentro.
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
Primer paso: invitación
Ambientación previa con silencio
u oración/canto común.
Segundo paso: lectura
Un voluntario lee lo mejor
posible el pasaje elegido.
Tercer paso: detenerse en el
pasaje
Los miembros del grupo van
diciendo en voz alta las palabras o frases que les han impresionado más.
Cuarto paso: silencio
En un tiempo fijado y controlado
por el animador/a, el grupo profundiza en silencio la Palabra escuchada.
Quinto paso: compartir la Palabra
Los participantes expresan
espontáneamente su experiencia espiritual tras los posos anteriores. Se escoge
entre todos una «palabra de vida», tomada de la lectura y que será como un lema
hasta la próxima reunión.
Sexto paso: actuar
Mediante las preguntas ¿qué?,
¿cuándo?, ¿quién? y ¿dónde? se elige una acción como respuesta. Brevemente
se revisa la tarea anterior.
Séptimo paso: orar
Sin limitación de tiempo se van
exponiendo libremente oraciones espontáneas.
Concluye el encuentro con una
oración (recitada o cantada) que todos sepan.
Preparación del siguiente
encuentro
- ¿Quién hará de animador/a?
- ¿Dónde y cuándo?
- ¿Qué método se seguirá?
- Según el método, ¿qué lectura se hará?
Preguntas para evaluar
De acuerdo con todo el grupo
pueden plantearse al principio o mejor al final de la reunión, las cuestiones
que aparecen agrupadas a continuación.
- ¿Estuvo llena de espirita
evangélico nuestra acción? ¿Algo estorbó ese espíritu?
- ¿Conocía alguien el pasaje,
antes de leerlo en la reunión?
- En el paso tercero, ¿hemos
dejado a las palabras y frases elegidas suficiente espacio y silencio? ¿Las
hemos leído desde una postura abierta a Dios y contemplativa?
- El tiempo de silencio en el
cuarto paso ¿fue largo o corto?
- En el quinto paso, ¿hemos
hecho una comunicación personal o nos hemos dedicado a «predicar» a los otros?
- En la elección de nuestra
tarea, ¿nos hemos dejado llevar por el espíritu de la Palabra?
- ¿Hemos dejado suficiente
tiempo al final para que todos pudiesen hacer libremente una oración personal?
- ¿Qué ha hecho bien nuestro
animador/a? ¿Qué podría mejorar?
- ¿Alguien no ha ejercido el
servicio de animador/a? ¿Quién se ofrece a desempeñarlo en la próxima reunión?
En la mayoría de los casos no
será necesario hacer esta evaluación en todos los encuentros. A medida que el
grupo vaya avanzando solo sera necesario hacerlas de vez en cuando.
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Este método da la máxima
importancia a la apertura del corazón ante la Palabra para, desde ahí, ir
creando un clima también de apertura hacia los otros, que vaya constituyendo,
poco a poco, una verdadera comunidad cristiana. Esto quiere decir que se
privilegian sobre la dimensión comunitaria y la dimensión creyente.
Lo que más se valora y se fomenta
es el dejarse «tocar» por la Palabra, sin intelectualización. La Palabra, como
sacramento de la presencia viva del Resucitado, es la verdadera protagonista, y
mediante la «palabra de vida» lo sigue siendo a lo largo de los días
siguientes.
Requiere mucha sencillez y
sinceridad cordial, y poco conocimiento intelectual bíblico. En el propio
método se insinúa que esos conocimientos bíblicos se adquieran en otros
momentos y lugares, pero sin hacer mucho hincapié en ello.
Tal vez sea un inconveniente su
sistematización (¿excesiva?). A algunos les puede resultar agobiante esa
programación metódica con tantos pasos. Sin embargo otros grupos pueden
encontrar precisamente en ella una ayuda inestimable para no perderse y seguir
un proceso ordenado en su lectura y meditación de la Biblia.
Probablemente lo más valioso de
este método sea el dar tanta importancia al mundo afectivo, muy desprestigiado
y reprimido en nuestra cultura occidental. Esta es, sin duda, una
característica propia de su lugar y cultura de origen. Sin embargo no se queda
todo en afectividad dentro del grupo, también hay efectividad hacia fuera
mediante el actuar.
Como se dijo en la presentación,
el método precisamente se creó para gente sencilla, que no tiene facilidad de
alcanzar una cultura bíblica y, por tanto, no requiere especial capacitación o
competencia en el animador/a.
A veces puede dar la impresión
que el texto bíblico no recibe la atención que merece y su lectura es, en
realidad, un pretexto para tener una experiencia de oración y tratar algunos
temas que preocupan a todos. Seguramente este es el punto más débil del método:
la ausencia de una orientación crítica y científica. Puede ocurrir que la
interpretación de una palabra, una frase, o todo un pasaje se desvíe, y
entonces el grupo podría llegar a conclusiones muy distantes del espíritu de la
Palabra de Dios. Por eso, sugerimos que se refuerce el paso en el que se hace
la lectura con un estudio algo más detenido del pasaje que estamos leyendo, tal
como se hace en otros itinerarios.
A grupos bíblicos de estudio les
puede venir muy bien practicar este método de vez en cuando, para evitar el
riesgo de una visión demasiado científica de la Biblia.
También es recomendable a los
que practiquen habitualmente este método, que cambien, cada cierto tiempo,
haciendo su reunión con otro itinerario.
FICHA
DE LECTURA
En este itinerario no es fácil
preparar de antemano una ficha de lectura sobre un pasaje concreto. La
mejor preparación por parte del animador consistirá en leer detenidamente un
comentario del pasaje elegido para la reunión. Así podrá ayudar al grupo a que
no se desvíe en su interpretación.
Por lo demás, lo único que tiene
que hacer es estar atento para saber cuándo hay que introducir el siguiente
paso.
7.-
EL ESTUDIO DEL EVANGELIO
El itinerario que aquí
presentamos con el nombre de Estudio de Evangelio ha sido elaborado y es
usado regularmente como instrumento de formación interna y de evangelización
por los «Sacerdotes del Prado», fundados por A. Chevrier.
A pesar de su nombre, no
pretende ser un «estudio» en el sentido estricto, sino que participa más bien
de las características de otros métodos orientados a realizar una lectura
creyente de la Biblia. La Lectio divina sigue siendo, la inspiradora,
más o menos lejana, de este Estudio de Evangelio, que, con las convenientes
modificaciones, podría ser aplicado a otros pasajes narrativos de la Escritura.
Este itinerario puede ser
utilizado tanto de modo personal como grupa!, si bien se recomienda que ambos
usos se complementen en la práctica.
ITINERARIO
En este punto nos hemos
permitido, por razones de claridad y para facilitar su utilización por parte de
los grupos de lectura de la Biblia, simplificar y, en cierta manera, adaptar,
el itinerario propuesto para hacer el Estudio de Evangelio.
Aunque no existe una única
manera de llevarlo a cabo, se puede señalar un método más común que incluye los
siguientes pasos:
Preparación previa
En primer lugar debe elegirse y
formularse un tema que responda a una inquietud del grupo, y que este desee
conocer y reflexionar a la luz del Evangelio.
Se busca luego un pasaje (o
varios) en el Evangelio (o en otro libro de la Biblia) que pueda ayudarnos en
nuestra reflexión. Un miembro del grupo puede realizar este servicio. Un buen
diccionario bíblico facilitará la tarea. Si, por ejemplo, se decide en grupo
hablar sobre el tema «Jesús y las mujeres», podrían estudiarse pasajes como Jn
4,1-26 y 8,1-11; Mc 7,24-30 y 14,3-9; Lc 8,1-2; etc...
Primer paso: Proclamación de la
Palabra
Se comienza siempre en un clima
de oración para pedir a Dios que nos ayude a escuchar, a comprender y a aceptar
su Palabra. En este momento la invocación del Espíritu Santo debe ocupar un
lugar importante, porque el Estudio de Evangelio parte de la convicción
de que quien guía la lectura, y quien descubre el auténtico sentido de las
Escrituras es el Espíritu.
Después, un miembro del grupo
proclama en voz alta el pasaje elegido (o los pasajes, si se han escogido
varios).
Segundo paso: Trabajo personal
Se da un tiempo de silencio para
que cada uno trabaje personalmente sobre el pasaje leído, lo profundice, tome
nota de lo que le va sugiriendo... Para esta parte del trabajo y para el
posterior diálogo sobre el mismo pueden servir de ayuda las siguientes pistas:
a) Detenerse con atención en el
pasaje
Si se trata de un pasaje de un
evangelio, podemos preguntarnos:
- ¿Qué personajes aparecen?,
¿qué buscan?, ¿qué viven?, ¿por qué acuden a Jesús?, ¿qué situaciones se
dan?...
- ¿Qué transformaciones se
producen en el relato?, ¿qué cambios significativos se originan entre la
situación inicial y la situación final de los personajes que se acercan a
Jesús?
- ¿Cuál es el comportamiento de
Jesús con esos personajes?, ¿cómo trata a quienes se acercan a él?, ¿los acoge,
escucha, reprende...? ¿Qué mensaje trasmite con sus actitudes, sus gestos y sus
palabras?
- ¿Qué revela de sí mismo, de su
personalidad, de su enseñanza, de su misterio?, ¿qué revela del Padre?
- Se pueden leer otros pasajes (paralelos)
evocados por este.
Centrándonos en el pasaje de la
Samaritana (Jn 4,1-42), y tratando de descubrir cuál es la actitud de Jesús
hacia las mujeres, descubrimos, en primer lugar cómo, en contacto con Jesús,
aflora la profunda búsqueda de aquella mujer, que se va explicitando cada vez
más claramente, y que se expresa simbólicamente en el tema del agua viva. En el
fondo, el agua viva que necesita la Samaritana es Jesús mismo, a quien ella va
descubriendo paulatinamente en su verdadera identidad. Al principio es para
ella un judío, alguien solamente digno de desprecio. Luego lo reconoce como
profeta y finalmente como Mesías. Por eso, ella misma puede transformarse en
testigo e ir a anunciar a sus compatriotas lo que ha descubierto. Al final
todos confiesan que «es el Salvador del mundo».
La actuación de Jesús con ella
es ciertamente subversiva, pues rompe todas las barreras étnicas y religiosas
que separaban a judíos y a samaritanos (Jn 4,9) y también aquellas de carácter
sexista que dividen a varones y mujeres (Jn 4,27). Muchos esquemas de
marginación saltan por los aires, si nos tomamos en serio lo que se dice en
esta página del cuarto evangelio.
En definitiva, estamos ante un
relato de revelación. Con sus palabras y sus gestos, Jesús ayuda en primer
lugar a la Samaritana a situarse delante de su propia realidad: «me ha dicho
todo lo que he hecho» (Jn 4,39), pero, sobre todo, nos enseña quién es Él y
quien es el Padre. Jesús se revela como Mesías y Salvador de todos: también de
los samaritanos, también de la mujeres. Si actúa de ese modo es, en definitiva
porque lo suyo es «hacer la voluntad del Padre» (Jn 4,34).
Nos recuerda algunas cosas
importantes sobre Dios: que es «Espíritu», es decir, libre, incontrolable,
trascendente; que solo puede ser adorado «en espíritu y en verdad», y, por
tanto, no es posible encerrarlo en los estrechos límites de un espacio, de un
templo, o -lo que es lo mismo- de una mentalidad, de una nación, de un sexo, de
una manera de hacer o de pensar las cosas, o, incluso, de una teología o
espiritualidad. Dios es más grande que todo eso.
Si se trata de otros pasajes del
NT, podemos preguntarnos:
- ¿Dónde encuentro en los
evangelios, en la vida o en las palabras de Cristo, el origen de esa doctrina
apostólica que ellos quisieron transmitir con su vivencia?
- ¿Cómo lo vive hoy la Iglesia?
Si estamos estudiando el precioso
himno de la carta a los filipenses (Flp 2,5-11) no será difícil localizar en
los relatos evangélicos una gran cantidad de episodios en los que verificar
cómo, efectivamente, Jesús vivió como «siervo» su condición de Hijo de Dios. De
hecho, difícilmente podrán encontrarse en la Escritura fragmentos que condensen
tan admirablemente el sentido de la trayectoria de Jesús. Lo que en los
evangelios se dice narrativamente, aquí se canta en forma de himno litúrgico.
Desde aquí podría iniciarse una fecunda reflexión sobre la Iglesia, para ver
hasta qué punto se identifica con el proyecto y el estilo de vida de su Señor.
Si se trata de un pasaje del AT,
podemos preguntarnos:
- ¿Qué aspecto del misterio
de Dios nos da a conocer este pasaje?
- ¿Cómo ha vivido eso Cristo?
Si, por ejemplo, estamos leyendo
Ex 3 reconoceremos de inmediato a Dios como alguien que esta atento al grito de
los oprimidos y se interesa por su liberación activamente. La actuación
liberadora de Jesús en favor de los más desfavorecidos de su tiempo es una de
las claves para comprender su vida, y de todo ello rebosan las páginas
evangélicas.
b) Relacionar el relato del
Evangelio con la vida de hoy
En este segundo paso tratamos de
descubrir el mensaje que tiene para nosotros el pasaje que estamos leyendo.
Podemos preguntarnos:
- Esta palabra, este gesto,
esta actitud...este aspecto de la persona y el misterio de Jesús, ¿cómo lo
encuentro ahora en la vida de la gente, en la vida de la Iglesia, en mi propia
vida?
- ¿Qué luz nos da Jesús, con su
persona y su mensaje, para resolver estas situaciones?
Volviendo al episodio de la
Samaritana y centrándonos en la manera de relacionarse Jesús con ella,
seguramente podríamos exponer multitud de situaciones concretas en las que,
también hoy, seguimos marginando por motivos sexistas, raciales o religiosos.
Jesús, con su manera de actuar, nos invita a superar estas barreras, y a salir
al encuentro de las personas para encontrarnos con ellas, allí donde todos
somos iguales: más allá de lo que nos diferencia, todos estamos en búsqueda y
tenemos sed de plenitud. Ni nuestra piel, ni nuestro sexo, ni nuestra imagen de
Dios pueden ser motivos de marginación.
c) Las llamadas que se perciben:
¿cómo nos compromete este pasaje? ¿qué está pidiendo de nosotros?
A este momento del Estudio de
Evangelio debe dedicársele una parte muy significativa del tiempo previsto
para cada encuentro.
Es muy importante señalar que,
quienes han elaborado este itinerario, consideran fundamental el modo de
formular las preguntas cuando nos enfrentamos con un pasaje evangélico. Hay que
evitar en lo posible la moralización, que se interroga en primer lugar sobre
«¿qué debo hacer?», y concibe la Escritura como una especie de «recetario»,
lleno de soluciones ya preparadas.
Hay que evitar también acercarse
al texto para imponerle nuestros propios prejuicios, para llevarlo a nuestro
terreno, para utilizarlo haciéndole decir lo que nosotros quisiéramos que
dijera. Por el contrario, es necesario ponerse en actitud de disponibilidad,
para dejar que la Palabra de Dios nos interpele y nos cuestione, sin querer
acallar las preguntas que nos plantea, protegiéndonos de sus desafíos con una
lectura excesivamente racionalista destructora del germen de vida que la
Palabra lleva en sí.
Tercer paso: Puesta en común y
síntesis
Al poner en común los resultados
de lo que cada uno ha trabajado es necesario evitar discusiones y debates
inútiles. Lo más importante es escuchar a todos respetuosamente. El Estudio
de Evangelio no es una reflexión ideológica. La vida no consiste en ideas,
sino en experiencias. Y vida es lo que se quiere transmitir con esta manera de
leer la Escritura.
El responsable del grupo termina
haciendo una breve síntesis y recogiendo las llamadas y desafíos, que han ido
apareciendo a lo largo del proceso de lectura.
Cuarto paso: Oración final
Se termina con una acción de
gracias por lo que el Padre ha obrado en nosotros, o simplemente con un rato de
recogimiento silencioso.
Evaluación
Conviene que, de vez en cuando,
el grupo haga balance de los pasos que se van dando; cómo se va avanzando en el
conocimiento de Jesús; cómo esto va poniendo la propia vida al servicio de los
hermanos y cómo va logrando en cada uno una auténtica unión entre la fe y la
vida. Para ello podría usarse el siguiente cuestionario:
- ¿Con qué actitud voy al
«Estudio de Evangelio»? - ¿Qué busco conocer de Jesucristo en el «Estudio de
Evangelio»?
- ¿Qué cambios va produciendo en
mí la práctica continuada del «Estudio de Evangelio»?
- ¿Qué medios utilizo para
respetar la objetividad del texto al realizar el «Estudio de Evangelio»?
- ¿Qué experiencia de fe me está
permitiendo nacer de manera continuada el «Estudio de Evangelio»?
- ¿Tengo en cuenta, en el
«Estudio de Evangelio», la totalidad de la Escritura?
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
Preparación previa:
Escoger el tema y los pasajes
que se van a estudiar.
Proclamación de la Palabra:
- Breve oración.
- Lectura en voz alta.
Trabajo personal:
- Estudio del pasaje.
- Unir el pasaje y la vida.
- Percibir las llamadas.
Puesta en común y síntesis:
- Puesta en común del trabajo
realizado.
- Síntesis del responsable del
grupo.
Oración final
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Dentro de su sencillez, este
método para leer los evangelios resulta bastante equilibrado y responde bien a
lo que debe ser una lectura creyente de la Palabra de Dios en grupo.
Es evidente que la figura de
Jesús ocupa un lugar central en este itinerario. Lo que se busca, en
última instancia, es conocer a Cristo para identificarse con Él. El Estudio de
Evangelio proporciona un medio para alcanzar este objetivo. Incluso en el
caso de que se estudien pasajes del AT o de las cartas apostólicas, la
referencia a la persona, la vida y el mensaje de Jesús es ineludible. No cabe
duda de que una lectura de este tipo parte de la convicción profunda de que
Cristo es el centro de las Escrituras y, a la vez, su clave de comprensión.
Se trata de un itinerario que, a
pesar de su nombre («estudio»), busca no tanto una profundización erudita en
los relatos bíblicos (sus sugerencias en este campo serían muy insuficientes y
parciales), sino una iluminación de la propia vida y una transformación eficaz
de la manera de actuar a la luz del Evangelio, aunque evitando siempre las
tentaciones de moralismo y de concordismo, que quieren buscar más bien «recetas»
ya hechas en las páginas bíblicas. De lo que se trata, en cambio, es de
descubrir las intuiciones más profundas de los relatos para poder discernir
luego sobre la propia vida.
Hay que decir también que este
itinerario parece especialmente indicado para leer textos de tipo narrativo, ya
que se centra sobre todo en el análisis de personajes. Esta es quizá su
principal utilidad y, a la vez, su limitación más grande. Su aplicación a
textos no narrativos sería ciertamente problemática.
Para recoger más información
sobre este itinerario, pueden dirigirse a:
FICHA
DE LECTURA
«¡señor, que vea!» (Mc 10,46-52)
Proclamación de la Palabra
Comenzamos el Estudio de
Evangelio en un clima de oración, invocando al Espíritu para que nos asista
en todo el proceso de lectura.
Un miembro del grupo proclama en
voz alta Mc 10,46-52.
Trabajo personal
Cada uno trabaja personalmente
sobre este relato a partir de las siguientes preguntas:
a) Sobre el pasaje:
- ¿Qué personajes aparecen?,
¿qué buscan?, ¿por qué acuden a Jesús?
- ¿Qué trasformaciones se
producen en la situación del ciego Bartimeo?, ¿cómo cambia su vida antes y
después de acercarse a Jesús?
- ¿Qué actitud presenta Jesús
ante Bartimeo?, ¿qué revela de sí mismo con sus gestos y sus palabras?, ¿qué
revela del Padre?
- Pueden también leerse las notas de la Biblia
y otros pasajes paralelos evocados por este (por ejemplo, otros pasajes
evangélicos que hablen de la curación de ciegos).
b) Para relacionar el relato del
Evangelio con la vida de hoy:
- ¿Encuentro en la vida de la
gente, en mi propia vida o en la vida de la Iglesia gestos o actitudes como los
que he leído en este pasaje?, ¿cuándo estamos «ciegos» o «al borde del
camino»?, ¿qué necesitamos para poder «ver» y lanzarnos en seguimiento de
Jesús?
- ¿Qué luz nos da Jesús para
liberarnos de nuestras cegueras?
c) Llamadas que se perciben:
- ¿Me compromete esta
narración de alguna manera?
- ¿Qué le esta pidiendo a mi
vida aquí y ahora?
Puesta en común y síntesis
Evitando toda discusión o
racionalización inútiles, se pone en común el trabajo de cada uno, buscando
enriquecer con ello a todo el grupo.
Al final, el animador realiza
una breve síntesis de lo dicho recogiendo las llamadas y desafíos que han ido
apareciendo a lo largo del proceso de lectura.
Oración final
Acabamos dando gracias al Padre
por lo que ha obrado en nosotros, o, si lo preferimos, nos recogemos un momento
en silencio para orar personalmente.
8.-
LECTURA CONTEXTUADA
El Centre de Formation Cardin
(CEFOC), de Namur (Bélgica) propone un itinerario de lectura de la
Biblia que parte del texto para ir a la vida.
Muy sensible al hecho de que
este paso no puede hacerse de manera espontánea ni inmediata, porque presenta
en sí más dificultades de las que pudieran aparecer a primera vista, este
método parte del hecho de que la Biblia ha sido escrita en un contexto social,
cultural y religioso muy diferente al nuestro, por lo que insiste
particularmente en un estudio respetuoso que nos ayude a comprender el texto
desde su propio contexto, con el fin de evitar aplicaciones a la vida demasiado
ingenuas, caprichosas o de carácter abiertamente fundamentalista.
No obstante, quienes han
elaborado este itinerario no desean que sea confundido con un estudio
especializado de la Escritura, pues pretenden que sea accesible al mayor número
posible de personas y subrayan de entrada que, cuando nos acercamos a la
Biblia, lo hacemos para responder a nuestras preguntas fundamentales sobre el
sentido de la vida y las opciones que debemos tomar a lo largo de ella.
Pretenden evitar que la Biblia
sea tomada como una especie de recetario, que ofrece respuestas -ya hechas y
listas para su uso- a las preguntas, que los hombres y mujeres de cualquier
generación pudieran plantearse. Las cosas son bastante más
complicadas y este itinerario
puede ayudarnos a caer en la cuenta de ello. La Biblia puede seguir
iluminando nuestra vida actual en todas sus dimensiones, incluyendo las
sociales y políticas, pero con tal de que la leamos en su propio contexto, es
decir, desde sus propias referencias culturales.
ITINERARIO
El itinerario concreto de
lectura se realiza según los siguientes pasos:
Primera lectura:
Descubrir la sociedad del tiempo
de la Biblia
Antes de querer responder con la
Biblia en la mano a las cuestiones que nos preocupan, hemos de reconocer que la
situación social, política, cultural, económica, etc., en la que nosotros
planteamos nuestras preguntas no es, ni mucho menos, la situación en la que la
Biblia fue escrita. Más aún, podemos dar por seguro que muchos de los
interrogantes que a nosotros nos inquietan, ni siquiera pasaron por la cabeza
de hombres y mujeres que vivieron hace al menos 2.000 años. Por tanto,
difícilmente podríamos afirmar que en la Biblia hay ya respuestas hechas para
todo y para todos.
Sería ingenuo pensar que, lo que
pasa en nuestra cultura y en nuestro tiempo, ha pasado siempre y del mismo modo
en todas las culturas y en todas las épocas de la historia. En consecuencia, y
con el fin de no sacar conclusiones demasiado precipitadas (y seguramente
inadecuadas) para nuestra vida y nuestros problemas, lo primero que tenemos que
hacer al leer la Biblia es intentar descubrir cómo era la sociedad de su
tiempo. Solo entonces el texto recobra su verdadero sentido.
Debemos proceder del siguiente
modo:
1. Descubrir los contextos
históricos
En primer lugar, debemos
preguntarnos si detrás del texto que leemos es posible adivinar la existencia
de uno o varios contextos históricos.
¿Qué queremos decir con ello?
Existen en la Biblia escritos que reflejan exclusivamente una época concreta.
Por ejemplo,
cuando Pablo escribe a los
corintios, hacia los años 50, lo hace para hablar de los problemas de esa
comunidad en ese momento preciso. En cambio, cuando Lucas escribe su evangelio,
hacia los años 80, pretende narrar, por una parte, los hechos de la vida de
Jesús que se desarrollaron en Palestina en los años 30, pero, por otra, intenta
iluminar la situación y los problemas concretos de una comunidad cristiana de
cultura helenística en los años 80. Todo ello queda reflejado en el texto, que
combina por tanto dos trasfondos históricos diversos. De modo semejante
podríamos hablar de los relatos del Éxodo o de otras muchas páginas bíblicas.
2. La lectura del texto
a) ¿Qué dice el texto sobre
la sociedad de su época?
En este momento leemos el texto,
y solo el texto. No buscamos por ahora otras ayudas ni informaciones
suplementarias. No consideramos aquí los rasgos originales y distintivos de
Jesús o de la comunidad cristiana, es decir aquello que pudiera parecer
chocante dentro de su propio contexto cultural, sino precisamente los elementos
comunes y compartidos por todos en la situación social del momento. Tratamos de
poner de manifiesto lo que el texto nos dice acerca de la sociedad de su época
en todos los ámbitos posibles: económicos, sociales, culturales, políticos,
religiosos..., buscando en él los indicios que puedan ayudarnos a responder a
estas cuestiones. Por ejemplo, leyendo las cartas de Pablo, encontraremos
multitud de datos sobre lo que sucedía en las ciudades helenísticas hacia la
mitad del primer siglo de nuestra era.
b) El «imaginario social»
Dando un paso más, tratamos de
comprender cómo las gentes de la época percibían y comprendían su propia
situación, su propia vida. A través de las actitudes, las palabras o los silencios,
se puede rastrear la mentalidad de entonces. A esta auto-comprensión se la
denomina técnicamente imaginario social Descubrirlo es fundamental para
ver si una determinada actitud o manera de actuar se corresponde con la
mentalidad ambiente o, por el contrario, contrasta profundamente con lo que
todo el mundo hace, dice o piensa. Por ejemplo, leyendo el diálogo de Jesús con
la Samaritana (Jn 4), advertimos los prejuicios sociales existentes en la época
por causas étnicas, religiosas (judíos-samaritanos), o sexistas
(varones-mujeres). En este trasfondo, el comportamiento de Jesús cobra toda su
fuerza.
Naturalmente, un tipo de
acercamiento como este necesita un cierto entrenamiento. Puede ser que en una
primera lectura superficial no sepamos encontrar ninguna alusión a la situación
política o económica de la época. Es verdad que los textos bíblicos no fueron
escritos con la intención primera de ofrecer datos sociales o culturales.
Además, nadie se entretiene en explicar detalladamente a sus contemporáneos lo
que es patrimonio común, y está en la cultura ambiente por todos conocida y
asimilada. Por eso, muchas informaciones de este tipo están implícitas pero, a
menudo, y sin pretenderlo directamente, el autor bíblico nos ofrece datos muy
valiosos. Bastaría con que, poco a poco, educásemos nuestra manera de leer,
planteásemos al texto las preguntas correctas y nos acostumbrásemos así a
entresacar informaciones que habitualmente no llaman nuestra atención.
3. Estructuración de lo que se
ha descubierto
Tratamos después de organizar
todos los datos que se han descubierto, procurando agruparlos por capítulos:
economía, política, cultura, religión, relaciones sociales, vida cotidiana,
relaciones hombre-mujer, etc. La lectura del texto puede sugerirnos otros aspectos
a considerar.
4. Búsqueda de informaciones
complementarias
Es el momento de completar
nuestra investigación con otras informaciones suplementarias que podemos
obtener consultando materiales diferentes, según nuestro nivel de capacitación:
notas de la Biblia, textos bíblicos paralelos, textos extrabíblicos
contemporáneos, comentarios, diccionarios bíblicos, mapas, artículos
especializados...
Segunda lectura:
Descubrir el «mensaje» del texto
Una vez que hemos tratado de
precisar la situación social y el contexto histórico que está detrás de un
determinado texto bíblico, estamos en condiciones de preguntarnos cuál es su
mensaje, entendido no como lo que el texto pueda sugerirnos a nosotros, que lo
leemos a tantos siglos de distancia, sino precisamente según lo que quería
decir a los hombres y mujeres de la época en que fue escrito y, más en
particular, a sus primeros destinatarios, es decir, a la comunidad de creyentes
a la que fue dirigido por primera vez. Para ello es necesario tener muy
presente lo que hemos descubierto en el paso anterior.
Esta tarea no es un fin en sí
misma. No queremos leer la Biblia como puros historiadores, simplemente
interesados en saber lo que sucedía en épocas pasadas. Lo que nos interesa en
realidad es aclararnos sobre nuestra propia vida, pero nos será imposible si
antes no nos tomamos en serio el trabajo de ver cómo intentaban responder a sus
interrogantes más profundos las gentes de la Biblia. Y eso no lo podemos hacer
desde nuestros presupuestos, sino desde los suyos. Por eso, no debemos
proyectar sobre el texto bíblico nuestras propias ideas o prejuicios, para
encontrar en él lo que en realidad andábamos ya buscando de antemano, sino que
más bien debemos dejarnos impresionar por su originalidad, respetándolo en su
distancia y autonomía respecto a nosotros.
Para ello podemos ayudarnos de
algunas preguntas clave, pues saber preguntar a un texto es ya garantía de
poder obtener buenas respuestas del mismo:
- En un primer momento (sobre
todo si no tenemos idea alguna sobre lo que leemos), es mejor comenzar
planteando preguntas muy generales como, por ejemplo: ¿quién actúa?, ¿quién
habla?, ¿qué hace?, ¿qué dice?, ¿a quién?, ¿cómo?, ¿por qué?...
Por muy sencillas que parezcan
estas cuestiones, a menudo nos permitirán realizar una serie de importantes
descubrimientos. Quien esté más entrenado podrá obviarlas para no prolongar
inútilmente el proceso de lectura.
- Para quienes tengan más
práctica, es mejor utilizar una serie de códigos, es decir, clases de preguntas
que deberemos seleccionar en atención al tipo de texto (narrativo, epistolar,
poético...):
El código de actuación: ¿Quiénes
son los personajes?, ¿qué hacen?, ¿qué dicen?, ¿qué relaciones existen entre
ellos?, ¿existen oposiciones?, ¿y alianzas?...
El código cronológico: ¿Qué
indicaciones de tiempo ofrece el texto?, ¿en qué momento?, ¿tienen algún
sentido particular o relevante?...
El código topográfico: ¿Qué
indicaciones de lugar se dan?, ¿hay desplazamientos espaciales?, ¿en qué
momento se mencionan?...
El código analítico: ¿Ofrece
el texto algunos indicios del análisis que los actores hacen de su situación o
de la situación global?...
El código estratégico: ¿Existen
indicios de que los actores sigan una determinada estrategia con su. manera de
actuar?
- El estudio del vocabulario es necesario para
descubrir los intereses y acentos de un texto: ¿Qué palabras aparecen más
frecuentemente?, ¿en qué lugar del texto aparecen?, ¿con qué otras palabras del
texto están asociadas u opuestas?...
- La evolución dentro del texto: Es preciso
analizar, especialmente en los textos narrativos, cuál la sido la
transformación operada entre la situación inicial (descrita generalmente al
principio del texto) y la situación final. Todo ello nos proporcionará indicios
valiosos sobre el sentido del texto.
- ¿Quién habla a quién? Ver si
el texto está escrito en tercera persona (como los relatos), o si emplea otras
personas y el valor que pueda tener esa utilización en cada caso.
Tercera lectura:
Descubrir la relación con el
momento actual
Si leemos la Biblia no es para
hacer arqueología, ni simplemente para acumular un montón de informaciones
sobre culturas y sociedades del pasado. Nos interesa sobre todo iluminar
nuestra propia vida y dar respuesta a nuestros interrogantes más profundos.
¿Por qué, entonces, todo el amplio rodeo que hemos realizado hasta llegar aquí?
Ya lo hemos dicho más arriba: para evitar hacer aplicaciones a nuestra vida
demasiado inmediatas, espontáneas e ingenuas, que seguramente resultarían
desenfocadas o francamente erróneas.
En esta tercera etapa lo que
pretendemos es aplicar lo que hemos descubierto hasta ahora a nuestra situación
actual, no de un modo mecánico, que resultaría imposible, pues seguramente nos
hemos dado cuenta de cuántas cosas han cambiado desde entonces hasta hoy, sino
de un modo creativo. Se trata de dialogar con las gentes de la Biblia para
descubrir aquello que ha iluminado su experiencia como creyentes, de modo que
nosotros podamos «traducirlo» para aplicarlo a nuestra situación y a nuestro
mundo.
Para ello también podríamos
ayudarnos de ciertas preguntas de tipo general: ¿En qué se asemeja lo que
hemos leído a nuestra situación actual? ¿En qué se diferencia? Preguntas
como estas nos ayudarán a descubrir los puntos de contacto entre nosotros
y las gentes de la Biblia, pero
también las grandes diferencias. Solamente haciéndonos conscientes de esta
distancia podremos llevar a cabo una actualización adecuada. Podría ser que en
este momento tuviésemos la impresión de que nada ha cambiado desde entonces, o bien
de que entre nuestra situación y la suya no hay posible punto de contacto.
Ambas conclusiones son desenfocadas. Poco a poco aprenderemos a situarnos en el
punto justo.
También pueden plantearse
preguntas más específicas, adaptadas a la naturaleza de cada texto. Por
ejemplo, si se trata de un texto que habla de la violencia (Caín y Abel),
deberemos reflexionar sobre ese tema e iluminar nuestra situación actual a la
luz de ese determinado pasaje bíblico.
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
Primera lectura: Descubrir la
sociedad del tiempo de la Biblia
- Los contextos
históricos: ¿uno o varios?
- La lectura del texto:
a) ¿Qué dice el texto de la
sociedad de su época?
b) El «imaginario social».
- Estructuración de lo que se ha
descubierto.
- Búsqueda de informaciones
complementarias: notas, comentarios, artículos..
Segunda lectura: Descubrir el
«mensaje» del texto
- Preguntas generales.
- Códigos.
- Estudio del vocabulario.
- La evolución dentro del texto.
- ¿Quién habla a quién?
Tercera lectura: Descubrir la relación
con el momento actual
- Preguntas de tipo general.
- Preguntas más específicas.
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Es evidente que este itinerario
privilegia muy especialmente el análisis detallado del texto bíblico. Su
objetivo principal es enseñarnos a «leer» un determinado pasaje, para lo cual
no basta con comprender materialmente las palabras de que consta, sino que es
necesario saber qué sentido tenían en el contexto histórico, social, político,
cultural, etc., en el que ese texto ha nacido. Este método pretende ayudar a
este conocimiento, lo que constituye sin duda su mayor utilidad y, a la vez, su
dificultad más notable.
Para llevar a cabo esa tarea, el
Centro de Formación Cardijn (CEFOC) propone una serie de interesantes
sugerencias que son, en el fondo, maneras sencillas o simplificadas de aplicar
ciertos instrumentos usados por diferentes metodologías científicas de
interpretación bíblica: método histórico-crítico, narratología, análisis
estructural, etc.
Su intención, con todo, no es la
de quedarse en el puro estudio del texto, sino la de iluminar la vida y dar
respuesta, dentro de lo posible, a las preguntas fundamentales que todos nos
hacemos. Pero para ello interpone una serie de instancias críticas a fin de
evitar lecturas o actualizaciones demasiado ingenuas o fundamentalistas.
La dimensión grupa! es
explícitamente requerida como un elemento más para procurar la objetividad de
la interpretación que se persigue. Trabajando juntos se evitan mejor los
subjetivismos y se enriquece el análisis por las aportaciones de todos.
La dimensión creyente, al menos
a primera vista, no aparece especialmente subrayada (carece, por ejemplo, de un
momento dedicado a la oración). Dependerá sobre todo del horizonte en el que
las personas que lo utilicen se planteen sus preguntas vitales. Si este
horizonte no es el de la fe, no por ello el método pierde su gran interés y
utilidad. Muchos elementos del mismo siguen siendo bien aprovechables, aunque
se sitúen en otra dimensión.
A pesar de que este itinerario
se presenta a sí mismo con el deseo de que pueda ser utilizado por una
amplia gama de personas, no parece esto sencillo de lograr, particularmente si
se trata de grupos de gente con formación elemental, o de quienes, poseyendo
una formación superior, no hayan sido introducidos con cierta profundidad en el
mundo de la interpretación bíblica. En cualquier caso, y aun contando con un
cierto entrenamiento, la presencia de un experto o de un animador con
capacitación bíblica suficiente parece imprescindible.
La existencia de una biblioteca
medianamente dotada será también un apoyo necesario para quienes utilicen este
itinerario. De otra manera, es de suponer que muchos se desanimen ante los
previsiblemente escasos resultados iniciales.
Los instrumentos facilitados por
este método del CEFOC favorecen sobre todo el análisis de textos narrativos.
Deberían completarse con otros que facilitasen el estudio de otro tipo de
textos (epistolares, oratorios, poéticos...).
9.-
MIRAR EN EL ESPEJO DE LA VIDA
El inspirador de este itinerario
es un grupo interconfesional de animación bíblica de Brasil, cuyo miembro
más conocido y representativo es Carlos Mesters.
Es fruto de la reflexión
realizada por este grupo en los últimos años, partiendo de la realidad de los
grupos bíblicos en Brasil y las necesidades de sus gentes.
Este método se basa en la
convicción de que Dios habla desde los acontecimientos, las cosas y las
personas; por tanto, es necesario «revelar a Dios presente hoy en la vida del
pueblo», un pueblo que tiene experiencia de Dios. Esta experiencia lo capacita
para leer los textos bíblicos, descubriendo en ellos un sentido para la vida
actual, aunque los separen circunstancias de todo tipo.
El nombre de este itinerario
(Mirar en el espejo de la vida) brota de los dos elementos que lo articulan
y dan vida:
- Partiendo de la propia
situación, preguntar al texto bíblico.
- Desde el texto bíblico,
aclarar la situación actual de la vida.
La sencillez y pedagogía de este
método está ayudando a las comunidades de base a acercarse con profundidad a la
Biblia, y a leerla como Palabra de Dios actualizada.
ITINERARIO
Está inspirado en los cuatro
pasos que se descubren en el pasaje de los discípulos de Emaús (Lc 24,13-35):
1) Partir de las preocupaciones
de la vida: «¿De qué vais hablando
por el camino?».
2) Buscar luz en la Biblia para
iluminar esas preocupaciones: «Les explicó las Escrituras».
3) Encuentro celebrativo: «Lo
reconocieron al partir el pan».
4) Compromiso de vida: «En
aquel mismo instante se pusieron en camino».
Apertura
Se inicia la reunión con un
canto, unas palabras de acogida, una reflexión, para ser conscientes de la
presencia de Dios entre nosotros, para pedir su Espíritu....
Primer paso: Partir de un hecho
de vida
Este método gira en torno a la
importancia que tiene acercarse a la Palabra de Dios teniendo en la mente los
interrogantes que la vida plantea a la gente. Es lo que hizo Jesús al
interesarse por la conversación de los dos discípulos (Lc 24,17).
Lo que se pretende en este
primer momento es que los participantes compartan en el grupo alguna de las
preguntas que la vida suscita en cada uno de ellos. De esta manera, se preparan
para poder entender plenamente la respuesta que da Dios en la Biblia.
En estos momentos la labor del
animador es ambientar brevemente el inicio del encuentro bíblico. Comienza
centrando la atención de los participantes en el título de la ficha de lectura,
que debe haberse preparado previamente. Es importante que el título de la misma
sea sugerente. Por ejemplo, si se va a leer el pasaje de Caín y Abel (Gn
4,1-16), el título de la dicha de lectura podría ser: «Caín y Abel. ¿Cómo crear
fraternidad entre nosotros?». A la presentación del título sigue una breve
introducción, que alerta sobre las dificultades para lograr la fraternidad, y prepara
la pregunta que abrirá el tema de reflexión: «¿Por qué es tan difícil vivir
como hermanos?»
En este primer momento caben dos
opciones: a) lanzar la pregunta después de describir un hecho de vida,
sencillo e inteligible, que es o puede ser real; o b) proponer un problema
concreto y ofrecer algunas respuestas, invitando a los participantes a que las
discutan, ofreciendo sus propias respuestas. Por ejemplo, en el supuesto de que
estemos trabajando el pasaje de Caín y Abel, algunas respuestas que dan otros a
la pregunta de por qué es tan difícil vivir en fraternidad, pueden ser:
- «Es por nuestro egoísmo. Cada
uno solo piensa en sí mismo».
- «No basta la buena voluntad.
Es problema de carácter y de familia».
- «Es la política. Cuando la
política entra, divide a la comunidad».
- «Incluso a los primeros
cristianos les era difícil. Es “defecto de fabricación”».
Y a continuación proponer que
los miembros del grupo digan su opinión sobre las respuestas dadas y den las
suyas: Vamos a conversar sobre todo esto: ¿Qué piensas de cada una de estas
respuestas? ¿Qué respuestas damos nosotros a esta pregunta?
La dinámica de este primer
momento es, pues, muy sencilla:
- Breve intervención del
animador situando el tema.
- Presentación y discusión de la
pregunta relacionada con la vida.
Este primer paso puede tener una
duración de unos 15 minutos.
Segundo paso: Meditar la Palabra
de Dios
Este método considera que los
escritos bíblicos son el resultado de unos hechos vividos desde la fe en el
seno de una comunidad. Partiendo de tal convicción, en este segundo paso se
pretende conectar el mensaje bíblico con el presente. Tiene dos momentos
importantes:
- Ir al pasaje bíblico para
conocer fielmente la acción de Dios en el pasado.
- Relacionar las Escrituras con
la vida actual.
Después de una breve
introducción al pasaje bíblico por parte del animador, uno de los participantes
lo proclama. Se dejan unos momentos de silencio para que la Palabra de Dios
penetre en el corazón de los miembros del grupo. En estos momentos de silencio,
cada uno relee el texto y busca:
a) Comprender lo que dice. Para
ello se ayuda de dos o tres preguntas que aparecen formuladas en la hoja que se
repartirá al comienzo de cada sesión. Por ejemplo, siguiendo el pasaje de Gn
4,1-16, podrían formularse preguntas como estas:
¿Por qué motivo Abel fue
asesinado por Caín?.
¿Con qué palabras expresa
Caín que el hombre no quiere ser responsable de su hermano?.
b) Comprender qué me dice. Una o
dos preguntas ayudan a enlazar la Palabra de Dios con la vida que vivimos. Por
ejemplo:
¿De qué modos el individuo se
desentiende hoy de su hermano?
¿Cómo ilumina este texto el
dialogo que mantuvimos al principio, cuando hablábamos de por qué es tan
difícil vivir como hermanos?
Tras esos momentos de silencio
reflexivo, los participantes responden en el grupo a las cuestiones formuladas.
Entre todos intentan encontrar, desde la Palabra de Dios, una respuesta a la
pregunta que la vida suscitó en ellos.
Aquí es importante la figura del
animador. No es quien más habla, o más sabe, sino el que ayuda al grupo a
descubrir el mensaje de la Palabra de Dios. Su labor será la de acompañar
evitando la dispersión, la discusión vana, los silencios vacíos...
La duración de este paso puede
ser de unos 30 minutos.
Tercer paso: Celebrar la Palabra
La celebración y la fiesta son
fundamentales en este método. En ellas se comparten las luces y las sombras,
los hallazgos y las búsquedas. Como lo hicieron Jesús y los dos de Emaús al
compartir el pan cenando juntos (Lc 24, 29-30).
El animador puede introducir
estos momentos de oración con unas breves palabras. Por ejemplo, siguiendo con
el pasaje del enfrentamiento entre Caín y Abel, este tercer paso puede
introducirse con estas palabras: «Jesús dice: 'antiguamente se decía: amarás a
tu prójimo y odiarás a tu enemigo; pero Yo os digo: amad a vuestros enemigos y
orad por los que os persiguen'» (Mt 5,43-44). Él nos dio ejemplo de cómo vivir
en fraternidad. Vamos a unimos a Él y expresar en forma de preces las
intenciones y los sentimientos que en estos momentos tenemos en nuestro
corazón».
Después invita a asumir juntos
un compromiso de vida a partir de la Palabra oída y meditada.
Se reza un salmo apropiado. Para
el tema que estamos tratando, puede rezarse el Sal 15, que expresa la
convicción de que sin amor al prójimo no es posible aproximarse a Dios.
Se puede concluir la celebración
con un canto.
Este último paso puede durar
unos 15 minutos.
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
Apertura
- Acogida.
- Canto Inicial,
invocación al Espíritu Santo.
Primer paso: partir de un hecho
de vida
- Leer el título de la ficha de
lectura. Breve introducción.
- Lanzar la pregunta
relacionada con la vida.
- Discutir las respuestas.
Segundo paso: meditar la Palabra
de Dios
- Introducción al pasaje.
- Proclamación del pasaje.
- Momento de silencio.
- Responder juntos a las
preguntas.
- Descubrir el mensaje del texto
y su relación con la vida.
Tercer paso: celebrar la Palabra
de Dios
- Unidos a Jesús formular las
preces.
- Asumir juntos un compromiso
concreto.
- Rezar un salmo apropiado.
Conclusión:
- Oración o canto final.
VALORACIÓN
Es un itinerario de
lectura muy sencillo, perfectamente adaptado a gente que comienza.
En él se valora, principalmente,
la referencia a la vida. De la vida se parte para buscar en la Biblia una
iluminación, y a ella se vuelve para vivir como cristianos comprometidos. El
vínculo vida-Biblia se establece y se orienta por medio de preguntas.
No obstante, a pesar de que la
referencia a la vida es el aspecto más valorado, cada reunión atiende también
al texto bíblico, a la oración, al compromiso.
El texto de la Biblia debe estar
bien preparado en la guía de lectura, con preguntas que orienten hacia lo
fundamental. También por parte del animador. En caso contrario, los textos
bíblicos quedarán como algo del pasado o aportarán el mensaje que más convenga
al grupo, sin respetar la experiencia de fe que está allí descrita. Hay también
peligro de espiritualizar y llegar a conclusiones que poco tienen que ver con
la vida.
La dimensión comunitaria es
también muy valorada. En el grupo se comentan los interrogantes que la vida
suscita en los participantes, en el grupo se lee y se reflexiona la Palabra de
Dios, en el grupo surge el compromiso con la vida,... Además, el partir de un
hecho de vida iguala a todos los participantes desde la base, pues todos
tenemos vida que comunicar. Así comunidad y vida aparecen interrelacionados en
este método de lectura: es la vida la que forma comunidad y crea el grupo; es
la comunidad la que, desde una mirada de fe, juzga y se compromete en la vida.
Queda bien situada la dimensión
de fe. Su principal manifestación es el aspecto celebrativo. Hacia ella se
dirige y orienta la reunión. Es a la vez el punto de llegada de las
experiencias y el lugar de partida hacia la vida.
Este tipo de lectura requiere un
animador con competencia para guiar la reunión. Los iniciadores de este método
señalan que no es necesario que sea un experto en Biblia, pero sí es importante
que prepare con anterioridad los itinerarios de lectura, que haya
reflexionado el pasaje de cada sesión... Debe intentar que todos se sientan a
gusto, lograr que poco a poco todos los participantes vayan hablando y digan lo
que piensan. Él es algo así como el guardia de tráfico: guía la reunión para
que pueda llegar a la meta deseada, sin equivocarse de camino, ni meterse en
callejones sin salida. Pero no necesita saberlo todo. Si en el grupo surge una
pregunta sobre el texto que no se sabe responder, puede acudir a alguien que
conozca bien la Biblia y pueda ayudarle.
Los iniciadores del itinerario
señalan que el esquema de este método no es una camisa de fuerza, sino una
pista de trabajo: por un lado, el grupo debe tener la suficiente libertad de
alterar lo que crea conveniente para su mejor encuentro con la Palabra de Dios;
por otra, el esquema indica el rumbo que no debe abandonarse sin motivo
suficiente.
FICHA
DE LECTURA
¿DÓNDE
NOS SALE DIOS AL ENCUENTRO? (1 Re 19,1-13)
Apertura
Acogida del animador Canto:
«¿Dónde vives, Señor?»
Primer paso: Partir de un hecho
de vida
Vamos a reflexionar sobre el
profeta Elías. Está escrito en el título: «¿Dónde nos sale Dios al
encuentro?». A veces imaginamos a los santos y a los profetas como personas
que nunca tuvieron momentos de flaqueza y oscuridad. Pero ellos, como todos
nosotros, pasaron por momentos difíciles y de desánimo, momentos en los que
Dios parecía estar ausente.
Si preguntamos a la gente
«¿Dónde nos sale Dios al encuentro?», se nos darán muchas respuestas. Antes
de dar la nuestra, vamos a oír algunas de las que se dan por ahí:
- Cuando un pobre llama a mi
puerta, me digo: «Es Dios el que llama».
- Dios no existe, porque no sale
en la televisión.
- La playa, el mar, la
montaña... ¡todo me habla de Dios!
- Dios habla en la Biblia, en la
Iglesia, en las personas santas.
Vamos a conversar juntos:
¿Qué piensas de cada una de
estas respuestas?
¿Dónde dices tú que Dios nos
sale al encuentro?
Segundo Paso: Meditar la Palabra
de Dios: 1 Re 19,1-13
El texto que vamos a escuchar
ahora describe cómo Elías tuvo miedo de que lo mataran y huyó. Buscó a Dios en
el terremoto, en el fuego, en la tempestad, y no lo encontró. Dios se hizo
presente de una manera bien diferente a como Elias esperaba.
- Proclamación de 1 Re 19,1-13.
- Momento de silencio.
- Respondemos juntos:
¿Dónde esperaba Elias que se
manifestara Dios? ¿Dónde lo encuentra?
¿Dónde buscamos hoy señales
de Dios? ¿Dónde nos sale Él al encuentro? ¿Cómo ilumina este texto el diálogo
inicial que mantuvimos?
Tercer Paso: Celebrar la Palabra
de Dios
Jesús también tuvo momentos
difíciles. Fue en el huerto de los Olivos y en la cruz. Vamos a unirnos a Él y
a expresar en forma de oración espontánea los sentimientos que en este
momento tenemos en nuestro corazón.
En la presencia de Dios, vamos a
formular y asumir juntos un compromiso concreto.
Vamos a rezar juntos el salmo 8.
Nos habla de la grandeza de todo lo creado. El creyente ve en todo reflejada la
mano de Dios.
Canto final: «¿Dónde vives,
Señor?»
10.-
TU PALABRA ES VIDA
1. PRESENTACIÓN
Este método de lectura fue
presentado en 1992 por la Conferencia de Religiosos de Brasil (CRB) como
programa para la formación de religiosos y religiosas en América Latina. Fue
ideado por un equipo brasileño de reflexión bíblica, y se encuentra expresado
en varios volúmenes de la colección Tu Palabra es Vida», que hace un recorrido
por toda la Biblia.
Se trata, pues de un estudio
sistemático de la Sagrada Escritura. El trabajo se realiza de modo personal y
grupal. Para el trabajo personal, se ofrecen ayudas que, a modo de exposiciones
temáticas, profundizan determinados aspectos, sugeridos por el texto bíblico
utilizado en el trabajo grupal. Para el trabajo en grupo, hay fichas de lectura
en las que se reflexiona sobre un pasaje bíblico, normalmente de una cierta
longitud.
El objetivo último, tal como el
equipo lo formula es: «con ayuda de la Biblia, descubrir, asumir y celebrar la
Palabra de Dios que interpela a nuestra vida hoy». Es decir, partiendo de la
vida, busca aprender a leer la Palabra de Dios; ayudar a los religiosos/as para
que pongan la Palabra como corazón y fuente de su vida y misión en la Iglesia.
Aunque orientado a religiosos y
religiosas, consideramos que este método es válido para todos los cristianos
que quieran leer, orar y estudiar personal y comunitariamente la Biblia.
ITINERARIO
El presente itinerario
básicamente lee la Palabra según la Lectío divina, sin olvidar la mirada
a la vida. Parte de una mirada a la realidad que vivimos hoy, luego sigue los
cuatro puntos básicos de la Lectio divina (lectura, meditación, oración,
contemplación). Los iniciadores de este método insisten en que son «actitudes
básicas que todos debemos tener siempre ante la Palabra de Dios». Estos cuatro
puntos recorren interiormente el estudio del pasaje y la celebración final de
la Palabra.
Las tres preocupaciones básicas
que lo guían son:
a) tener en cuenta la
realidad humana de hoy;
b) llevar en los ojos la fe
de la comunidad:
c) respetar profundamente el
texto bíblico.
Estos tres puntos están insertos
en la Lectio divina a través de la lectura, que toma en serio el texto;
en la meditación, partiendo de la realidad y retornando a ella; en la oración,
que mantiene viva la fe de la comunidad; finalmente en la contemplación, que es
el arte de saborear las cosas de Dios en la vida, y surge cuando se descubre la
Palabra de Dios presente en lo cotidiano.
El servicio del animador se
puede desempeñar mediante turnos rotativos. Todos, o casi todos los miembros
del grupo, pueden realizar este servicio. Es una forma de que todos los
componentes se impliquen y de que, fallando el animador, el grupo pueda
continuar adelante.
El tiempo estimado para cada
sesión es de 60 a 90 minutos, y el número ideal de componentes del grupo para
este itinerario, es de unas 8-10 personas.
Apertura: Compartimos
Cada reunión se inicia con unos
breves momentos en los que cada miembro del grupo comparte espontáneamente con
los demás sus impresiones sobre el libro bíblico que se está reflexionando en
privado y trabajando en el grupo. Este compartir inicial ayuda a crear el clima
y presentar las primeras impresiones nacidas de la lectura del texto. Después,
a lo largo de la reunión, cada participante podrá explicar mejor sus opiniones
y vivencias a sus compañeros de grupo.
Este primer momento, que debe
ser breve, finaliza con una oración espontánea o una invocación al Espíritu
Santo.
Primer paso: Partir de la
realidad de hoy
Se trata de tomar conciencia de
algún aspecto de la realidad actual que deba ser iluminado por la Palabra de
Dios que se va a leer. Tiene dos momentos:
- Una breve introducción para
unir el tema de la reunión con la realidad de hoy. Por ejemplo, estamos
trabajando la pasión y muerte de Jesús a partir de Mc 15,1-47. En esta
introducción, el animador presenta la cruz como la pena destinada por los
romanos para los elementos subversivos de la sociedad. Presenta también señales
de pasión y muerte en nuestras culturas de hoy.
- El animador después lee las
preguntas que parten de la vida y que servirán para una primera focalización
del tema sobre el que se va a reflexionar. Por ejemplo: ¿Quiénes son los
crucificados de hoy?, ¿acompaña alguien a estos crucificados?
Segundo paso: Estudiar y meditar
el pasaje
- Proclamación del pasaje. Primero
se lee en voz alta, y luego se dejan unos momentos de silencio para releerlo
individualmente. Así la Palabra de Dios va calando en nuestro interior.
- Estudio y meditación del
pasaje. Se trata de entrar en el pasaje teniendo en cuenta tres niveles:
literario, histórico y teológico. Sin embargo, las preguntas son solo
sugerencias, líneas que invitan a caminar por el texto. El animador inicia cada
nivel con una breve introducción y sitúa las preguntas.
- Mirar el pasaje más de
cerca (nivel literario). Se pretende un análisis sencillo del pasaje.
Algunas preguntas ayudan a entrar en el lenguaje, género literario,
contenido... El grupo puede formular otras. El animador dice, por ejemplo: «El
texto que estamos estudiando describe el proceso de la pasión y muerte de
Jesús. Es un texto popular, transmitido oralmente por las primeras comunidades.
En él se mezclan el hecho histórico de Jesús crucificado y la relectura hecha
por los primeros cristianos a la luz de la Pascua y del Antiguo Testamento.
Vamos a examinar de cerca esta relectura:
¿Cuáles son los personajes
que aparecen y qué hace y dice cada uno? Con ayuda de los lugares paralelos
de tu Biblia, ¿podrías descubrir algunos pasajes sacados del Antiguo
Testamento?»
- Mirar la situación del
pueblo (nivel histórico). El objetivo aquí es conocer la situación
histórica en la que surgió el texto. También aquí el animador presenta una
breve introducción. Algunas preguntas ayudan a penetrar en este nivel desde
distintos ángulos: cultural, religioso, económico, social, político e
ideológico. El animador puede decir, por ejemplo: «Jesús se enfrenta a los
poderosos, a quienes no les gustaba su anuncio ni su práctica liberadora. Se
sentían incómodos con ella, por eso pretenden callar a Jesús condenándolo a
muerte.
¿Cómo se refleja en el texto
la organización política y religiosa de la época (autoridades, instituciones...)?
Según el texto, ¿cuál es la causa de la condena de Jesús?.
En este punto se busca
distinguir, siempre que sea posible, entre la época en la que ocurrió el hecho
que describe el pasaje y la época en la que vive el autor del mismo. Por
ejemplo, el libro de Ruth se sitúa, según Rut 1,1 «en tiempo de los jueces»,
mientras que el libro fue escrito en realidad en la época postexílica.
- Escuchar el mensaje del
texto (nivel teológico). Se busca descubrir el mensaje que tenía el pasaje
para el pueblo de aquel tiempo y poder después extraer su mensaje y sentido
para nosotros hoy. Las guías de lectura orientan al grupo a buscar el mensaje y
la actualización del pasaje o libro mediante preguntas. Son también importantes
las introducciones a estas preguntas del animador. Por ejemplo: «Este texto es
un testimonio vivo de un hombre que llevó su fidelidad al Dios de la vida hasta
el extremo. Por su opción se enfrentó a una sociedad injusta, y sufrió el
nacionalismo del pueblo, la incomprensión de sus seguidores, e incluso llegó a
ser crucificado como un maleante. Este hombre muere gritando en la cruz: 'Dios
mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?' (Mc 15,34). Un hombre así solo
puede ser Dios (Mc 15,36).
¿Qué sostiene a Jesús en su
camino hasta la cruz? La cruz aparece inevitablemente en la vida de quien
sigue a Jesús hasta el fin. ¿Cómo aparece la cruz en nuestra vida? ¿Y en la
vida de la gente que nos rodea?»
Tercer paso: Celebrar la Palabra
La celebración de la Palabra es
el punto culminante de la reunión. Es donde el grupo puede y debe ser más
creativo. Se ofrecen, sin embargo, una serie de sugerencias estructuradas en
varios momentos:
- Compartir cómo este encuentro
nos ha iluminado y fortalecido.
- Expresarlo en forma de acción
de gracias.
- Manifestar en forma de
ofertorio el compromiso asumido.
- Mediante cantos o salmos
apropiados pedir a Dios la gracia y la fuerza para cumplir y practicar su
Palabra.
- Buscar una frase, puede ser de
la propia Biblia, que resuma lo descubierto, vivido y asumido por cada uno de
los participantes.
Cada uno de estos pasos es
presentado con una monición por parte del animador.
Conclusión: Preparar el próximo
encuentro
En este momento se indica el
texto que se reflexionará en el próximo encuentro. Se recuerda también el día y
la hora en que tendrá lugar.
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
1. Compartimos
Compartir de modo espontáneo
2. Partir de la realidad de hoy
- Motivación del animador
- Preguntas
- Discusión en grupo
3. Estudiar y meditar el texto
- Proclamación del texto
- Estudio y meditación
Mirar el texto más de cerca
Mirar la situación del pueblo
Escuchar el mensaje del texto
4. Celebrar la Palabra
- Acción de gracias
- Compromiso
- Salmo o cántico apropiado
- Frase bíblica que resuma lo
descubierto.
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Este itinerario responde
a las claves de lectura que señalábamos en la parte introductoria:
Estudia y respeta el texto de la
Escritura que se lee, subrayando su condición de Palabra de Dios para nosotros
hoy, por lo que debemos colocarnos ante él en actitud atenta, respetando la
experiencia de fe que allí se describe. Sin embargo el estudio del pasaje que
se hace es bastante elemental.
La Biblia se relaciona siempre
con la vida a través del Dios de la vida. Por eso nos acercamos a la Biblia
hablando de la vida, y a ella se vuelve tras descubrir el mensaje del pasaje
estudiado. Si el autor toma posición en los conflictos de aquella época,
también debe hacerlo el lector de hoy.
Una experiencia de fe integrada
en la vida, pide llevar a esta la dimensión festiva y de celebración. También
la recoge este itinerario. Así lo celebrado entra en el corazón e implica a
toda la persona en el compromiso.
Finalmente, el factor
comunitario aparece destacado. En comunidad se ora, se reflexiona, se comparte
y se crece en la fe. A la comunidad se lleva lo estudiado; también las
inspiraciones personales para contrastarlas y ponerlas al servicio de la
comunidad. Con el presente método, fácilmente se hace grupo y se forma
comunidad, dado que en él no se comparten solo ideas, sino también vida.
Aunque fue proyectado para la
vida religiosa, el presente itinerario es válido para otros grupos cristianos
que quieran leer, orar, reflexionar y comprometerse en comunidad con la Sagrada
Escritura. Si bien el método puede resultar algo complicado para personas con
una formación elemental, o que se enfrentan por primera vez con la Biblia.
Puede resultar algo difícil
llevar adelante este tipo de estudio sin materiales ya preparados.
No es necesario que el animador
sea un experto en Biblia, aunque sí deberá preparar con esmero cada una de las
reuniones de grupo que ya se ofrecen elaboradas. Su función es guiar las
reuniones. A lo largo del itinerario hemos señalado su servicio expreso en
diversos momentos, concretamente en la transición de un paso a otro. Estas no
son para destacar la figura del animador. Son útiles para ir introduciendo cada
paso que da el grupo en el proceso de estudio - oración - reflexión, para
animar el diálogo y evitar la dispersión, para ir dando avance al itinerario.
FICHA
DE LECTURA
clamor y lamento. la realidad provoca crisis de
fe (Sal 44(43))
Compartimos
Estamos trabajando el libro de
Job. Vamos a iniciar este encuentro compartiendo brevemente lo que más nos ha
llamado la atención de nuestra lectura desde el encuentro anterior.
Invocamos la luz del Espíritu
Santo.
Primer paso: Partir de la
realidad
No siempre es fácil tener fe.
Hay muchos factores que pueden llevarnos a perder la fe en Dios y en los demás.
Hay quien dice: «si Dios existiera, no sufrirían tantos niños». La violencia y
la miseria en muchos lugares de nuestro mundo, nos obligan a preguntarnos:
«¿cómo puede permitir Dios algo así?». En bastantes circunstancias la Iglesia
se aferra a determinadas posturas, lo que lleva a algunos a desacreditar su esfuerzo
de renovación... ¡Hay tantos hechos que llevan a perder la fe!
- ¿Qué causa hoy crisis de fe
entre la gente? Señala causas internas y causas externas.
- ¿Cómo superas tú tus crisis de fe?
Nos preparamos para la lectura
del texto bíblico con un momento de silencio o con un canto.
Segundo paso: Estudiar y meditar
el pasaje
- Lectura del pasaje: Sal
44(43).
Proclamación ante el grupo.
Releer el salmo en silencio.
- Estudio del salmo.
Este salmo es una lamentación
colectiva (observa en el texto el uso del plural). En la Biblia, la mayoría de
las lamentaciones son individuales. No hay muchas lamentaciones colectivas.
¿Cómo dividirías el salmo?
¿Cuál es el término clave en
cada división?
- Mirar la situación del pueblo.
El salmo es un clamor. Refleja
una situación de crisis, probablemente de la época de los Macabeos, momento
histórico de persecución violenta (cf. 1 Mac 1,29-38). Muchos se preguntaban:
«¿Cómo Dios puede permitir una cosa así?». No comprendían lo que les estaba
ocurriendo (cf. Sal 44,21-22).
¿Cuál es la situación del
pueblo que aparece en este salmo?
¿Qué imágenes utiliza para
expresar esta situación?
¿Por qué se queja el
salmista?
- Escuchar el mensaje del salmo.
A pesar de la crisis, a pesar
del lamento, el salmo encierra un mensaje de esperanza. Vamos a intentar
descubrir la fuente de esta esperanza leyendo de nuevo el salmo y prestando
atención a los siguientes puntos:
¿Qué es lo que más llama tu
atención? ¿Por qué?
¿Cuál era el mensaje de este
salmo en aquel tiempo?
¿Podrías trazar el rostro de
Dios que aparece en este salmo?
Tercer paso: Celebrar la Palabra
- Compartamos lo que hemos
descubierto y agradezcamos a Dios el don recibido.
- Asumamos juntos un compromiso
para poner en práctica la Palabra que hemos meditado.
- Recemos de nuevo el salmo,
pensando en el pueblo que vive en el cautiverio. Después de haberlo recitado,
vamos a repetir los versículos que más han llamado nuestra atención,
actualizándolos.
- Resumir en una frase lo que
hemos descubierto. Esta frase nos servirá como recuerdo y oración hasta el
próximo encuentro.
11.-
LECTURA CREYENTE DE LA BIBLIA
Este itinerario de
lectura, propuesto por el Equipo de Animación Pastoral de La Casa de la Biblia
(Madrid), parte de la vida para volver a ella, después de ser iluminada por la
Palabra de Dios. Nació de una reflexión en constante diálogo con la experiencia
de diversos grupos de lectura de la Biblia en diversas parroquias y movimientos
cristianos. La mayoría de estos grupos tenían un nivel cultural básico, y por
ello, aun sabiendo que en todo momento deben tenerse en cuenta los resultados
de la exégesis, este itinerario de lectura evita una aproximación a la
Palabra de Dios que sea excesivamente erudita y complicada.
Se apoya en tres claves:
- Es una lectura comunitaria, porque la misma
Palabra de Dios, fue escrita en y para una comunidad concreta. Esto exige una
actitud de apertura y sencillez, de aceptación de los demás y de entrega
generosa de sí mismo.
- Es, al mismo tiempo una
lectura creyente, porque la Biblia fue escrita para animar, fortalecer la fe de
unas comunidades que forman el Pueblo de Dios. Esta clave requiere de los
participantes una actitud de apertura a Dios, de fe en que hoy nos habla a
través de su Palabra, de las personas y acontecimientos de la vida.
- Y es, finalmente, una lectura
abierta a la conversión, porque la Palabra de Dios no es solamente para
escucharla, sino que pide una actitud abierta para dejarnos transformar por
ella.
ITINERARIO
Se inspira en los tres pasos de
la Lectio divina (lectio-meditatio-oratio), precedidos de una mirada a
nuestra vida, porque la Palabra de Dios siempre toca una experiencia concreta.
Así resultan cuatro pasos, a los que introduce una pequeña ambien-tación
o un canto.
Ambientación
El objetivo de esta ambientación
es ponernos en situación. Vamos a entrar en contacto con la Palabra de Dios y
queremos ser conscientes de ello.
Primer paso: Miramos nuestra
vida
El animador sitúa brevemente a
los participantes en lo que se va a hacer. Siempre se parte de una experiencia
de vida. De este modo todos los asistentes pueden participar, pues cuando se
empieza a hablar de teorías, muchos quedan excluidos de la conversación; en
cambio, cuando se trata de experiencias de vida, todos tienen algo que aportar.
Es fácil que haya gente -sobre
todo al principio- a la que le cueste hablar. En ese caso, el animador puede
plantear a un miembro del grupo la pregunta que se ha preparado para este
momento. Luego, el interpelado, después de responderla, se la hace a otro, y
así sucesivamente.
Es muy importante formular la
pregunta de manera que entronque con el mensaje de la Palabra de Dios que se va
a escuchar después. Por ejemplo, si se se va a reflexionar sobre el pasaje de
Is 11,1-9, la motivación inicial del animador podría ser la siguiente: «Cuando
encendemos cada día el televisor, se nos cuelan en casa un montón de
situaciones que pueden hacernos caer en el más negro pesimismo. Hemos de
reconocer que, a veces, nos cuesta mucho pensar que el futuro pueda traernos
algo mejor y -lo que es peor- nos convencemos de que poco o nada es lo que
nosotros podemos hacer».
La pregunta para entrar en
situación podría ser: ¿Conoces alguna persona que con su manera de ser y de
actuar esté haciendo posible un futuro mejor?
A partir de ella, los diversos miembros del
grupo comparten sus experiencias.
El animador ha de tener cuidado
de que no se alargue demasiado esta primera parte, pues no es más que una
manera de introducirnos en lo importante: la lectura de la Palabra de Dios y su
mensaje para nosotros. La duración aproximada de este primer paso puede ser de
15 ó 20 minutos.
Segundo paso: Escuchamos la
Palabra de Dios
Teniendo presente la pregunta a
la que hemos intentado responder, escuchamos con atención un pasaje de la
Biblia. El objetivo fundamental de este segundo paso es descubrir la
experiencia de fe que se encuentra reflejada en dicho pasaje. Para esto cada
uno de los participantes debe estar pendiente de descubrir qué dice el texto a
todos los niveles.
Es muy importante hacer un
momento de silencio antes de la proclamación, y que el pasaje elegido se lea
pausadamente para que todos puedan seguirlo bien. Después se invita a todos a
que vuelvan a leerlo personalmente en su Biblia, consultando las notas. Luego
se comparte lo que cada uno ha descubierto con ayuda de algunas preguntas que
el animador ha de preparar previamente. Estas preguntas tratan de centrar la
atención en el pasaje leído.
Como en el caso anterior, el
animador puede situar brevemente el pasaje que vamos a leer. Siguiendo con el
ejemplo antes citado, podría introducir la lectura con estas palabras:
«Pensemos que los tiempos en los que vivió el profeta Isaías no eran mejores
que los nuestros. También él conoció la violencia, la corrupción, la injusticia
y la opresión de los más débiles. Aquellos de los que más se esperaba (en su
caso, los descendientes de David), decepcionaron profundamente a Dios y a los
hombres. Ellos serán los mayores responsables del desastre de Jerusalén y de la
deportación a Babilonia. A pesar de todo, el profeta sabe tener ojos para la
esperanza».
Las preguntas para ayudar a
descubrir el mensaje de esta pasaje podrían ser estas:
¿Qué imágenes o símbolos
llaman tu atención en estas palabras de Isaías?
¿Qué cualidades tendrá, según
este texto, el rey mesiánico? ¿Cómo actuará? ¿Cuáles serán las consecuencias de
su actuación?
Una buena ayuda para el animador
es procurarse un material complementario con la explicación del texto. El
animador ayudará al grupo si antes ha preparado bien la reunión. Sin embargo ha
de tener cuidado en no anular las aportaciones del grupo. Solo debe hablar al
final para subrayar, valorar, completar y recoger lo que el grupo ha
descubierto. La duración aproximada de este segundo momento es de 20-25
minutos.
Tercer paso: Volvemos sobre
nuestra vida
En este tercer momento se trata
de relacionar con profundidad la experiencia de la que hemos hablado al
principio con la experiencia de fe que hemos descubierto al leer la Palabra de
Dios. Ha de ser una conexión sincera y desde la fe. Para ayudar a este diálogo,
el animador puede proponer una pregunta como esta: ¿Cómo te ayuda este
pasaje a comprender lo que puedes hacer para construir un futuro mejor?
En el diálogo entre nuestra
experiencia y la experiencia de fe que refleja la Palabra de Dios, pueden surgir
compromisos personales y de grupo. Es mejor que surjan espontáneamente. La
duración de esta tercera parte será, más o menos, de 15 ó 20 minutos.
Cuarto paso: Oramos
Todos los encuentros terminan
con una breve oración, relacionada con lo que hemos descubierto en la Palabra
de Dios para nuestra vida. Es bueno que el animador exponga brevemente el paso
que se va a dar: «Ha llegado el momento de expresar con nuestra oración aquello
que nos haya sugerido la lectura y meditación del pasaje de Isaías. Podemos
hacerlo primero con un momento de oración personal y recitando al final todos
juntos el salmo 72 (71)».
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
Ambientación
1) Miramos nuestra vida
- Motivación del animador
- Pregunta
- Diálogo en grupo
2) Escuchamos la Palabra de Dios
- Motivación del animador
- Momentos de silencio
- Proclamación del texto
- Reflexión individual
- Diálogo grupal
3) Volvemos sobre nuestra vida
- Motivación del animador
- Pregunta
- Diálogo en grupo
4) Oramos
- Motivación del animador
- Oración personal
- Oración comunitaria
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Como ya señalábamos en la
presentación, este método de lectura valora sobre todo la referencia a la vida
y la dimensión comunitaria. Se comienza haciendo presente la situación vital de
cada uno de los participantes y, tras la lectura de la Palabra de Dios, se
vuelve a la vida para que pueda ser interpretada desde la propia Palabra. Todo
este proceso de lectura se hace en comunidad, con el enriquecimiento y la ayuda
que esto supone.
Además, esta forma de leer la
Biblia en grupo tiene muy presente el respeto por el texto, insistiendo en que
la Biblia puede iluminar nuestra vida en todas sus dimensiones, pero leyéndola
siempre en su propio contexto, en su realidad cultural, social... La reflexión
sobre el texto que este método propone trata ante todo de descubrir la
experiencia de fe que transmite.
Finalmente, la dimensión de fe
está en el horizonte de todo el itinerario y se explícita en el momento final
de oración.
Quienes hemos elaborado este
método de lectura, pretendemos que sea accesible al mayor número posible de
personas, sea cual sea su clase social y nivel cultural. El estudio del texto
será más profundo donde haya un grupo de mayor nivel cultural. Pero es útil
incluso para personas que se acerquen por primera vez a la Biblia.
No es necesario que el animador
sea un experto en Biblia, pero sí que prepare con esmero las sesiones. Si
ocasionalmente en la reunión se plantea alguna cuestión, que ni el animador ni
el grupo son capaces de resolver, se puede acudir a un experto. Por ello es
conveniente que todos los grupos estén en contacto con algún experto, para
poder recurrir a él cuando necesiten aclaraciones o asesoramiento.
Este itinerario de
lectura de la Biblia puede parecer similar al propuesto por Carlos Mesters, Mirar
en el espejo de la vida, pero este método que estamos describiendo estudia
más el texto, que ocupa así un puesto más central en el conjunto.
FICHA
DE LECTURA
NO
HE VENIDO A LLAMAR A LOS JUSTOS, SINO A LOS PECADORES (Mc 2,13-17)
Ambientación
Entre todas las cosas que Jesús
hizo o dijo, hay una que fue considerada especialmente extraña y escandalosa
por la gente piadosa y religiosa de su tiempo: su costumbre de comer con
pecadores y gente de mala reputación. Entre ellos se contaban los publícanos o
recaudadores de impuestos. Tanto es así, que hay quien ha llegado a decir que a
Jesús lo mataron precisamente por eso, por su manera de comer, y por lo que
esta significaba.
Miramos nuestra vida
Hay personas a las que, casi de
un modo instintivo, marginamos o tachamos de «gentuza». Por nada del mundo nos
gustaría que nos vieran -ni a nosotros, ni a los nuestros- en compañía de
determinados individuos.
¿Podrías hacer una lista de
personas concretas a las que rechazamos o marginamos y las razones por las que
lo hacemos?
Comenta tu respuesta con los
demás miembros del grupo.
Escuchamos la Palabra de Dios
1. Conscientes de que Dios
quiere comunicarse con nosotros a través de su Palabra, que es «viva y eficaz»,
nos preparamos a escucharla con un breve momento de silencio, o con una
invocación al Espíritu Santo.
2. Proclamación de Mc 2,13-17.
3. Reflexionamos en silencio:
leemos de nuevo el pasaje personalmente y consultamos las notas.
4. Entre todos tratamos de
responder a estas preguntas:
- ¿Por qué critican a Jesús
los maestros de la Ley?
- ¿Cómo responde Jesús a esa
critica?
- ¿En qué consiste, según sus
propias palabras, la misión de Jesús?
Volvemos sobre nuestra vida
Intentamos descubrir ahora lo
que este pasaje del evangelio nos dice a nosotros en nuestra situación actual.
Podemos hacerlo a través de estas preguntas:
- ¿Nos comportamos a veces
como los maestros de la Ley?
- ¿Qué te sugieren,
personalmente y como miembro de una comunidad cristiana, las palabras de Jesús
en el v. 17?
Oramos
Expresamos en forma de oración
todo aquello que hemos meditado y dialogado a partir de la lectura de este
pasaje.
1. Volvemos a leer Mc 2,13-17.
2. Oración personal.
3. Oración comunitaria.
Nota: Es importante que el
animador haya preparado el segundo paso, leyendo un comentario al pasaje
elegido. De este modo podrá ayudar mejor al grupo a descubrir el sentido del
pasaje desde el que van a iluminar su propia experiencia. Para esta ficha de
lectura podría servir el siguiente:
Explicación de Mc 2,13-17
En la primera sección del
evangelio de Marcos (Mc 1,14-3,6) se hallan recogidas una serie de
controversias, provocadas por ciertos comportamientos de Jesús, que, a los ojos
de los maestros de la Ley y de los fariseos, resultan subversivos y peligrosos.
Entenderemos mejor este pasaje (lee Mc 2,13-17) si lo leemos a la luz del que
viene antes (Mc 2,1-12), pues también allí Jesús se presenta como médico (ya
que cura al paralítico) y con poder para perdonar pecados. El pasaje contiene
dos episodios bien diferenciados, aunque íntimamente relacionados entre sí:
Jesús llama al publicarlo Leví (Mc
2,13-14)
De nuevo nos encontramos con un
«relato de vocación». Aunque el relato sea mucho más sintético que el de la
llamada a los otros discípulos (Mc 1,16-20), no falta ninguno de los elementos
esenciales: Jesús se encuentra de nuevo a la orilla del lago,... pasa, mira,
urge al seguimiento,... Leví lo deja todo y sigue a Jesús.
El elemento novedoso y chocante
lo constituye el oficio de aquel a quien Jesús llama. Esta vez no se trata de
pescadores, sino de un pecador. Leví era un publicano, esto es, un recaudador
de impuestos, que probablemente ejercía su oficio en un puesto aduanero. Y ahí
radica precisamente el problema, porque estos pequeños funcionarios gozaban de una
pésima reputación, y eran considerados por todos como pecadores públicos, por
razón de su oficio.
No faltaban razones para ello.
Los publícanos realizaban su trabajo a beneficio de los romanos (que ocupaban
Palestina en tiempos de Jesús) y de sus aliados políticos dentro del país: los
herodianos. Además solían abusar de la gente, ya de por sí muy empobrecida,
cobrando más de lo debido, y así se enriquecían a costa de los más pobres. Eso
los hacía profundamente despreciables y eran tenidos por ladrones y tramposos.
Sospechosos de una falta total de honradez, muchos consideraban su
arrepentimiento prácticamente imposible.
Lo que llama la atención es que
Jesús llame precisamente a uno de estos. Enseguida él mismo va a
explicar por qué lo hace, pero, mientras tanto, la primera lección que podemos
sacar de este hecho es que la invitación de Jesús a seguirlo no depende en
absoluto ni de la bondad ni de los méritos acumulados por aquel que es llamado.
Ser discípulo suyo es un don, un regalo inmerecido.
Jesús come con los pecadores (Mc
2,15-17)
Seguramente para celebrar su
nueva vida, Leví organiza un banquete en su casa, al que invita a Jesús y a su
cada vez más numeroso grupo de discípulos. En esta fiesta no faltan tampoco los
amigos del anfitrión, gente de su misma calaña, como no podía ser menos:
publícanos y pecadores. De la mano de Leví, Jesús se introduce en un mundo
«contaminado». Pero él no tiene el mínimo inconveniente en sentarse a la mesa
con tan «malas compañías».
Naturalmente, este
comportamiento causó el escándalo y la protesta de los maestros de la Ley
(llamados también escribas), hombres doctos especializados en el estudio de la
Ley de Moisés, que regía toda la vida de los judíos. Y es que esta actitud de
Jesús socavaba en lo más profundo las tradiciones religiosas de Israel, que
invitaban a apartarse de los pecadores para mantenerse siempre puros en la
presencia de Dios. Cuestionaba de raíz todas las barreras sociales y religiosas
con que los hombres «piadosos» habían marcado muy claramente una línea
divisoria entre «buenos» y «malos», a partir de una interpretación rigorista de
la Ley.
Quizá sin atreverse todavía a
enfrentarse directamente con Jesús, los dirigentes increpan a sus discípulos
con una pregunta -acusación y seria advertencia a la vez- que pone a prueba su
fidelidad al maestro: «¿Por qué come con publícanos y pecadores?», que es lo
mismo que decir: «¿Cómo os atrevéis a seguir a un hombre que ataca tan
directamente con su comportamiento nuestras tradiciones religiosas y nuestras
señas de identidad como pueblo?». A los ojos de los escribas, Jesús es un
verdadero corruptor religioso.
Jesús justifica su
comportamiento recurriendo a un refrán, seguramente bien conocido en su
tiempo, y que se refiere a un hecho evidente: lo normal es que el médico se
encuentre atendiendo a los enfermos. Y de eso nadie debería escandalizarse. Es
su obligación. De este modo, está aludiendo a las profundas razones que mueven
su vida y su actuar. Habla de su misión, que no tiene como destinatarios a los
«justos» (los que se tienen por «buenos», por «sanos») sino a los «pecadores»
(que saben reconocer sus «enfermedades»). Los que se creen ya curados se
excluyen a sí mismos de esta posibilidad de sanación. En este sentido, las
palabras de Jesús resuenan con una cierta ironía, pues se dirigen a aquellos
que parecen tenerse a sí mismos por «justos», esto es, por perfectos
cumplidores de la voluntad de Dios.
En el fondo, lo que aquí está en
juego es una nueva imagen de Dios: no el Dios-vengador de maldades, que
necesita defenderse a sí mismo castigando y fulminando a los pecadores, sino el
Dios-médico, lleno de compasión y misericordia, que quiere curar las heridas
con las que el pecado nos ha marcado a todos en lo más profundo (lee Os 6,1-2),
para lograr que un día nos sentemos juntos, superadas ya todas las exclusiones
y marginaciones, en la mesa de su Reino (lee Is 25,6-8). Una mesa que Jesús ya
prefiguró simbólicamente al reunirse a comer con los pecadores.
12.-
«VER - ESCUCHAR - ACTUAR»
Como indica su propio nombre,
este método es una variante del ya tradicional «Ver/juzgar/actuar» o «Revisión
de vida», creado por el sacerdote belga Joseph Cardijn, en los años posteriores
a la Segunda Guerra Mundial, para formar militantes cristianos dentro de un
movimiento que, con el tiempo, se convertiría en JOC (Jóvenes Obreros
Católicos).
Este método fue adoptado y
perfeccionado dentro de la Acción Católica, y desde ahí se extendió por todo el
mundo, más o menos modificado y bajo otros nombres (»Programa Amos», «Palabra
de Dios para nuestras experiencias», etc.).
A diferencia de otros métodos de
lectura bíblica en grupo, este parte, no de la Palabra de Dios, sino de las
experiencias personales de los integrantes del grupo. Pretende, por tanto,
descubrir cuál es la voluntad de Dios sobre una situación concreta, desde el
análisis creyente de un acontecimiento real, ocurrido a alguno de los
participantes o a alguien cercano (ver); el cual se ilumina con la luz
de la Palabra (escuchar); para desembocar en una acción, acordada por
todo el grupo (actuar).
ITINERARIO
Este itinerario se basa
en compartir y analizar experiencias personales (a veces íntimas), por lo que
es recomendable que se practique en un grupo ya consolidado en el conocimiento
y la confianza mutuos. Igual que en otros métodos, es imprescindible la
dirección de alguno de los miembros del grupo, rotativamente siempre, evitando
que uno monopolice este servicio, consistente en animar, inspirar, ayudar,
desde un respeto enorme a la libre iniciativa de cada miembro del grupo.
Después de cada reunión pueden
hacerse todo tipo de aclaraciones y comentarios sobre los distintos pasos del
método. De esta manera aprenden todos los participantes cómo se desempeña el
servicio de animar y se van iniciando en él.
Primer paso: Invitación
Para ambientar se pueden tener
unos pocos minutos de silencio, o cantar un canto apropiado que sepan todos.
A continuación, el miembro del
grupo que anima en esa reunión, invita a que uno cualquiera del grupo exprese,
mediante una oración espontánea, la fe de todos en la presencia del Señor
Resucitado en medio del grupo.
El profundo significado de este
primer paso es el de crear un espacio espiritual, en el que el grupo se
congrega en torno al Señor. Los miembros del grupo se sienten verdaderamente
iglesia, reuniéndose como discípulos de Jesús, al que pertenecen y del que
quieren estar cerca.
Este primer paso ayuda también a
comprender que el texto bíblico no debe ser tomado como un tema de debate, o
como un «manual de instrucciones», del que hay que sacar consecuencias útiles
para nuestra vida. Esta ambientación y oración iniciales deben situarnos aquí y
ahora ante la Palabra Viva, para escucharla e irnos empapando de su estilo.
Segundo paso: Ver
El animador/a invita -nunca
impone- a los miembros del grupo a exponer hechos muy concretos (alegres o
dolorosos) de la vida familiar, vecinal, pública, de trabajo, etc, que hayan
afectado al que los cuenta de manera significativa.
Tras la aportación de varios
hechos, brevemente relatados, se decide entre todos los miembros del grupo cuál
de ellos se escoge para ser el tema central de esa reunión.
Una vez escogida la persona que
anima va ayudando al grupo, a través de preguntas, a examinar el hecho, con
minuciosidad y profundidad, de modo que todos alcancen la máxima comprensión
del acontecimiento.
Es muy importante que a la hora
de exponer experiencias nadie se sienta presionado y como obligado a tener que
decir algo. Si no quiere, no puede, o no sabe qué decir en una reunión, tiene
que tener la tranquilidad de que nadie se lo reprochará.
Puede ocurrir, al contar una
experiencia que ha afectado profundamente a quien la cuenta, o a uno de los que
escuchan (porque le evoca acontecimientos muy intensamente vividos en otro
momento), que los sentimientos afloren de tal forma que quien habla comience a
tartamudear, o rompa a llorar. En tal caso, el animador/a y todos los miembros
del grupo, deben poner enjuego todo su tacto y delicadeza para que el incidente
no sea vivido, ni por el protagonista, ni por ningún otro, de modo que se
sienta avergonzado o ridículo. Debe haber en todo momento un clima de total
confianza, en el que todos y cada uno saben que serán aceptados, comprendidos y
ayudados.
En este clima de escucha mutua
lo que a primera vista parece un problema exclusivo o estrictamente privado
puede abrir los ojos a todo el grupo descubriendo un problema político o
social, que estaba más o menos camuflado y ante el que tenemos que dar una
respuesta como cristianos.
Tercer paso: Escuchar
El animador/a propone unos minutos
de silencio (dice cuántos exactamente, p. ej.: 15 minutos) para escuchar a
Dios, intentando mirar el problema con «los ojos de Dios», tratando de
descubrir cómo Dios lo juzgaría.
Esta «visión de Dios» está en la
Sagrada Escritura, por lo que habremos de buscar en ella la respuesta. Esto
implica un conocimiento básico de la Biblia, que irá aumentando a medida que
vamos practicando el método.
Tras esos minutos, quien anima
la reunión propone al grupo intercambiar las reflexiones que han tenido durante
el silencio. Estas reflexiones se concretan en un versículo, frase o pasaje de
la Sagrada Escritura, que cada uno ha buscado en su Biblia, y en el cual cree
sinceramente que se refleja lo que Dios piensa sobre ese problema.
En este paso es importantísimo no
precipitarse escogiendo como respuesta al problema una palabra o una frase, que
parece ser justo la respuesta idónea. Una palabra o una frase, aisladas de su
contexto literario y espiritual, pueden llegar a decir exactamente lo contrario
de lo que Dios quiere decirnos. Hay que poner especial cuidado de situar todo
el problema bajo el espíritu del mensaje bíblico, tomado en conjunto. Por
ejemplo, si se ha planteado, como hecho de vida en la reunión, que un
drogadicto, amigo de un miembro del grupo, le ha pedido ayuda para
desintoxicarse, no podemos aferramos, sacándola de su contexto, a la frase de
Jesús en Mc 7,27: «...no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los
perrillos.»
El grupo no tiene por qué
responder cuestiones teológicas (en el sentido académico o científico del
término), sino tener un fino y sano sentido de cómo Dios desea que nos
enfrentemos a un determinado problema. Lo que Dios quiere no está
necesariamente sujeto al criterio de la mayoría (p. ej.: una gran parte del
pueblo rechazó a Jesús como Mesías); por eso han de buscar entre todos, honrada
y sinceramente, desde una grandísima apertura, la voz de Dios, que habla en los
acontecimientos, y a través de los hermanos y hermanas, contradiciendo muchas
veces opiniones generalizadas.
Puede ocurrir que, en alguna
ocasión, haya distintas opiniones sobre cuál es la Voluntad de Dios en una
situación concreta. Es el momento para profundizar en la oración y seguir
buscando.
Cuarto paso: Actuar
El grupo está ahora en
condiciones de deliberar y decidir qué puede y debe hacer por el sujeto del
problema planteado (individuo o grupo), que se encuentra en dificultades y al
que tenemos que responder con nuestra acción cristiana, en sintonía con lo que
creemos que Dios quiere.
El animador/a propone al grupo,
mediante preguntas concretas (qué, quién y cuándo), una actuación que responda
al problema planteado y analizado, según la Voluntad de Dios descubierta entre
todos con la reflexión y la oración.
Quinto paso: Orar
Para finalizar quien anima el
grupo invita a que todos los miembros que lo deseen a hacer una oración
espontánea. Esta oración no es simplemente una oración conclusiva, sino que
debe ser un poner ante Dios todo lo que se ha descubierto en la reunión. Por
ello debe darse a todos los miembros la oportunidad de hacer esta oración,
intercalando entre la oración de cada uno un breve canto meditativo, que
distienda el clima y pueda ayudar a determinadas personas a vencer su timidez.
Es muy importante que cada uno
se sienta unido a los que expresan su oración para ir construyendo así la
comunidad.
ESQUEMA
DEL ITINERARIO
1. Invitación
Silencio o canto espiritual para
ambientar.
Alguien improvisa una oración
sencilla en nombre de todos.
2. Ver
Todos, o algunos, exponen un
hecho, una vivencia (propia o de alguien cercano) que les ha impresionado (bien
o mal).
Entre todos eligen uno de los
casos para tomarlo como referencia de la reunión.
Se analiza lo más profundamente
posible.
3. Escuchar
El animador/a propone unos
minutos (dice cuántos exactamente) para hacer un silencio de escucho..
Se trata de escuchar/juzgar la
realidad con los «ojos»/juicio de Dios. Cada uno va aportando las frases o
pasajes que le parecen iluminadores del hecho analizado.
4. Actuar
Tras escuchar a Dios, hay
que hacer lo que Dios nos ha sugerido. El animador ayuda a concretarlo
mediante las preguntas ¿qué?, ¿cómo? y ¿cuándo?
5. Orar
A ser posible todos dan gracias
a Dios mediante una oración espontánea.
VALORACIÓN Y SUGERENCIAS
Este método es más bien un
método de formación cristiana que de lectura de la Biblia, propiamente dicha.
No obstante, si se hace bien, puede ser un magnífico itinerario de lectura
bíblica, que potencia equilibradamente las cuatro claves. A simple vista puede
parecer que potencia más la confrontación con la vida, pero, si se practica con
rigor, no hay una dimensión que quede más potenciada que otra.
Exige a los destinatarios,
además de un elevado nivel de confianza mutua, un buen conocimiento de la
Biblia, que se va ampliando a medida que se ejercitan en el método, ya que la
necesidad de dar respuestas obliga a estudiar y profundizar la Palabra de Dios.
Al partir de la vida, de lo
concreto y real es muy difícil teorizar. Además educa en la observación, no
solo para aportar hechos a la reunión, sino para analizarlos pormenorizadamente
después.
Asumir en cada reunión acciones
concretas, que luego deben ser revisadas en grupo, evita una actitud
desencarnada y espiritualista.
Podría tener ciertos riesgos
(instrumentalización del texto, activismo, etc.), pero son riesgos que dependen
más que del propio método, de cómo las personas concretas lo apliquen.
El animador /a, como cada
miembro del grupo, requiere con este método mucha más preparación humana y
bíblica que con otros métodos.
Una alternativa muy apropiada al
principio para adquirir experiencia con el ver, es la de preparar previamente
el caso; es decir, haberlo escogido varios días antes de la reunión, con lo que
se facilita la recogida de datos.
Otra posibilidad consiste en
hacer cada semana un paso: la primera semana, Ver, la segunda, Escuchar,
la tercera, Actuar-Orar, y la cuarta, Revisar-Preparar. Con esta
manera de realizar el método se cubre un mes con cada tema y se puede ganar
profundidad. Esta forma podría ser conveniente en ambientes urbanos, donde se
dispone de menos tiempo y es más difícil hacer una reunión de un par de horas
como mínimo, que es lo que llevaría hacer todos los pasos en una sola reunión.
Una ayuda eficaz para ir
adquiriendo soltura en el conocimiento de la Biblia, y facilitar la
localización de textos apropiados al caso en debate, podría ser la utilización
de algún vocabulario bíblico (puede ser muy útil el de Xavier Léon-Dufour, Vocabulario
de teología bíblica (Barcelona 1990).
FICHA
DE LECTURA
1. Invitación
Se comienza con unos minutos de
silencio.
El animador/a invita a que
alguien del grupo haga una oración espontánea en nombre de todos. P. ej.:
«Señor Jesús, que nos dijiste que 'donde dos o más estén reunidos en tu nombre,
ahí estarás Tú con ellos, míranos ahora, dispuestos a escuchar la Palabra.
Envíanos el Espíritu para que, identificados contigo, obremos como Tú y demos
gloria al Padre».
2. Ver
Invitados por el animador/a se
expone por parte de cada uno un hecho real lo más concreto posible. Se elige
entre todos el caso de una anciana, soltera y casi ciega, que vive sola en el
barrio y únicamente tiene un pariente lejano, que vive en otra ciudad.
3. Escuchar
El animador/a marca un tiempo de
silencio (15 minutos) para escuchar en profundidad lo que Dios nos dice sobre
el caso propuesto.
Tras el silencio, se va diciendo
la frase o pasaje que cada uno ha encontrado como respuesta de Dios al
problema. Se proponen: el relato de la curación de la suegra de Pedro (Me
1,29-31); el paralítico de la piscina (Jn 5,1-9); la samaritana (Jn 4,1-26); el
caso de Tobías, etc.
4. Actuar
Después del intercambio de
pasajes, el grupo está en condiciones de dar respuesta activa, desde la luz que
le ha dado la Palabra.
El animador/a propone al grupo
asumir una acción en consonancia con lo que Dios les ha dicho. Se concreta al
máximo: determinan, por ejemplo, que cada miembro del grupo, rotativamente, se
encargará por semanas de atender a las necesidades de la anciana y acompañarla
unas dos horas diarias, mientras ella no diga lo contrarío.
5. Orar
Para terminar la reunión el
animador/a invita a todos y a cada uno a hacer espontáneamente una oración de
acción de gracias y alabanza para expresar todo lo descubierto en la reunión.
6. Revisión y programación
Antes de separarse se revisa
brevemente el anterior compromiso y se concreta todo lo relativo a la próxima
reunión.
[1] La Casa de la Biblia, La Biblia en grupo,
Doce itinerarios para una lectura creyente, EVD, Navarra 1997.
No hay comentarios:
Publicar un comentario